El espíritu de Rulfo "visita" el Festival Cervantino

"Anacleto Morones", primera ópera del compositor mexicano Víctor Rasgado y basada en "El llano en llamas", se escenificó anoche
FOTO: Ariel Ojeda/EL UNIVERSAL.
13/10/2017
14:33
Alida Piñón
Guanajuato
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El estreno en México  de la ópera Anacleto Morones de Víctor Rasgado, basado en el cuento homónimo de Juan Rulfo publicado en El llano en llamas (1953), fue un acontecimiento para la ópera nacional no sólo porque tuvo que esperar 23 años para cobrar vida en el país tras su estreno en Italia en 1995, sino porque podría no volver a escena en mucho tiempo y es que nada, ni nadie, ha podido garantizar que no regrese a los sótanos en donde se encuentran muchos títulos de compositores nacionales esperando ver la luz.

Anacleto Morones es la primera ópera que escribió el compositor Víctor Rasgado en 1994 y revela a un músico que no sólo ha construido un universo sonoro que huele y sabe y se siente rulfiano; también ha logrado que la voz humana sea capaz de crear una armonía entre el texto, el idioma español y la música. 

Y es que cantar, por ejemplo, el gran final del cuento: "Eres una calamidad, Lucas Lucatero. No eres nada cariñoso. ¿Sabes quién sí era amoroso con una? —¿Quién? —El Niño Anacleto. El sí que sabía hacer el amor", parece implicar una gran complejidad pero las "milagrosas manos" de Rasgado lo han resuelto con perfección.

El trabajo escénico de Luis Martín Solís es notable en todos los sentidos. El director consigue que el elenco cuente con gozo y desenvolvimiento la historia de un grupo de mujeres que están convencidas de que el fallecido santero Anacleto Morones es un verdadero santo porque les quitaba todos sus males a través de sus "milagrosas manos" y buscan su canonización.

El elenco es protagonizado por los jóvenes cantantes del Estudio Ópera de Bellas Artes. Las cantantes Isabel Stüber (Pancha Fregoso), Liliana Aguilasocho (Nieves García), Penélope Luna (la huérfana), Mariel Reyes (Melquiades), Frida Portillo (Micaela) y Vanessa Jara (Filomena) construyen sus personajes pese a presentarse como grupo y explotan, en diversos momentos, una sensualidad que se debate entre la ternura y la ironía.

El caso del tenor Óscar Satana como Lucas Lucatero es distinto. El cantante lucía incómodo durante el inicio del primer acto, el texto parecía quitarle la respiración. Después se sobrepuso y terminó por ser el tipo cínico y atormentado, divertido y aprovechado que requería su personaje. Mientras que el Anacleto Morones del bajo-barítono Rodrigo Urrutia aprovecha sus momentos para divertirse como el aprovechado santero muerto.

Un montaje redondo con el vestuario de Erika Torres y la escenografía e iluminación de Jesús Hernández, quienes también sortearon el difícil reto de tejer en la escena el universo rulfiano.

En días pasados tuvo su estreno en la Ciudad de México en versión concierto, debido a que no pudo presentarse escenificada tras el sismo del 19 de septiembre. Y la noche de este jueves tuvo su única función en el Teatro Principal de la ciudad de Guanajuato, en el marco de la 45 edición del Festival Internacional Cervantino y lamentablemente no lució a reventar.

Hoy, Víctor Rasgado es un compositor consolidado en el género y en la escena nacional y le ha dado al país las óperas El conejo y el coyote, El viaje de los cantores y La muerte de pies ligeros. La ópera mexicana sigue en deuda con el creador. 

sc

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