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Myrthokleia González pone sus pies sobre el cemento fresco, lleva puestos unos tenis negros, desgastados. Se detiene un instante a mirar su propia huella, respira profundo, observa a su alrededor y se encuentra con la mirada de otros 17 hombres y mujeres que, junto con ella, formaron parte del Movimiento Estudiantil de 1968.

Las huellas de todos ellos dan vida al Monumento a la Ausencia, de la artista israelí Yael Bartana, que se está creando como parte de las acciones de reparación colectiva dictaminadas por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) del gobierno federal, en colaboración con el Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM.

Myrthokleia fue integrante del Consejo Nacional de Huelga (CNH) y acudió el 2 de octubre, se encontraba en el edificio Chihuahua. Ella estaba dando la voz a los oradores cuando, recuerda, las luces de bengala iluminaron el cielo y comenzaron los disparos. A 500 metros de la Plaza de las Tres Culturas explica a la prensa cómo aquella tarde, tras la balacera, la sacaron de ahí y terminó en una ambulancia de la Cruz Roja con otros heridos.

Ella ha llegado a la cita del CCUT para contar su historia a la artista israelí y para formar parte de esta intervención artística que consiste en volver a hacer con cemento el piso del patio del CCUT para imprimir alrededor de 400 pares de huellas, un número que, según los organizadores se llegó a manejar como el aproximado más alto de víctimas fatales del 2 de octubre. Ahora, de acuerdo con reportes, la cifra se ha fijado en 78.

La impresión de las huellas se realiza entre ayer y hoy. En el primer día de la intervención se ha considerado iniciar a las 13 horas, pero los proveedores de cemento no se presentaron a la hora pactada y se provoca un retraso de cuatro horas. Los 240 minutos sirven para crear comunidad entre los entonces estudiantes, pero también para el caos, para la incertidumbre, incluso para el hartazgo. Café, horas de charla, compartir historias de vida, hacer bromas sobre los achaques de la edad, son el preámbulo de la creación del monumento que fue elegido de entre un total de 10 propuestas artísticas de diferentes países, como Guatemala, Perú, Brasil, Israel y México. El proyecto de Bartana fue elegido por un jurado internacional integrado por los historiadores de arte Harriet Senie y George Flaherty, la curadora Taiyana Pimentel y la artista Regina-José Galindo.

Yael Bartana se acerca a quienes formarán parte de su obra, que busca conmemorar la memoria de sus camaradas, amigos y compañeros de clase. Sin embargo, el diálogo no fluye del todo por las limitaciones del idioma.

Las horas transcurren y de la memoria se pasa a la preocupación por la posible lluvia y porque el secado del cemento podría no ser suficiente para que las huellas se plasmen como esperan. Los organizadores proponen ensayos sobre la caminata que se propone hacer. Se pide que todos caminen juntos en una dirección y a la voz de “cambio”, el andar se vuelva caótico. Uno no está de acuerdo en la propuesta porque, dice, las cosas no fueron así. Se intenta explicar que no es una recreación de los hechos. No todos quedan conformes, pero participan.

Al fin, todos caminan sobre el cemento y la emoción llega, la memoria se siente viva por los que siguen aquí y por los que ya no están, por los ausentes. Un aplauso coral cierra esta primera etapa que hoy concluirá para que el lunes, a las 16 horas, sea inaugurada. Además, en la parte alta de los edificios se grabarán las consignas “Pueblo, no nos abandones- Únete Pueblo”, y “Ni perdón ni olvido”. Y la intervención formará parte de un documental.

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