Nélida Piñón conversa en el Hay Festival

"Le debo todo a la literatura", señaló la autora brasileña
FOTO: Archivo.
09/09/2017
18:24
Yanet Aguilar Sosa
Querétaro
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La violencia y la migración, pero sobre todo la fantasía, los sueños, la realidad y la memoria son temas en la obra de la escritora Nélida Piñón.

Sus novelas, cuentos y ensayos son sobre todo un mirar a estos temas y al pasado, porque si algo reconoce esta narradora brasileña, que participa en el Hay Festival Querétaro, es que le interesa explorar siempre la comprensión de la naturaleza social. Dice que quizás porque ha estudiado mucho las tragedias griegas.

“Yo fui aprendiendo que hay violencias inaceptables, que la historia humana tiene aspectos despreciables, terribles, vergonzosos y que siempre estamos tratando de mejorar pero siempre caemos en el abismo de la perversión. Esa violencia me parece natural”, señaló la autora de Tebas de mi corazón y La fuerza del destino.

En un encuentro con la prensa, Nélida Piñón habló del poder de la imaginación en su literatura, de su pasión por los libros, que la habita desde que era niña, de su entrega a la vida familiar y su amor por los animales, de sus múltiples historias, de su amistad con grandes escritores como Carlos Fuentes, José Saramago, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis y con otros tantos con los que la une la literatura y juntos conforman una especie, una cofradía que tienen como misión dejar un legado literario a su país.  

La escritora nacida en Río de Janeiro en 1937, contó una anécdota para dar cuenta de su mirada sobre la violencia. Ella tenía 9 años y viajaba con sus padres de vacaciones, en la carretera pararon a comer y allí vieron a un padre muy modesto acompañado con su hijo muy pero muy flaquito. El hombre gritaba mucho a su hijo.

“Mis padres que eran muy sensibles lo miraban mal, pero yo no. ¿Cómo explicar que a mí me pareció natural que el padre fuera grosero con el niño?, era como un milagro, como si se abrieran caminos delante de mi vista y yo pudiera entender que él amaba profundamente a su hijo, y que esa grosería significaba que él tenía miedo de que se muriera. Puede que no fuera nada de eso pero para mí fue así”, señaló la narradora.

Dijo también que ella es muy cerrada en compartir su intimidad, pero en cuanto a la actividad mental, de memoria no tiene ningún reparo en contar todo.

Nélida Piñón reiteró lo que ha dicho siempre: “La literatura no me debe nada, yo le debo todo a ella”. Esa es una verdad en la vida y la obra de esta mujer brasileña que se siente agradecida con la vida, con la literatura y con los libros. Con la literatura ha logrado cumplir el sueño que tenía de niña: de nunca dormir dos noches bajo el mismo techo.

sc

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