Fernando Pessoa, el autor que escribía de más de 100 formas diferentes

El escritor portugués más importante del siglo XX nació el 13 de junio de hace 130 años
Fernando Pessoa bebe en un vaso en una fotografía antigua
Retrato de Fernando Pessoa, 1914/1929. Fotógrafo desconocido. Colección Manuela Nogueira. Foto: Museo Reina Sofía
13/06/2018
05:00
Néstor Ramírez Vega
Ciudad de México
-A +A

Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Bernardo Soares, Ricardo Reis, António Mora, Barón de Teive; Fernando Pessoa. Todos y ninguno es Pessoa, el escritor que revolucionó la literatura portuguesa a través de sus heterónimos que hicieron leer a un autor a través de más de cien escritores, entre maestros y aprendices, que crearon una obra de experiencia vital y estética donde se hermana la poesía y la filosofía.

Fernando António Nogueira Pessoa es un escritor que en vida sólo publicó en portugués una obra poética llamada Mensagem (1934), pero que fue después de su muerte que se descubrió al autor en un archivo, resguardado en la Biblioteca Nacional de Portugal, con el resto de sus textos que han aparecido bajo otros nombres con una personalidad propia, los denominados heterónimos.

Sus textos nos adentran en el laberinto dramático-trágico de las condiciones de nuestra existencia, de la universalidad del ser humano.

El baúl que reveló los textos de Pessoa no solo compartieron con la humanidad las obras del maestro portugués de la primera mitad del siglo XX, sino también desnudaron aspectos de la vida del escritor, días que estuvieron marcados por la muerte de su padre cuando el poeta era niño y el miedo a adquirir la locura de su abuela.

El escritor vio la luz del mundo por primera vez el 13 de junio de 1888 en Lisboa, Portugal. Su primer hogar fue un departamento en la plaza de San Carlos donde vivían sus padres, Joaquim de Sebabra Pessoa y Maria Madalena Pinheiro Nogueira, dos sirvientas y su abuela, doña Dionisía Estrela, quien tenía perturbadas sus facultades mentales, de acuerdo con la biografía La vida plural de Fernando Pessoa (Seix Barral, 1988) escrita por Ángel Crespo.

En una carta recogida en el libro El caso clínico de Fernando Pessoa (Ediciones del Oriente y Mediterráneo, 1996) su media hermana Henriqueta Madalena Nogueira dos Santos Rosa explica que el autor tuvo toda su vida pavor a enloquecer como la abuela o a morir por tuberculosis como su padre.

En 1893 se le diagnosticó a Sebabra Pessoa una tisis que lo orilló a mudarse al campo por miedo de contagiar a su familia y en busca de mejorar al respirar aire más puro. Sin embargo falleció el 13 de julio en su casa de Lisboa luego que un día antes fuera llevado allí.

“La ausencia paterna determinó, en cierto modo, una presencia muy fuerte del componente femenino en su entorno, con presencia fuertes como las de su madre y la tía Anica”, dijo a EL UNIVERSAL Antonio Sáez Delgado, autor del libro Pessoa y España (Pre-Textos, 2015) y traductor de una edición de El libro del desasosiego.
 

Luego de la muerte de Joaquim, Maria Madalena volvió a casarse, ahora con el comandante Joao Miguel Rosa, quien fue nombrado cónsul en Durban, por lo que la familia se traslada a Sudáfrica.

De acuerdo con Sáez Delgado estos fueron años en los que dejó huella la educación inglesa que recibió, así como la importancia de la firmeza y disciplina que le fueron inculcadas así como las lecturas de William Shakespeare y John Milton a las que se aproxima.

Estos autores marcaron su vida, aunque esa anglofilia no es la única de sus predilecciones culturales o literarias, señala a EL UNIVERSAL el investigador español Pablo Javier Pérez López, autor del libro Poesía, ontología y tragedia en Fernando Pessoa (Editorial Manuscritos, 2012). Además destaca que sus primeros proto-heterónimos que escriben en inglés son imitadores de Edgar Allan Poe y los autores de Otelo y de El paraíso perdido.

Regreso a Lisboa. En 1905 Fernando Pessoa regresa a su tierra luego de sus años en Sudáfrica. Allí escribe sus primeros versos, aunque no en su lengua materna sino en la adoptiva: el inglés, lo cual le permite desarrollarse como traductor. Incluso del espolio pessoano se rescataron dos poemas en este idioma de 1901.

A su vez Pessoa contribuía con publicaciones en la revista Orpheu, órgano del movimiento modernista.

A través de Orpheu, publicación que contaba con el financiamiento del padre de su amigo Mario de Sá-Carneiro, quien también fue responsable de la edición, Pessoa tuvo acercamiento con otros escritores.

Además es donde se desarrolla una escuela de una propia individualidad en rompimiento con el concepto de escuela; es decir, la superación del regionalismo y del romanticismo con un nacionalismo cosmopolita, se sostiene en Poesía, ontología y tragedia en Fernando Pessoa.

Alrededor de 1910 fue cuando Pessoa empezó a aficionarse por la bebida, lo cual posteriormente lo llevaría a problemas de salud.

En 1918 Pessoa publicó su primer libro en inglés, Antinous, según la Enciclopedia Británica. Además tradujo al inglés la obra de José de Espronceda y conoció al poeta bohemio Iván de Nogales, en 1915, y al ultraísta Adriano del Valle, con quien tuvo una efímera amistad entre 1924 y 1925.

Según Sáez Delgado, el portugués buscó que Miguel de Unamuno fuera mediador de su obra, aunque el español no estaba interesado por el mundo de vanguardia, vertiente pessoana que se le presentó a través del envío de Orpheu.

 

Con el autor de Niebla, Pessoa compartía preocupaciones y convicciones profundas, dominadas por el sentimiento nacionalista, pero el español nunca escribió una línea sobre el portugués, lo cual fue un fantasma amargo que acompañó toda su vida a Pessoa.

Heterónimos, los no yo de Pessoa. El dolor en Fernando Pessoa es fundamental. De acuerdo con la biografía de Ángel Crespo el autor estaba interesado en el teatro simbolista y muestra fue la creación del drama em gente, “cuyos personajes son unos heterónimos a los que en alguna ocasión llamó <<mis fantasmas>>”.

Por 1915 y 1916 hay un interés del escritor por abordar notas filosóficas y en este tiempo redactó casi todo lo de sus heterónimos filósofos, António Mora y Rafael Baldaya.

Sáez Delgado sostiene a partir de sus heterónimos Pessoa es un caleidoscopio estético e ideológico. Los investigadores sostienen que hay documentados más de cien personalidades literarias y las últimas publicaciones hablan de 136 entre heterónimos, semi-heterónimos y otros. 

"Lo más importante es comprender el esquema, el mapa que trazan Reis, Caeiro, Campos, Pessoa y el Barón de Teive además de su heterónimo filósofo António Mora. Esos son a mi entender los elementos claves del universo frente a otras estelas menores", sostiene Pablo Javier Pérez López.

Pérez López señala que la heteronimia es un artificio literario que, según el autor, tienen como origen “ataques histérico-neurasténicos”, aunque también se podría interpretar como una metaficción de su propio personaje. “Su propia vida convertida en obra de teatro aunque no esté desprovista de angustia”.

En un video llamado Fernando Pessoa. La belleza de la geometría del abismo de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, la doctora Julia Alonso Diéguez  sostiene que los heterónimos son un expediente o método para poner en orden el caos en que deviene el sujeto.


“Un pensamiento que no da respuestas, deja preguntas, un pensamiento de la paradoja, el arquetipo del enigma”, indica.

Poesía filosófica pessoana. “Soy un poeta impulsado por la filosofía, no un filósofo con cualidades poéticas. Me fascinaba observar la belleza de las cosas y dibujar lo imperceptible, lo minúsculo, que define el alma poética del universo”, escribió Fernando Pessoa en sus Diarios.

El autor portugués sostenía que la poesía estaba en todo. Pensar en la obra pessoana nos orilla a pensar en sus ideas.

De acuerdo con Pablo Javier Pérez López, tanto Pessoa y Friedrich Nietzsche hacen de la condición trágica y del recelo ante el pensamiento más deshumanizador un impulso vital en el pensar poético.

Las referencias que el portugués tenía del alemán no eran favorables a excepción de un comentario acerca de la alegría que leyó en una versión castellana de Así habló Zaratustra que era poco fiable por la proximidad al autor.

De acuerdo con el libro de Saraiva, la poesía pessoana expresa sus pensamientos o sus creencias. Dentro del cúmulo de sus ideas destacaba la astrología, estudio del que incluso proyectó publicar un tratado.

El autor escribió en sus Diarios que su primer alimento literario fueron relatos de misterio y horribles aventuras. Además indica que su infancia fue tranquila, pero que desde que tiene conciencia percibió en él una tendencia a la mistificación y un gran amor por lo espiritual, lo misterioso y lo oscuro.

Los intereses por el misterio, lo oculto y la astrología llevaron al portugués a encontrar el amor a un absoluto que no proporciona miedo ni angustia sino seguridad y curiosidad; “el sentido oculto, el hilo perdido del que tirar hasta el final”.

De acuerdo con Pérez López, Pessoa quería construir un nuevo paganismo portugués donde la aceptación y la renuncia a la trascendencia se conjugaran con la excesividad sentimental portuguesa.

En sus Diarios el autor dice: “Así estoy, en el umbral de un paganismo que recomienza. Mis gestos son salvajes, como los de aquél que busca en la noche. Pero he encontrado en el aire vano una garra más fuerte que mis brazos caídos; he llegado a la presencia de los Dioses en el límite deslumbrante de un espacio hipotético”.

Un amor, Ofelia. Fernando Pessoa se consideraba a sí mismo como “un temperamento femenino con una inteligencia femenina” y agregaba que siempre le gustó ser amado pero nunca amar.

Sin embargo, durante el primer trimestre de 1920, el literato tuvo el propósito de organizar su vida. De acuerdo con la biografía de Ángel Crespo, entre esos cambios, Pessoa había proyectado casarse con una joven de buena posición social.  

Se trataba de Ofélia Queirós, una joven de 19 años que un día llegó a la empresa Félix, Valladas e Freitas a ofrecer sus servicios de mecanógrafa y traductora respondiendo a un anuncio en el periódico Diário de Notícias.

La mujer amada publicó, 43 años después de la muerte del poeta, las cartas de amor que él le había dirigido. Se amaron, tuvieron una relación que al parecer terminó luego que Ofélia pudo exigir demasiado al portugués.

Diario se veían en la oficina y aparentaban frente a sus compañeros. La joven decía que Pessoa era de una ternura inmensa y también celoso. Además, el escritor se resistía a presentarse ante la familia de su novia.

Las cartas dan muestra de su relación y revelan otros aspectos, como que Fernando y Ofélia estaban acompañados por una persona no desconocida por el autor: Álvaro de Campos, su heterónimo; y que en una ocasión el escritor pensó en internarse en un sanatorio psiquiátrico.

Estos mensajes muestran una transferencia de personalidad entre el autor y su creación, señala Ángel Crespo en La vida plural de Fernando Pessoa y añade que a Álvaro de Campos no le gustaba Ofélia Queirós.

La relación terminó en noviembre de 1920, aunque Fernando no olvidó a Ofélia e incluso siguió escribiendo versos en torno a su figura siete años después de la separación.

En 1929 se reencuentran luego que el escritor tiene como su alumno y amigo a Carlos Queirós, sobrino de la mujer amada. Reestablecen su relación, aunque el autor hace énfasis en sus problemas con el alcohol, del que no podía o quería prescindir.

Es en la reanudación de la relación cuando las cosas se complican, pues no solo la personalidad de Fernando Pessoa le escribe a su pareja, sino Álvaro de Campos, quien según Crespo pudo ser el motivo por el rompimiento amoroso de los novios.

Hoy el cuerpo de Fernando Pessoa descansa en el monasterio de los Jerónimos en Lisboa al lado de sus heterónimos, lo cual, en palabras de Sáez Delgado, es una dimensión simbólica a su paso por este mundo.

Los estudiosos coinciden en que aún quedan sorpresas por descubrir en el espolio pessoano. Pablo Javier Pérez López sostiene que muchas obras fueron editadas hace años y que los rompecabezas son constantes.

Sobre el estudio de su obra asegura que se sigue investigando a su alrededor, pero que “Pessoa es el gran olvidado en el estudio de Pessoa” luego que se debaten sus conceptos, teorías y manuscritos, pero el hombre desaparece.

“La verdadera sorpresa de Pessoa, de su obra, es que nunca acaba, o mejor, de que nunca acabaría aunque la hubiésemos transcrito al cien por cien”, sostiene el escritor español y agrega que el portugués decía de El Quijote que “una gran obra es una obra que contiene, que es al mismo tiempo, altamente artística, altamente humana, altamente simbólica” y en el caso de Pessoa, el poder simbólico de sus obras las hace inagotables.

nrv

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

COMENTARIOS