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Ruy Sánchez retrata el deseo del mal

Con Los sueños de la serpiente, el narrador, editor y ensayista arranca una nueva serie de novelas del deseo
El escritor Alberto Ruy Sánchez relata una historia sobre la maldad y el engaño. (IRVIN OLIVARES. EL UNIVERSAL)
17/10/2017
00:22
Yanet Aguilar Sosa
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Lejos del deseo de Mogador, ese universo cargado del erotismo y la sensualidad más plena, Alberto Ruy Sánchez se adentra en otro universo que es habitado por otro deseo, el del engaño y la mentira, el de la maldad. Esa cartografía tiene ya su primer punto de arribo: Los sueños de la serpiente (Alfaguara), un retrato del mal.

El narrador, poeta, ensayista y editor ha delineado una historia sobre la Historia. Condensa un siglo a partir de recuperar la memoria de un hombre centenario que está encerrado en un psiquiátrico donde escribe y dibuja sobre los muros de su celda todos los recuerdos que va recuperando.

“Quise contar una historia que la evolución del siglo desde la Revolución Rusa de 1917, pero no contado como una épica sino desde el punto de vista de un personaje despedazado que está más allá de la desilusión. No quise tampoco que fuera un héroe ni un artista contra el poder; es un mexicano inmigrante que se vuelve sindicalista e izquierdista, que va a la Unión Soviética y vive una situación excepcional”, dice Ruy Sánchez.

Esa aparente singularidad le permitió contar lo negativos de las utopías, las revoluciones y el bien común. “Un gran mito es que Lenin era bueno y Stalin era malo, Lenin era más duro y represivo que Stalin, y Trotsky era más duro y radical que Stalin”, asegura el autor de Quinteto de Mogador y Decir es desear.

Alberto dice que muchas veces la historia del siglo XX es de la persecución de la utopía de un mundo mejor convertida en asesinatos masivos. “Así como en Los nombres del aire está la historia contada desde un deseo vivo, esta es una novela sobre el desconcierto. Primero contada desde el desconcierto del que escucha, de fragmentos, y después del desconcierto del que cuenta; y cómo gracias a las digres iones de la memoria, logra construir parte de lo que fue su vida y marcó al siglo. Más que ser una historia del siglo, ésta es la historia de una persona que vivió el siglo en algunos de sus momentos más álgidos”.

Esta novela ambiciosa tiene momentos álgidos, artistas de la época, episodios puntuales ocurridos entre 1917 a 2017. Una historia donde cada hecho o personaje está perfectamente documentado. “Incluso en los momentos que parece que imagino más, hago una literatura documental; todo lo que afirmo está documentado. Lo que hago es un collage, mi libro es un collage 100%, de momentos que están contados de tal manera que hay una coherencia, pero es la coherencia que se obtiene a partir del desconcierto, justo, como en los collages.

El editor de Artes de México, que el próximo 28 de noviembre recibirá el Homenaje al Bibliófilo, premio que entrega la FIL Guadalajara, asegura que Los sueños de la serpiente es una aventura por las grandes ilusiones y desilusiones del siglo desde los jirones de memoria de un hombre.

“Sí, este es un libro sobre cómo las cosas que parecen positivas se convierten en lo contrario, con la memoria también pasa eso, no siempre recordar es algo positivo, también puede ser una manipulación de una historia; o sea, las paradojas de la memoria se exppnen aquí”, dice Alberto.

“El tema ruso le empezó a interesar a partir de Eisenstein en el que halló su relación con el poder soviético. “Mi héroe, Eisenstein, en realidad era un propagandista del Stalinismo y era un gran mentiroso. Una de las cosas que uno aprende es que la Revolución de Octubre no fue como él la presenta, una revolución de grandes masas apoderándose del Palacio de Invierno, sino que un golpe de estado de poca gente, no tuvo toda esa dimensión épica”, apunta Ruy Sánchez.

Los sueños de la serpiente será el núcleo de una serie de libros sobre el deseo de la maldad. “Aquí vemos el compromiso del escritor convertido en cómplice y al mismo tiempo se vuelve víctima. Lo que quise fue contar la historia desde el descontento que produce toda esta situación engañosa, supe que había que contarla desde el desconcierto”, concluye.

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