“Debemos promover la cultura latina en EU”

La documentalista Lourdes Portillo y la escritora Norma Elia Cantú comparten sus historias de vida en ese país, donde trabajan en contra del racismo
Lourdes Portillo, nacida en Chihuahua, es considerada una de las documentalistas más importantes de Estados Unidos (CORTESÍA LOURDES PORTILLO)
20/09/2017
00:20
Alida Piñón
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El día que Donald Trump fue elegido como el presidente número 45 de los Estados Unidos, la cineasta documentalista de origen mexicano Lourdes Portillo comprendió que el racismo que su familia padeció hace más de 60 años atrás no fue erradicado, sólo había estado en pausa y ahora se ha reanudado. “Saber que hay un sector muy grande que no nos ha querido nunca, produce un sentimiento muy fuerte y muy hondo. ¿Qué podemos hacer? Lo que hemos hecho siempre: seguir adelante, seguir luchando. No hay una solución sencilla a un tema tan complejo”, dice en entrevista desde la ciudad de San Francisco.

El sentimiento lo comparte la escritora chicana Norma Elia Cantú, originaria de Nuevo Laredo, Tamaulipas, y profesora emérita de la Universidad de Texas en San Antonio. “Hubo un tiempo en el que los niños no podíamos hablar español porque los maestros nos pegaban y nos castigaban, nos hacían escribir en los cuadernos: ‘I Will Not Speak Spanish’. Hoy, la mayoría habla en inglés y en spanglish; el español, para los jóvenes, es un idioma de los grandes. Y la discriminación y el racismo se mantienen al día de hoy”, lamenta.

Hace unos días, Trump ordenó la eliminación del programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por su sigla en inglés), impulsado por Barack Obama para proteger a los jóvenes sin documentos de la deportación; además pidió al Congreso que lo remplace con leyes antes de que expire por completo el 5 de marzo de 2018. De no encontrar una opción, cerca de un millón de personas podrían ser deportadas.

Esta medida se suma la renegociación del TLCAN, la compleja relación que ha sostenido Trump con el gobierno mexicano y la intención de levantar un muro en la frontera, así como las políticas migratorias del presidente norteamericano. ¿Cómo se han vivido estos episodios en la comunidad méxicoamericana? Lourdes Portillo y Norma Elia Cantú comparten sus historias.

Contar las historias del otro lado. Lourdes Portillo nació en la ciudad de Chihuahua en 1944, junto con su familia cruzó la frontera en 1958 en busca de un mejor futuro. Estados Unidos era entonces un lugar difícil para vivir. Tenía 13 años y se enfrentó a un choque cultural. En México, dice, se quedó su raíz, sus memorias infantiles y gran parte de su familia. Por eso, indica, su trabajo ha tratado de enfocarse en contar historias sobre su nación.

Por ejemplo, la cineasta fue de las primeras en realizar un documental sobre los feminicidios ocurridos en Ciudad Juárez, titulado Señorita extraviada, estrenado en 2001. Y en 1994 estrenó El diablo nunca duerme, en el que a partir de la muerte de su tío en Chihuahua se adentró en las tradiciones y costumbres de su tierra natal. La costa maya y el Día de Muertos son otros de los temas en los que Portillo ha trabajado.

Hoy, la cineasta nominada al Óscar en 1986 a Mejor Documental por Las madres: las madres de la Plaza de Mayo es considerada una de las documentalistas más importantes de Estados Unidos. Recientemente la Academia de las Artes y las Ciencias cinematográficas, en el marco del Pacific Standard Time LA/LA, le encargó la curaduría de un ciclo sobre el cine latino de los últimos 50 años que incluirá películas, mesas redondas y un proyecto digital con entrevistas.

“De Latinoamérica a Hollywood: la cultura del cine latino en Los Ángeles, 1967-2017” es el título de esta iniciativa de la Academia que se desarrollará hasta enero de 2018 y se enfocará en el ambiente social, cultural y político de los años 60 que dio pie al movimiento cinematográfico chicano y al nuevo cine latinoamericano.

“Documentar historias es un trabajo que nunca termina, con cada nueva generación se empieza desde cero. Sin embargo, existe la tradición y es muy importante que siempre exista solidaridad, ayuda, crítica y protesta. Mi trabajo se ha enfocado en la identidad latina, la idea de mi trabajo ha sido no olvidar de dónde venimos y quiénes somos porque así podremos defendernos. Además me ha interesado abundar en los temas que competen a mi país”, dice.

Y agrega: “El mundo del cine ha cambiado de cuando yo empecé, pero también creo que las injusticias siguen y se incrementan, por eso es tan importante que sigamos luchando y abriendo puertas. Hay una población enorme de latinos que no está siendo representada en el cine, en las pantallas no hay suficientes latinos, mexicanos ni chicanos. Los cineastas tenemos que responder a esto, tenemos que hacer más esfuerzos para promover esta cultura. En aquella época no existía siquiera la idea de que alguien como yo entrara al cine narrativo de Hollywood, lo intenté pero no me dejaron, así que supe que yo necesitaba tomar un papel más activo y dedicarme al documental. Yo me dediqué al cine por esta razón, no nos vi en la pantalla y yo tenía que hacer algo al respecto. Además, ser mujer fue también un factor limitante, pero yo seguí adelante”.

Portillo advierte que su patria es la combinación de los dos países. “A México y a Estados Unidos los tengo en el corazón, y no lo digo por nacionalismo o por política, sino porque así lo siento. Yo creo que los que estamos aquí ya no pensamos en una patria, sino en los dos lugares, en la gente con la que nos relacionamos. Mi papá nos trajo para acá porque pensó que era lo mejor, con el tiempo se cuestionó y pensó en que había sido una buena decisión”, dice.

Sobre las políticas de Trump asegura que si el planteamiento de crear un muro era una locura, la cancelación del DACA pone en evidencia —una vez más— que el presidente estadounidense es un “hombre casi desquiciado”. Por suerte, dice, hay muchas personas que no están de acuerdo con sus políticas. “Nos hemos encontrado también con muchísima gente que está en contra de lo que ha venido promoviendo el presidente; pero la verdadera desgracia no podemos perderla de vista: es un presidente electo, es decir, esta sociedad lo puso en esa posición”.

Esperanza para los chicanos. Para la escritora Norma Elia Cantú, quien es, de acuerdo con la Universidad Trinity, experta prominente en estudios culturales y de cultura chicana y latina, la llegada de Trump a la presidencia ha dado permiso de ser abiertamente racista. No es que antes no lo hayan sido, sino que ahora cuentan nuevamente con una suerte de justificación. “Recuerdo que cuando era niña viajamos a Houston y paramos en un restaurante, leí un letrero que decía que no se aceptaban negros ni mexicanos. Ahora no se ponen letreros pero se mantiene ese sentimiento, esa idea de creernos ciudadanos de segunda categoría y que por eso no merecemos los mismos derechos que los demás”, cuenta.

Cantú, de 70 años de edad, cuyas investigaciones se centran en la producción cultural y literaria a lo largo de las fronteras México-Estados Unidos, se fue a EU siendo una niña.

Su madre era texana y su padre mexicano. Es la mayor de 11 hermanos y es la única nacida en México. Ella asegura que, a pesar de todo, los logros de la población chicana y latina han sido muy relevantes para el país. “Las cosas han cambiado mucho desde que yo era una niña, los logros no sólo han sido a nivel político, sino también social y cultural. El movimiento chicano que inició en los años 60 sigue vigente en algunos sitios. En 1911 se celebró en Laredo, Texas, el primer Congreso Mexicanista, que reunió a una gran comunidad latina, especialmente mexicana, y ahí hablaron sobre la desigualdad en la educación, sobre cómo mataban a los mexicanos; era una comunidad que se reunió cuando hubo una crisis. Otra ocurrió en los años 60, cuando muchos latinos murieron en la guerra de Vietnam. Hoy, nuevamente estamos en crisis”, lamenta.

La escritora, que también ha publicado poesía y literatura, y como académica se ha enfocado, entre otras cosas, a la enseñanza del inglés a no nativos, asegura que en las crisis cabe la esperanza. “Siempre hemos encontrado personas que no están de acuerdo con esta situación. Ahora mismo, los dreamers son uno de los muchos puntos con los que mucha gente no está de acuerdo. En estas situaciones cabe la esperanza. Hay jóvenes que están haciendo poesía y literatura, están contando sus propias historias, y nosotros estamos ayudando. Por ejemplo, estamos dando charlas sobre lo que es el DACA. Yo, de verdad, tengo esperanza porque siempre ha habido una generación a contracorriente”, indica.

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