"Con Trump vivimos en EU una retórica de odio"

El escritor Francisco Goldman analiza que temas como el TLCAN y la migración poco importan en su país, y que el presidente explota las debilidades de esa sociedad
En un nuevo espacio, tras haber resultado damnificado por el terremoto, Goldman retoma la escritura. (CRISTOPHER ROGEL BLANQUET. EL UNIVERSAL)
31/10/2017
04:20
Sonia Sierra
-A +A

[email protected]

El odio se ha impuesto en los Estados Unidos, dice sin ambages el escritor y periodista Francisco Goldman. Odio es la palabra que viene a su mente para describir cómo ha cambio su país con la llegada al poder del republicano Donald Trump:

“Hay un discurso de odio por parte de Trump, odio hacia Trump, odio racista, odio contra las elites, odio contra los que odian a Trump...”

Goldman nació y creció en Boston, Massachusetts; es hijo de un descendiente de rusos y de una mujer guatemalteca, una condición que lo ha llevado a caminar entre las culturas estadounidense y latina. Su obra literaria y periodística documenta, denuncia y traza puentes entre esas sociedades, sus historias y problemas.

El autor de novelas como Di su nombre y Marinero raso (Océano acaba de reeditarlo); de la investigación El arte del asesinato político ¿Quién mató al obispo?, y colaborador de medios como The New Yorker, hoy vive más en México que en Nueva York. En esta ciudad, donde resultó damnificado por el terremoto del 19 de septiembre, tuvo lugar esta entrevista.

Goldman se pregunta cómo su país podrá sobrevivir estos cuatro años en medio “de un ruido repugnante, degradado, inferior y mediocre”.

“Tenemos en nuestros oídos, desde el momento en que nos levantamos, hasta que nos dormimos, e incluso (en) los ecos que quedan ahí cuando intentas dormir, una retórica —que no para— de odio. Estás en un ambiente donde casi nadie se calma, nadie puede dialogar”.

¿Y de indiferencia?

—Pero esa no es buena solución. Uno tiene que pensar en la resistencia, poner mucha esperanza en los jóvenes que buscan que llegue su turno. Pero nada de eso se ha formado. El liderazgo en el partido Demócrata no te da ninguna esperanza.

¿Todo esto una reacción nueva o es algo que Trump despertó?

—Está probado, especialmente con el discurso que hemos escuchado de la derecha desde Charlottesville y del tema de expulsar a los dreamers, que no puedes entender esto si no aceptas que fue un fenómeno white supremacy racista (supremacía blanca). Es una campaña que arranca llamando a todos los mexicanos ‘criminales y violadores’. Trump es alguien que ha demostrado intolerancia a las normas constitucionales, al debido proceso y a las leyes… ¿Qué mensaje manda cuando llama ‘héroe’ a Arpaio?

“La tolerancia al racismo es casi tan mala como el racismo. Un hombre de negocios gringo, que votó por Trump, te va a decir: ‘Pero yo no soy racista’. Sí eres racista porque si puedes dar tu voto a quien, en todo el mundo, lleva en alto la antorcha del odio racial, entonces tu complicidad es total. Tú eres un racista”.

En ese racismo, ¿el migrante es el enemigo hoy?

—El migrante, el musulmán, el negro que no es migrante. No es simplemente: ‘Yo odio gente que tiene piel de diferente color al mío’. No. Ahí entras en los complejos, los miedos de mucha de la comunidad norteamericana, sobre todo blanca. ¿Cómo puedes explotar esas debilidades? Con un discurso racista que ofrece un pretexto fácil para sus fracasos. Hay un sentido de inferioridad de una comunidad blanca.

“El capitalismo salvaje que se practica en los Estados Unidos está haciendo daño a todos. No hay un esfuerzo para preparar a la clase obrera para trabajos modernos. Hay una decadencia increíble. La nuestra es más que todo una cultura de consumo. Quieren comprar, no trabajar”.

¿Es una sociedad deprimida?

—Yo creo que sí. Los Estados Unidos se siente deprimido. Quizás no en todas partes. Yo respeto a Barack Obama, tuvo sus fallas, pero su elección a la presidencia tuvo un impacto que se va a tener que analizar por años; para muchos fue una humillación total tener un presidente negro. Esa es otra cosa que abrió la puerta a Trump.

Frente a Trump, ¿qué contrapesos ve y qué fuerza tienen?

—Creo que hay mucha, mucha, resistencia. La mayoría del país lo rechaza. De la energía de todas nuestras comunidades —latinos, migrantes, negros, musulmanes, gays— tiene que salir la resistencia. Debe haber una manera de unir esta oposición que está tan fracturada, pero que comparte muchos valores… Y no vale la pena eso de ‘tenemos que convencer al obrero blanco racista, a que se una con nosotros’. No, olvídalos. Tienes 65% del país contra Trump; busca el discurso que une a ese 65% del país.

¿Cómo evalúa el papel de la prensa, los medios?

—Bien y mal. Los medios son parte del showbiz. Es muy ruidoso, ignorante. Casi no hay espacio para investigación. Y ellos tienen mucho que ver con la elección de Trump porque Trump era el espectáculo. En vez de noticias, tienen mesas de payasos gritando. Una de las cosas más peligrosas de Trump ha sido su intento, básicamente, de matar el periodismo. He estado toda mi vida cerca del periodismo, tú también, ¿has conocido a alguien que se siente a inventar historias? Quizás una o dos veces, y es un escándalo. Pero él dice que es así, y es tan absurdo, patético, juvenil. Lo bueno es que New York Times, Washington Post, periodistas de Internet y medios alternativos, están haciendo un gran trabajo, y han tenido un impacto, con Rusia, por ejemplo.

¿Cree que continuará los cuatro años de su administración? ¿Ve probable un impeachment?

—Es bueno que empiece a perder popularidad. No creo que vayamos a tener muralla; pero todavía puede hacer mucho daño en lo internacional. La gran esperanza es que pierdan los republicanos en 2018. Porque incluso (el fiscal especial Robert) Mueller, para un impeachment, va a necesitar un Congreso donde alguna de las dos Cámaras sea demócrata.

“Este presidente quiere ser un Mussolini y eso no es una exageración; es un hombre sin moral, un misógino. Los pocos senadores republicanos con dignidad, como John McCain, Flake y Corker, y otros, ya están empezando a hablar, diciendo que él va a destruir nuestra democracia”.

¿Cree que ni habrá muro ni terminará el programa de dreamers?

—El muro no va a pasar. Sería un desastre, un símbolo que causaría más daño a Estados Unidos que a América Latina. Yo no creo que vaya a terminar DACA (programa migratorio de los dreamers), eso es demasiado impopular y él es alguien que tiene sus ojos en las encuestas. La última cosa que quiere Trump es, por uno o dos años, estas historias de los dreamers en las noticias. En la población va a provocar indignación el grotesco espectáculo de todos estos chavos, que son gringos, que sólo conocen a los Estados Unidos, echados al infierno.

¿Siente que surgen voces nuevas en su contra?

—La división es cada vez peor. Pero no se puede negociar con esta gente. El resto de la sociedad va a tener que buscar una manera de reconstruirse y salvarse porque éstos, a pesar de que son una minoría, aun son muchos, controlan el Senado. Estos cuatro o cinco senadores republicanos que están mostrando dignidad todavía son una minoría. Ojalá los otros sientan presión para salvar su dignidad y defender la decencia básica de la gente. Pero por nuestras instituciones, nuestra manera muy peculiar de elegir representantes, no puedes llamar a los Estados Unidos una democracia. No puede ser que un estado pequeño, racista —Idaho, Alabama, Wyoming— con unas poblaciones mínimas, pueda tener dos senadores, y que el estado de California, que tiene millones, sólo tenga dos senadores.”

En América Latina, ¿qué daño cree que puede causar Trump?

—Gracias a Dios, él no sabe nada de América Latina. Es muy divertido en este sentido lo que está pasando en Guatemala, está viviendo una gran lucha. Tiene instituciones de justicia que son fuertes y están apoyadas por la comunidad internacional. Con el colombiano Iván Velázquez (Comisionado Internacional contra la Impunidad en Guatemala) están luchando para combatir la corrupción y la impunidad; están a punto de llegar a lo que llaman el nido de los nidos, que es la finanza de las campañas.

“¿Tú crees que Trump sabe dónde está Guatemala? “Me río mucho porque me acuerdo que yo estuve de joven como corresponsal de guerra ahí en Centroamérica y toda la derecha festejó cuando ganó Reagan, ellos llamaban a Jimmy Carter ‘Jimmy Castro’, y decían que su política de derechos humanos era ‘de derechos humanos para comunistas’. Entonces cuando ganó Reagan estaban tan felices porque ‘vamos a tener un aliado en Estados Unidos’. Que fue así. Y pensaban que lo mismo iba a pasar con Trump. Mandaron a empresarios cercanos a Ángel González, que es un mexicano que es dueño de los medios -quizás al personaje más nefasto, con más poder criminal, y que da más apoyo a los políticos corruptos-, corriendo a Washington, a decirle a Trump: ‘Por favor quítenos a Iván Velázquez’. Y yo creo que Trump ni los recibió.”

El terremoto.

Un accidente y luego una operación de rodilla, a comienzos de septiembre, cambiaron la rutina del escritor. El día siete vivió en su departamento de la colonia Roma, el susto por la sacudida del sismo de 8.2 grados. Esa vez fue hasta anecdótico para Goldman hablar de cómo tuvo que bajar por las escaleras con ayuda de amigos. Doce días más tarde, el terremoto de 7.1, casi echa abajo el departamento.

“Cuando pegó, grite (a su esposa): ‘Jovi, corre, corre’. Yo no podía correr, me fui a la esquina que me habían recomendado. Es increíble la fuerza con que pegó; los dos minutos de más terror que he vivido. Yo soy muy raro, es algo que sé desde mis años de corresponsal, el miedo no me pega hasta después. Estaba seguro de que iba a caer el edificio. Se abrieron, en nuestro depa, grietas tan grandes que desde dentro se podía ver afuera.

“Cuando dejó de temblar, Jovi y nuestro vecino Guillermo Osorno subieron por mí. Estuvimos en el parque. Jovi, muy heroicamente subió por algunas cosas, incluyendo mi computadora; subió con Eugenio, el portero. Supimos desde ese momento que jamás íbamos poder volver a vivir ahí. Nos quedamos en el parque. No había ubers, taxis, yo no podía caminar. Mi amigo el escritor chileno, Alejandro Zambra y su esposa Jazmina, nos llevaron a su casa... Nada me sorprendió del extraordinario espíritu que mostró esta ciudad”.

¿Cómo ve a México hoy?

—La gente tiene que presionar. Después de Ayotzinapa vimos millones en la calle, tuvimos la sensación de que iba a provocar un cambio, pero el problema es que no hay una institución de contrapeso. No hay una fiscalía dispuesta para la población. “Yo no puedo votar, pero será el candidato que tenga una política anticorrupción más seria, el que merezca el voto. No sé si será centro izquierda, centro derecha... Tener una fiscalía independiente es la única manera de abrir brechas.

“México está viviendo un horrible momento. Vivimos en esta ciudad más o menos en una burbuja en comparación con Veracruz o Chiapas. Pero yo no pierdo la fe en México; hay todavía un espíritu increíble en este país. Creo que están viviendo un abismo, casi han tocado fondo. El gobierno tiene que iniciar en serio una lucha contra la corrupción. México es la mejor ciudad de América Latina, una de las mejores del mundo, y da orgullo vivir aquí. El terremoto concientizó a mucha gente. Más que todo a los jóvenes; ojalá que este despertar lleve a impactos políticos en las elecciones y en la cultura”.

¿Qué tanto importan en Estados Unidos la migración o el TLCAN?

—No les importa nada. Sólo si tú vives en una ciudad más progresista, que tiene muchos migrantes, como las ciudades santuario, ellos sí saben defender los migrantes. La mayoría de la gente no es anti inmigrante, si ves las encuestas la gran mayoría quiere una reforma migratoria; no apoyan esta política. La minoría reaccionaria que controla el voto en el legislativo va a hacer leyes que van en contra de la voluntad de la población. Si hay alguien, en todos los Estados Unidos peor que Trump, quizás es este fiscal general (Jeff) Sessions, que es casi un Ku Klux Klan, y sus asesores como el insecto repulsivo que es Sthefen Miller, un judío que se auto-odia, es el más racista y es quien está haciendo la política anti-inmigrante de Donald Trump”.

¿Qué está escribiendo ahora?

—Llevo años en una novela, a punto de terminar cuando empezó la terrible cadena de desastres de agosto. Sin duda este otoño voy a terminarla. Un libro ligado a ciertas preocupaciones contemporáneas; mucho es sobre cómo aprendimos a tratar al otro en el amor. Hay una figura que domina la vida de mi protagonista, con mucho poder, muy cruel, muy carismático, todo mundo siempre le perdona, sabe manejar todo, se parece a Trump… incluso de adulto es un contratista que construye walls…

¿Pero pensó en Trump para él?

—No, nunca. Hay muchos de esos en mi pueblo, en Massachusetts. Cuando yo era joven este era un pueblo fuera de Massachusetts, obrero, que ya no es.   

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

COMENTARIOS