La noche en que engendraron a Frankenstein y al “padre” de Drácula

El 16 de junio de 1816 se reunieron en Villa Diodati un grupo de escritores románticos que revolucionaron la literatura de horror
La imagen del vampiro y de Frankenstein fueron ideadas el 16 de junio de 1816
Imagen de la obra "Vampiro" (1894), de Eduard Munch, considerado como cuadro más misógino del artista (izq). Fotograma de la película "Frankenstein". Foto: EFE, archivo- AP Photo/Universal Studios Home Entertainment, archivo
16/06/2018
00:10
Néstor Ramírez Vega
Ciudad de México
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Los ecos de la noche del 16 de junio de 1816 se escuchan por una invocación de espíritus en una mansión ubicada cerca del Lago de Ginebra, en Suiza.

Esa vez, entre historias de horror y pesadillas, fueron sembradas las semillas de la seducción de un ser que no está vivo ni muerto, además de la creación de un ser mortal con el que el hombre quería asemejarse a Dios.

El lugar era Villa Diodati. Ahí, hace 202, años, Lord Byron, Percy Shelley, Mary Shelley y John William Polidori se reunieron en una tertulia que terminó con un reto: crear un relato de horror, siguiendo la línea romántica trazada por Samuel Coleridge.

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Thomas Phillips retrató a Lord Byron, el escritor que fue anfitrión de la noche en Villa Diodati. Foto: wga.hu

Esta mansión se trataba de un espacio donde 178 años atrás de este suceso se hospedó John Milton, autor de El paraíso perdido, a su regreso de un viaje para conocer a Galileo y donde pudo nacer su “Lucifer”.

De acuerdo con la antología Vampiros (Atalanta, 2010) Charles Baudelaire indicó que la belleza del hombre del siglo XIX se encuentra en el Satán de Milton pues aporta un arquetipo de un nuevo tipo de belleza viril, lo cual posteriormente Lord Byron encarnará en vida.

Era la noche eterna del “año sin verano”, como se denominó a 1816 por un problema climático a causa de una erupción volcánica del Monte Tambora en 1815, lo cual sumió al continente europeo en la oscuridad.

De acuerdo con el libro El nacimiento del monstruo, editado por la Dirección de Literatura de la Universidad Nacional Autónoma de México, el encuentro fue uno de los definitorios para la novela gótica o de terror gracias a El Vampiro, de Polidori, y a Frankenstein o el moderno Prometeo, de Shelley.

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Mary Shelley, autora de "Frankenstein o el moderno Prometeo", fue una de las asistentes a la noche en Villa Diodati. Foto: Especial

En mayo de 1816, George Gordon, barón de Lord Byron, rentó el caserón llamado Villa Diodati, el cual perteneció al teólogo Giovanni Diodati.

En la región se encontraban Percy Shellley, su amada Mary y su hermanastra, Claire Clairmont. Entonces el autor de La peregrinación de Childe Harold se convirtió en el anfitrión de los demás. De acuerdo con la escritora Roslyn Ison, autora de El paisaje del ciego, ahí permanecieron durante tres días.

Una noche, a la luz de las velas, leyeron el libro Fantasmagoriana, una recopilación de historias sobre apariciones y espectros. Al término, el poeta propuso a los asistentes componer su propia historia que “helara la sangre”.

"A mi parecer, el principal ingrediente que propició la creación de estas dos importantes obras fue el entorno tétrico de ráfagas y truenos que envolvió a los presentes en una
especie de trance", indicó la autora.

Un moderno Prometeo en el mundo. El doctor Hernán Lara Zavala, indicó en entrevista con EL UNIVERSAL que esa noche no se consumó nada, pero que quien continuó con su  idea fue Mary Shelley, quien escribió Frankenstein o el moderno Prometeo, aunque la obra se desarrolló posteriormente.

En la edición de Frankenstein de axial (2016) se recoge un prefacio que Mary escribió a la edición de 1831 de su obra. “Me dediqué a pensar mi historia, un relato que compitiera con aquellas que nos habían impulsado a emprender esta tarea”, indicó.

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Imagen de una escena de la película "Frankenstein". Foto: AP Photo/Universal Studios Home Entertainment

Luego sostiene que Byron y Percy sostuvieron varias conversaciones en las que ella estuvo presente. En un diálogo hablaron de doctrinas como la naturaleza del principio de la vida y si existía la probabilidad de que pudiera descubrirse.

Incluso abordaron la posibilidad de reanimar un cadáver o fabricar las partes que componen una criatura y darles la vida. Esto provocaría imágenes en Mary Shelley que excedían “los límites de la ensoñación”.

Lara Zavala, licenciado en Letras Inglesas y maestro en “Estudios sobre la novela” de la Universidad de East Anglia, en Inglaterra, destacó que Frankenstein es una víctima que se transforma en villano pues se le presenta como el hombre malo, creado a partir de desechos y que quiere acabar con la humanidad. Sin embargo es un ser expulsado del paraíso que al principio no es malo pues busca su vindicación en el mundo pues él no había elegido ser un monstruo.

Roslyn Ison ahonda que esta obra aborda temas atemporales como el temor a la muerte, la soledad y el rechazo de los padres a sus hijos por no ser lo que esperaban,
así como las secuelas en esos niños a quienes no se les demostró el mínimo amor ni respeto, además del sentido de venganza.

Ison agrega que Frankenstein inauguró el género de la ciencia ficción, además de mostrar una ventana hacia Mary Shelley, quien poseía una visión del mundo inusual para una mujer en aquella época.

El vampiro, el nuevo conde de la literatura gótica. De acuerdo con el texto de Mary Shelley escrito 15 años después de los sucesos de Villa Diodati, Polidori había concebido una historia de una mujer con cabeza de calavera, pero que no supo después qué hacer con su personaje y le envío a la tumba.

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Un hombre mira el cuadro 'Vampiro' (1917) de Edvard Munch. Foto: EFE/Norbert Foersterling, archivo

Sin embargo el médico y joven escritor John William Polidori traía un plan entre manos pues fue en Villa Diodati donde empezó a incubarse un relato importante de vampiros.

Tras escuchar la idea de Lord Byron sobre un Lord de una perversidad ejemplar, Polidori comenzó a bosquejar su versión que cuatro años después se publicó con el título de El Vampiro, falsamente atribuido a Byron.

De acuerdo con la antología Vampiros la obra del médico anglo-italiano, con su malvado y encantador y frío Lord Ruthven, sirvió como prototipo del vampiro en la literatura inglesa. “Desde Varney a Drácula o a cualquier vampiro clásico del cine, este modelo (mejor o peor concebido) siempre pertenecerá a este linaje literario”, escribe Jacobo Siruela en el prólogo de la antología.

Polidori desarrolló el fragmento ideado por Byron en la casa cercana al lago Lemán y añadió elementos de la novela de Caroline Lamb, ex amante del poeta romántico, donde se le retrataba vengativamente como Ruthven Glenarvon, un hombre cruel con sus mujeres.

De acuerdo con Ison, "la literatura dedicada al tema de los vampiros se ha visto fuertemente influenciada por el personaje de El Vampiro de Polidori", siendo además una figura donde plasmó "el comportamiento de la aristrocracia de la época, sobre todo al desprecio hacia quienes jerárquicamente poseían un status inferior". 

Además, poco más tarde, también se publica la obra Ernestus Berchtold o el moderno Edipo, obra basada en la idea original que el médico tuvo en Villa Diodati.

Sobre los vampiros Lara Zavala destaca que estos seres no solo son su figura de nobleza y sus colmillos, sino portan una metáfora de cómo ciertas personas logran nutrirse de otras.

Contrario a lo que sucede con Frankenstein, los vampiros son seres con una naturaleza malévola. Son seres muy atractivos y en su primera esencia literal se trata de un hombre que le extrae a una mujer la sangre, símbolo que se asocia con la vida.

De acuerdo con Roslyn Ison, El Vampiro es la obra que tuvo más influencia en la literatura posterior de este género. De esa forma, autores como M.R. James, Bram Stoker y Robert Aickman muchos años después beberán de la sangre de esta obra. 

Pesadillas para el siglo XXI. Junto a Dr. Jekyll & Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson, estos personajes forman partes claves de la literatura romántica inglesa.

Lara Zavala sostiene que las obras e irán reproduciendo y sus criaturas se seguirán propagando tal como otras figuras del género del horro, pues basta pensar en las versiones que hay en el mundo en torno a estas criaturas, incluyendo en la industria cinematográfica.

Si bien las obras forman parte de la corriente del horror, sus criaturas nos llevan a entender la naturaleza humana y la multiplicidad de cosas de las que estamos hechos.

En la bondad, el martirio y la violencia de Frankenstein, así como en la seducción y necesidad de energía de otros como los vampiros, las piezas de los autores románticos llevan a la profunda comprensión de la mente del ser humano.

Roslyn Ison sostiene que un acontecimiento como ese sí podría volver a repetirse, aunque desconoce si lo producido a partir de aquella noche fue obra del azar o la motivación del encierro.

La autora y otras cinco escritoras fueron convocadas a reunirse y realizarr un encierro literario de dos semanas que desembocó en cinco novelas de terror. Comentó que "al hacerlo tuve que enfrentarme no solo a mis miedos, sino al temor de atraerlos y volverlos realidad".

El paisaje del ciego aborda la historia de un joven que vive atemorizado porque sus secretos salgan a la luz, aunque un día un amigo del pasado le advierte que revelará algo que vivieron y que han mantenido oculto por años. 

El temor se transforma en locura y llega al grado de poner en entredicho la cordura del protagonista, y entonces comienza la duda si el acontecimiento fue real o falso. 

El miedo en el siglo XXI sigue latente en los lectores, y las criaturas románticas no hacen más que desnudar la fragilidad del ser humano.

nrv

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