La ciudad que está en el mapa gracias al poeta Nicanor Parra

Los vecinos dicen que era reservado, que salía a caminar y que su presencia cambió para siempre la historia del pueblo
FOTO: EFE.
26/01/2018
11:54
GDA / El Mercurio Chile
Santiago
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Es una mañana nublada en Las Cruces. Cada vecino se asoma al portal de su puerta para ver pasar la carroza fúnebre de Nicanor Parra, quien vivió en el balneario por tres décadas y murió a la edad de 103 años. "¡Voy y vuelvo!", "¡Adiós poeta!", son algunos de los gritos entre la multitud, que lo despide con aplausos. Horas más tarde, al finalizar el entierro privado que tuvo lugar en su casa en la calle Lincoln, cientos de personas esperan en fila en las afueras de su hogar para poder entrar a despedirse en la tumba del antipoeta. A su paso, dejan flores, mensajes y todo tipo de regalos para homenajearlo.

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Al parecer, Parra era un tipo querido en la localidad, a la que llegó a habitar a inicios de la década de los 80. Así lo recuerda Ricardo Santis, uno de los dueños del mítico local de videojuegos Santisan. "Desde que llegó salía a dar su vuelta diaria. A veces andaba tan inspirado que a mitad de camino se devolvía a su casa para escribir", explica.

Santis cuenta que una vez llegó acelerado a su local pidiendo que le vendieran un lápiz. Aún no lo conocían y tuvo que explicar que era Nicanor Parra para que finalmente le pasaran el instrumento que ocupaban en el mesón de la tienda. "Después ya sabíamos que él era don Nicanor, un caballero muy tranquilo. A veces llegaba con su nieto Tololo cuando todavía era niño y mientras él jugaba, nos poníamos a conversar en la puerta. Yo siempre aprendí mucho de lo que él decía", cuenta. Santis mantiene en su local un dibujo de "La Palomera", como le llamaban a la primera casa en que vivió el antipoeta cuando recién llegó al balneario.
 

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"Está mucho en la memoria del pueblo la anécdota de cuando se quemó la Palomera", dice Nicolás Valenzuela del Restorán Bellavista, quien era un niño cuando el escritor llegó a vivir a Las Cruces. "Cuenta el mito urbano que se la quemó un cuidador que vivía con él. Un día tuvieron un desacuerdo y de celoso le quemó la casa. Nunca supe si era cierto o no, pero es lo que se cuenta en el pueblo", narra.

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            FOTO: Emol.

Tras el incidente, Parra logró comprarle la casa de veraneo a la familia Navarro Haeussler, en la que habitó hasta casi el último de sus días. Era la casa contigua a la Palomera y si bien resultó con algunos daños luego del incendio, él se encargó de repararla. Ahora sus restos descansan en esa histórica construcción.

El cambio que la llegada de Parra generó en Las Cruces

Algo en lo que los vecinos del antipoeta coinciden es que su paso significó una transformación en Las Cruces. "Lo empezaron a visitar poetas y escritores", dice Santis. "Las Cruces se volvió un pueblo de intelectuales", detalla Valenzuela. Marcos Marín, perteneciente a la familia dueña del Hotel Las Cruces, explica más a fondo el carácter intelectual del balneario.

"Donde Parra tiene la casa, es el sector patrimonial 'El Vaticano'. Allí desde los años 20 se instalaron eruditos del llamado 'grupo de los diez' que desarrollaron una tradición arquitectónica en la zona", dice. "Él se insertó en el barrio y enriqueció la historia, porque tras él llegaron otras personas del mundo cultural a instalarse en los alrededores", explica. En cuanto a la cotidianidad del antipoeta, todos recuerdan sus características caminatas. Las que primero realizó solo a pie, luego apoyado de un paraguas o un palo rústico "como la raíz de un árbol" y más tarde, con un bastón. En el último año ya no salía más a caminar.

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                     FOTO: Emol.
Otra de sus costumbres era almorzar en el restorán Puesta de Sol. Allí cuelga una de las pocas fotos que Parra se tomó por voluntad propia, pues según cuentan quienes lo conocieron, era muy reacio a ser retratado. En la imagen, aparece con un vaso de cerveza abrazado del dueño del local, Efraín Jeria. "Nos sentimos muy distinguidos cuando él celebró aquí su cumpleaños número 90", explica. "En la terraza tenía una mesa especial, la que tiene mejor vista al mar", dice Jeria. "Venía acompañado de su familia, gente de las letras o extranjeros", explica su esposa Rosa Gómez. "Le gustaban las empanadas de marisco, el caldillo de congrio y las cazuelas de ave", agrega.

Precisamente el restorán Puesta de Sol fue el escogido por la familia Parra para realizar un almuerzo después del entierro de Nicanor. Allí también estuvo presente la Presidenta Michelle Bachelet. "Hasta buscamos raíces familiares, porque ambas familias tienen origen en la localidad de Navidad, en la Sexta Región", explica Jeria.

El dueño de Puesta de Sol dice que conserva un ejemplar empastado de Obras públicas que el antipoeta le regaló. Aurora Jorquera, más conocida como "La Chichi", es dueña de un restorán que dirigió por casi veinte años en Las Cruces y guarda en una bolsita morada varios regalos que Parra le dio en vida. Uno de ellos es el CD "Flores como gatos" de Colombina Parra. "El detalle es que uno de los niños que sale en la foto de la portada es mi pololo", explica. "Para que veas que él era muy pillo y en todo tenía un juego", dice. "Otra vez me regaló Las décimas de la Negra Ester autografiado por Roberto Parra. Yo le dije 'no me vayan a acusar que me ando robando los manuscritos' y nos reímos juntos", narra.

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                     FOTO: Emol

La "Chichi" explica que se conocieron en Isla Negra cuando eran jóvenes y luego se reencontraron en Las Cruces, donde llegaron a hacerse íntimos amigos. "Yo lo molestaba y le decía que para la Navidad iba a regalarle un peineta, o le decía que se parecía a Einstein y ahí él se ponía a hablarme de Einstein y sus descubrimientos", cuenta. "En invierno nos sentábamos en las bancas a contemplar el mar y él me explicaba el movimiento de las olas", recuerda. 

"No quise ir hoy (ayer) al funeral porque me da pena", dice Jorquera. "Yo lo disfruté en vida, era de las pocas personas a las que dejaba entrar a su casa. Yo veía que día a día estaba más viejo y me daba pena que pasara solo", revela. "Yo entiendo que sus familiares llevaban un ritmo en Santiago que no es el de Las Cruces, donde podía sentarse a contemplar el atardecer", cuenta. Tras unos minutos en silencio, la "Chichi" concluye: "Su paso por aquí marcó un antes y un después. Cuando llegó, el pueblo se transformó y ahora Las Cruces está en el mapa porque es donde vivió Nicanor".

sc

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