Historias del crimen en el México de ayer

El investigador Agustín Sánchez reúne en Crímenes y horrores en el México del siglo XIX noticias de impacto y de escándalo
Noticias curiosas y sensacionalistas del México del siglo XIX se congregan en este libro, como El crimen de la Chiquita (CORTESÍA AGUSTÍN SÁNCHEZ)
04/11/2017
03:50
Yanet Aguilar Sosa
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Hay imágenes que son trágicas pero tienen un dejo de comicidad. Por ejemplo, hay un periódico que publica: “Se compran noticias de escándalo”. Hay un hombre que pregunta cuánto pagan por una noticia y hay otro hombre que le responde: “depende la noticia”. El primero se levanta el gabán, muestra sus tripas de fuera, sanguinolentas y revira: “¿cómo cuánto pagan por esto?”

Hay historias de asesinatos legendarios, de salteadores de caminos, de abusos de poder, de ultrajes, plagios, asesinos seriales, infanticidios, parricidios, mujeres que matan a sus maridos, esposos celosos que martirizan a sus mujeres. Hay en el libro Crímenes y horrores en el México del siglo XIX, de Agustín Sánchez González, una serie de espectáculos dantescos y manifestaciones populares ocurridas en el siglo que México comenzó a ser independiente

Toda clase de noticias curiosas y sensacionalistas que pintan de una pieza al México del siglo XIX, se congregan en este libro publicado por Ediciones B, en el que el historiador de la caricatura confirma que hay lazos comunes entre el cartón mexicano que ha estudiado y este retrato grotesco de una sociedad que quizá no ha cambiado tanto en más de dos siglos de vida independiente.

“Somos los mismos, somos los mexicanos, y el siglo XIX es la construcción de lo que somos; es decir, este libro no está tan lejano de la caricatura, es un libro que justamente está emparentado con José Guadalupe Posada, y en segundo lugar está ligado con lo tragicómico que somos los mexicanos”, señala el historiador.

En estas historias recabadas por Agustín Sánchez hay también relatos de prostitución y tráfico de drogas, violadores, funcionarios corruptos, magnicidios, cárceles infestadas de chinches, plagas que arrasan con la población, predomina lo trágico que es también cómico.

“'¿Cuál es el destino de este país?, parece ser que es esto, lo tragicómico. Los últimos libros que he hecho tienen que ver con el humor, pero la tragedia tiene que ver con el humor y el humor y la tragedia tienen que ver con lo que somos, la construcción de los mexicanos es esa. Este libro justamente es una lectura literaria donde iba leyendo e iba sacando esas historias negras”, dice Sánchez.

El también autor de 100 años de caricatura en El Universal, libro conmemorativo de El Gran Diario de México, asegura que México es el único país donde se le llama nota roja a este tipo de periodismo que da cuenta de hechos violentos con víctimas fatales, y dice que en un género que impulsó Vanegas Arroyo, el impresor de Jose Guadalupe Posada, que luego derivó en los gritones que voceaban los periódicos de nota roja en las calles, y que para el siglo XX explotó la revista Alarma!

“Del siglo XIX vienen cabezas tan sensacionalistas como ‘El horroroso crimen del horroroso hijo que mató a su horrorosa madre’. En México han sido famosos los cabeceadores de noticias, por eso digo que sí tiene que ver con la industrialización del periodismo, porque están las hojas volante de Posada, pero es hasta con El imparcial que toma el camino de la nota roja y ahí hay ilustradores como Carlos Alcalde que luego se convertiría en el primer jefe de dibujo de EL UNIVERSAL”, señala Sánchez González.

Mosaico del horror mexicano. En Crímenes y horrores en el México del siglo XIX, libro que tiene como antecedente un primer volumen titulado Terribilísimas historias de crímenes y horrores en la ciudad de México en el siglo XIX, hay relatos de delitos y sangre que van de 1817 a 1900. Historias como “Que nos roban, que nos matan”, “Mujeres matamaridos”, “Cadáver violador”, “Escándalo en el Teatro del Nuevo mundo”, “Mártires de Tacubaya”, “Los suicidas de Altamirano”, “Famoso poeta se suicida” y “El Chalequero, primer asesino serial”, entre otros.

Hay historias que fueron publicadas en Bitácora de un policía, Al margen de la historia, Guía de forasteros, México en el siglo XIX visto por los alemanes, Inquisición y crímenes, El diablo de Semana Santa, o en El Monitor republicado, El Renacimiento, o El libro rojo, de Manuel Payno y Vicente Riva Palacio; en La vida en México de Madame Calderón de la Barca.

Agustín Sánchez González cuenta que esta reunión de historias trágicas empezó como un juego de archivo, de lecturas literarias. “A mí el siglo XIX siempre me ha gustado, comencé a escribir hace más de 30 años una columna que se llamaba ‘Fantasmas del XIX’ donde rescataba los escritores con sus historias de ese siglo; coincidió además que hace muchos años la Sociedad General de Escritores de México hizo un acuerdo con la Procuraduría del entonces Distrito Federal y sacamos como 20 libritos de nota roja; ese fue el origen”.

Con los años, cada que Agustín leía una historia iba sacando pedacitos, iba armando las historias que surgían mientras en la hemeroteca realizaba otras investigaciones. “De repente me encontraba con nuevas historias. Iba haciendo como archivos y luego me di cuenta que tenía 500 o 600 historias, unas se vinieron acá, otras se fueron a otro libro que está agotado sobre crímenes de mujeres, otro se volvió el libro de La banda del automóvil gris y aún hay muchas más que podrían ser recuperadas”.

Sánchez González asegura que éstas son lecturas literarias. “A mí no me gusta ver la sangre en la historia, son relatos cotidianos de secuestros, de crímenes que fueron famosos, de suicidios y que no son tan sangrientos. Claro hay algunos que son terribles, pero creo que esos hay que saberlos y conocerlos. A mí no me gustan las lecturas desagradables donde escurre la sangre, quería buscar lo literario para mostrar el crimen, esa era más la propuesta de este libro”.

Agustín Sánchez reconoce que los mexicanos tenemos una avidez por saber de esas noticias, de regodearnos con la sangre. “Lo terrible es que hoy tenemos un crimen industrializado que es muy diferente a las historias de este libro. Hay historias muy fuertes de secuestros, violaciones, que es la cotidianidad del ser humano. Pienso que a veces creemos que los mexicanos somos los únicos, somos los malos, los feos; pero la humanidad es así, el ser humano es así, el hombre es el lobo del hombre”, concluye.

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