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“Estaba tan enfermo que finalmente es una liberación”, dijo Elena Poniatowska acerca de Sergio Pitol, su amigo fallecido la mañana del jueves y de quien celebró su gran sentido del humor y el regalo de la amistad compartida.

“Fueron muchísimos años de amistad a través del tiempo. Yo lo vi a él en Polonia, pero compartimos la amistad a través del tiempo. Él fue un gran viajero, se fue de México durante muchos años”, recordó la escritora, ganadora del Premio Cervantes en 2013, galardón con el cual fue reconocido Sergio Pitol en 2005.

Ella no lo vio en los últimos años oscuros; la última vez que lo visitó fue hace tres o cuatro años, cuando todavía estaba bien. Y recuerda momentos luminosos, como cuando se preparaba para recibir el Cervantes. “Gracias a Dios o gracias a la Providencia o gracias a México o a lo que tú quieras, cuando él se sacó el Cervantes todavía estaba muy bien, y le dio una gran alegría. Se preparó casi como un muchacho, como si fuera a casarse; se fue y se compró dos trajes de calle y un traje de vestir para recibir el premio. Estaba jubiloso”.

De sus libros recomienda El mago de Viena, novela de la que Pitol estaba muy orgulloso: “Él me dijo: ‘Yo me saqué el Cervantes por el libro El mago de Viena. Nunca escribía diálogos, jamás, no le gustaba, todo lo hacía de corrido, tas, tas, tas; decía que no tenía facilidad para escribir y que sufría”.

Elena contó que Pitol adoraba a Carlos Monsiváis y a Luis Prieto. “Eran tres que siempre estaban juntos y hacían maldades en las fiestas... Eran muy cómplices”.

Relató lo que significó el Cervantes para Xalapa y para Veracruz. “Desde el gobernador para abajo, todos salían, lo abrazaban, lo besaban, le daban la mano. Al final, salía un camino y me decía: ‘Te voy a llevar por unas callecitas escondidas para no encontrar a la gente’, porque ya era demasiado, ya era un rockstar de Xalapa”.

A Poniatowska, amiga de Pitol, Monsiváis y José Emilio Pacheco, le sorprende ver que sus amigos se han ido: “A Pitol le llevo un año, a los demás les llevaba como tres o cuatro y que yo esté viva y ellos estén muertos me asombra, me deja muy turulata. Me deja diciendo: ‘¿Y ahora, qué paso?’ Digo: ‘A lo mejor ya me va a tocar, me tengo que apurar, me tengo que apurar’”.

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