Guarda dos cartas, de Rubén Darío y Sandino, en la Caja de las Letras

Sergio Ramírez y su esposa, Gertrudis Guerrero, tras depositar su legado en la bóveda 1457 de la Caja de las Letras del Instituto Cervantes
(FERNANDO ALVARADO. EFE)
21/04/2018
00:21
Jerónimo Andreu / Corresponsal
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Madrid.— El escritor nicaragüense Sergio Ramírez guardó ayer su legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes en la tradicional ceremonia antes de la recepción el lunes del premio Cervantes.

Ramírez depositó en la caja fuerte 1475 de la cámara blindada de la sede del Instituto Cervantes en Madrid dos cartas originales que consideró que sintetizan su identidad literaria y personal.

La primera es una misiva de Rubén Darío enviada en 1902 a un amigo pidiéndole que lo ayudara a conseguir el Consulado de París. La segunda es de Augusto César Sandino, destinada a varios militares a los que ordenaba en 1931 una expedición a la costa del Caribe.

“No puedo dejar nada mejor al Instituto Cervantes que los dos nicaragüenses que me legaron un país: su puño y su letra. Dejo aquí estos documentos porque quienes los firman representan juntos la esencia de mi país, a través del la palabra y la dignidad”, dijo.

Habló de otras alternativas que simbolizan su compromiso con la literatura: “¿Una pluma fuente, una estilográfica? A duras penas escribo a mano. ¿Una máquina de escribir? Dejé de usarlas hace más de 30 años”. Igual desechó la posibilidad de discos informáticos con sus novelas, que a los pocos años se volverían imposibles de descodificar.

Los recuerdos del escritor y político nicaragüense reposarán en la caja fuerte hasta la fecha elegida por él: 5 de agosto de 2022, cuando cumpla 80 años. Su vecino es el cofre que ahora contiene el legado del chileno Jorge Edwards (premio Cervantes de 1999): varios manuscritos y primeras ediciones de sus obras, así como dos cartas “muy personales”.

En la bóveda blindada de la Caja de las Letras guardó también Elena Poniatowska en 2014 una vieja pulsera de latón que su padre usó en la Segunda Guerra Mundial, junto con manuscritos periodísticos y una primera edición de La noche de Tlatelolco. Cuando recogió su Cervantes en 2016, Fernando del Paso dejó en la bóveda una camisa del fallecido poeta José Carlos Becerra que le inspiraba para escribir, sus dos primeras novelas y un disco con su voz grabada.

Juan Manuel Bonet, director del Cervantes, dijo que Ramírez es uno de los grandes ejemplos del maridaje entre literatura y compromiso político, con su experiencia como vicepresidente de Nicaragua. “Es el primer nicaragüense que gana el Cervantes. Con él entra Centroamérica en esta Caja de las Letras”.

A continuación, Ramírez y Bonet mantuvieron en el Instituto una conversación sobre literatura, las influencias del autor nicaragüense (entre las que destacó a Borges), el apoyo que tuvo de Carlos Fuentes, la ausencia de amigos como José Emilio Pacheco, y las implicaciones de ganar el Cervantes.

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