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La ópera también es cosa de niños

El proyecto LÓVA llega al país para colaborar en el desarrollo cognitivo, emocional y social de pequeños de entre nueve y 10 años de edad
Aina, Paris, Juan, Aura y Ana Sofía, alumnos del Instituto Luis Vives, asumen diversas profesiones. Hay productores, escenógrafos, actores, cantantes, músicos, libretistas y directores de escena. (FOTOS: CRISTOPHER ROGEL. EL UNIVERSAL)
30/03/2018
00:20
Alida Piñón
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Los niños caminan con seguridad, sonríen, bromean, se abrazan a la menor provocación, se percibe entre ellos la amistad, la camaradería, el respeto. Tienen alrededor de nueve años y en un par meses se han convertido en libretistas, compositores, escenógrafos, cantantes, músicos, diseñadores, iluminadores, actores, vestuaristas, directores escénicos, productores, relacionistas públicos y documentalistas. Son, en suma, una compañía de ópera que prepara el estreno de su obra original, con la que se convertirán en los pioneros en México y en América Latina en formar parte del Proyecto LÓVA (La ópera, un vehículo de aprendizaje).

LÓVA es un programa educativo interdisciplinario que tiene el objetivo de crear, desde cero, una ópera para que alumnos tengan un desarrollo emocional, social y cognitivo, y para que utilicen su imaginación y descubran todas sus capacidades.

En las paredes de su salón del Instituto Luis Vives, ubicado en la colonia Escandón, los niños han colocado los avances de su trabajo, así como los datos medulares de su producción operística. El más importante es el nombre de la compañía: La hoja del árbol. “Nos pusimos así porque nosotros somos las hojas del árbol y el árbol es la compañía. Si una hoja se cae, todas se tienen que caer, luego volvemos a nacer en primavera”, dice Juan, miembro de la compañía.

Los niños comenzaron a trabajar desde el año pasado y se plantearon objetivos mensuales, desde crear el nombre de la compañía, hasta preparar el montaje y estrenar en junio próximo, cuando concluya el año escolar y lo presenten ante toda la escuela y la prensa. En todo el proceso son acompañados por su maestra, Rosa Soliveres, profesora de la Facultad de Música de la UNAM y maestra de música del Instituto Luis Vives.

LÓVA tiene su origen en un proyecto educativo de la Ópera de Seattle en los años 70 y que en los 80 amplió el Metropolitan Opera Guild de Nueva York con el programa Creating Original Opera. En 2006, el esquema llegó a España con Mary Ruth McGinn, maestra de primaria pública de Estados Unidos, y junto con el Teatro Real formó a un grupo de docentes que guiaron a niños a crear una producción operística. Ante el éxito, en 2008 se formalizó la creación de LÓVA y cada año imparte cursos de formación a docentes interesados. Soliveres fue una de ellas. “Hace ocho años, cuando estudiaba mi maestría en educación musical, me enteré de LÓVA y pensé en que algún día yo podría ser parte del proyecto. El año pasado tomé el curso y plantee el proyecto al Instituto, me dieron todo su apoyo”, cuenta la maestra de origen español, residente en México desde 1998.

El primer paso fue elegir al grupo, se necesitaba que hubiera niños de entre nueve y 10 años porque es la edad en la que ya tienen la capacidad de realizar tareas de manera independiente, además se buscó que tuviera distintos niveles académicos y sociales porque uno de los objetivos más importantes es el trabajo en equipo. “Lo que más nos importa es el proceso, más que el resultado final, aunque claro que es importante porque así demuestran lo que hicieron; pero lo relevante es, por ejemplo, que ahora mismo los de relaciones públicas están en contacto con otras compañías en el mundo, invitarán a la prensa al estreno; están aprendiendo muchas nuevas herramientas y las grandes decisiones las han tomado ellos, por completo”, dice Solivares.

En el primer día de clases, la maestra les preguntó al grupo conformado por 19 niños su opinión acerca de crear una ópera. Algunos conocían el género, otros no, pero la idea les gustó. En los tres primeros meses aprendieron qué es una ópera, se les enseñó cuáles eran las profesiones que estaban involucradas y cuáles eran sus responsabilidades. Así, poco a poco fueron colocando la información en las paredes. Por ejemplo, de puño y letra escribieron que el quehacer de un director de escena es trabajar con los actores. Además, cada profesión tendrá que echar mano de su imaginación para crear la escenografía y los vestuarios con los materiales que tengan al alcance; ya han pedido donaciones de telas y de maquillaje sin uso a la comunidad escolar, además venderán tazas o playeras para financiar la compra del material que necesiten. La idea es que sea autofinanciable.

“Les enseñamos un poco acerca de lo que es género, les leímos la historia de la ópera Bastián y Bastiana, pero no insistimos mucho porque de lo que se trata es que todo sea creado desde cero, que lo que ellos ofrezcan sea completamente original”, dice.

Para entender los conceptos de las profesiones como la de actores o directores de escena, contaron con la visita de profesionales, algunos eran los propios papás de los niños, otros eran padres de otros alumnos. Una vez que conocieron las profesiones, realizaron tres entrevistas de trabajo para obtener el que más les interesaba.

El resultado, dicen los padres, ha sido notorio. El entusiasmo por acudir a la escuela se ha incrementado, además han notado que sus hijos son más participativos. “Mi hijo tiene muy claro los quehaceres dentro de la compañía, no quiere faltar a la clase porque está comprometido, creo que su tolerancia a trabajar en equipo es muy importante”, dice Mínica, madre de Paris.