¿Estas cartas las mandaría una mujer a su violador?: Enrique Bátiz

La violinista Silvia Crastan relata una presunta violación ocurrida en 1996 a manos de Enrique Bátiz, quien ofrece su versión y documenta lo que considera un acoso y extorsión
El director de orquesta en un camerino de la Sala Nezahualcóyotl el pasado jueves. (BERENICE FREGOSO. EL UNIVERSAL)
10/02/2018
04:00
Alida Piñón y Abida Ventura
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El director de orquesta mexicano Enrique Bátiz está inquieto tras acabar su ensayo. Tiene frío en el camerino y pide un calentador al personal de la Sala Nezahualcóyotl en donde mañana ofrecería un concierto con la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata. Todos los temas de los que quiere hablar se le agolpan: la acusación por violación que la violinista suiza Silvia Crastan hizo en redes sociales y en medios de comunicación, su despido de la Orquesta Sinfónica del Estado de México que fundó en 1971 y dirigió por 47 años, el parkinson que padece, y las acusaciones por maltrato laboral que pesan sobre él desde hace años y que en los últimos meses han cobrado fuerza.

Quiere hablar de todo, pero la acusación de violación ocupa casi todas sus energías. “Todo se tiene que aclarar. No puedo dejar eso en el aire”, dice a EL UNIVERSAL. Luce preocupado. Frota sus manos una y otra vez. “¿Tiene usted pruebas de haber tenido cualquier tipo de contacto con Silvia Crastan?”, se le pregunta. “Sí, tengo correspondencia”, responde.
Se queda en silencio, pensativo. Pide su teléfono celular para hablar con su abogada en privado porque advierte que analiza defenderse legalmente. Tras varios minutos y repetidas llamadas, el músico salta de su silla y dice: “¡Vamos a mi casa porque allá tengo pruebas suficientes de lo que voy a decir! ¡Es mentira que la violé!” ¿Es una carta? “Sí”. ¿Amistosa? “Más que amistosa”. Intercambia más llamadas con su abogada, luce decidido a emprender un viaje intempestivo desde Ciudad Universitaria a Naucalpan. Personal de la Sala le avisa que las autoridades de Música UNAM quieren hablar urgentemente con él. No acepta. Tiene prisa por llegar al Estado de México para mostrar las cartas.

Al Centro Cultural Universitario llegó solo, su chofer se reportó enfermo. “No manejo desde hace años y no me gusta hacerlo”, advierte. En el auto cuenta que sólo ha visto dos veces a Crastan. “La conozco porque ella… ¿sabes tú lo que es acoso?, es que ella...” “¿Ella lo acosaba?”, se le pregunta. “Sí, siento un poco eso. No sé qué pretende esta mujer, ella me pidió dinero, ¿cómo se dice cuando te piden dinero? Tengo por escrito que me pide compensación. Claro que no le di nada, es más, casi ni la conozco. La conocí en la Orquesta de Zúrich”.
Luce desorientado, tiene dificultad para observar con claridad los señalamientos viales, las llantas chocan al menos tres veces con banquetas. Ha pedido que la entrevista comience una vez que llegue a su domicilio para concentrarse en el camino. Al llegar a casa se apresura a buscar las cartas.

“Hola Enrique. ¿Cómo estás? No he sabido nada de ti en mucho tiempo. ¡Sería lindo escuchar algo de ti! Todavía tengo el mismo número. Puedes llamarme cuando quieras”, dice una de las cartas con sello postal de junio de 2000.

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El otro documento es una postal con la obra “Blue Landscape” de Chagall. En el mensaje en español se lee: “¡Querido Enrique! Desde el primero de diciembre he una nueva dirección (sic). Vienes en esta ciudad el 27 de mayo (sic). Yo he visto el programa con una foto muy grande de ti. ¡Haré un poquito de publicidad! ¡Feliz Navidad y un feliz Año Nuevo también! ¡Saludos! Y besos. Silvia”.
El músico se pregunta una y otra vez: “¿Estas cartas se las mandaría una mujer violada a su violador?”

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Está sudando. Tiene hambre. “Con todo este asunto no he podido ni comer”. Sube de nuevo al auto para ir a un restaurante. En el trayecto se esfuerza por recordar en dónde está el mensaje en el que ella le pide una compensación. Apenas toca su comida y, de pronto, pide a gritos que le traigan un brandy. La conversación gira en torno a la Orquesta Sinfónica del Estado de México; sobre su nuevo director, Rodrigo Macías, pide “que Dios lo proteja”; confiesa que esta experiencia le ha demostrado cuántos enemigos tiene.

“¡Está en el messenger!”, recuerda al fin. Quiere volver a su domicilio para revisar su teléfono con calma. En el auto, frente a su casa, busca en el celular, luce nervioso, no sabe cómo hacerlo: “Búscalo tú, no lo encuentro”, pide ayuda para sorpresa de la reportera que puede acceder directamente a la mensajería privada del director acusado de violación. En la pantalla se asoman varios mensajes de Crastan y algunas llamadas perdidas realizadas por ella. Bátiz pide centrarse en el mensaje en inglés enviado el viernes 2 de febrero, es el último de la lista:

“Quisiera tener una especie de compensación porque he luchado sicológicamente en los últimos 20 años porque me violaste... Ya no he sido capaz de tener relaciones ni penetración durante mucho tiempo, no he podido tocar el violín en 10 años ni me he podido presentar porque me dan ataques de pánico. Quiero que lo tomes en cuenta y se arregle con alguna compensación”. Sobre el tema, él no dice más.

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Es la medianoche. El director dice ser “un soldado” y acepta la destitución de la OSEM, ahora tendrá tiempo, pero sólo quiere que “todo se aclare”. Dice que a la mañana siguiente le mostrará las cartas a su abogada. “¿Eso me ayudará?”, se pregunta.

La versión de la violinista. Silvia Crastan pasó el 1 y el 2 de febrero publicando en redes sociales que Bátiz la violó en 1996 en un hotel de Zúrich. Días después, aceptó hablar con EL UNIVERSAL vía Skype, sin cámara, acerca del presunto ataque.

Con seguridad explicó: “Fui al ensayo para conocerlo, para que mi maestro me presentara con él. Después del ensayo él me invitó a almorzar para seguir platicando. Creí estar a salvo. Fuimos al hotel, dijo que iba a dejar algo de dinero en su cuarto y que luego iríamos a comer. Esperé media hora, regresó bien vestido. Me propuso que fuéramos al cuarto para dejar mi violín. Acepté porque en Suiza eso es bastante seguro, era amigo de mi maestro. Fuimos al cuarto, cuando entramos, cerró la puerta y me tiró en la cama. Yo estaba en estado de shock”.

Lo sucedido se lo comentó a su maestro pero no pasó nada, asegura. No fue a la policía ni en México ni en Suiza porque, explica, estaba en shock. “Sólo traté de contactar a la oficina de Bátiz o a él mismo; tenía la esperanza de que dijera algo, no sé. Tal vez pudo haber dicho que perdió el control y que lo sentía mucho, con eso pude haberlo perdonado”.

Al mes de la presunta violación, él la llamó para invitarla a Bulgaria y a México: “No voy a usar las mismas palabras que él, pero era muy lascivo, decía: ‘baby, mi putita, ese tipo de cosas. Le dije que no iría por la forma en que se comportaba”.

Sin embargo, ella acepta que en los siguientes dos años quiso contactarlo pero no lo consiguió. En 1998 aprendió algo de español y vino a México para confrontarlo. “De repente lo vi, lo saludé. ¿Te acuerdas de mí? Y él dijo algo como: “ahh, sí, claro, lo recuerdo, en Zúrich”. Pero una vez más no pude hablar con él, sólo me dijo: “estoy ocupado”. No pude hablar con él”.

En este punto las versiones chocan: de esa época procede una de las cartas que conserva Bátiz en donde ella le da su teléfono, le cuenta que hará una audición, le pregunta si él irá a Italia en donde “hay buena comida y gente linda”, y se despide: “bye, bye, kiss you, Silvia”.

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Al igual que a Bátiz, se le preguntó a la violinista si contaba con testimonios del intercambio epistolar que reconoció haber tenido con él, así como registro de las conversaciones por Facebook. “No los tengo, después de un rato te dices: “al diablo con esa gente”. Yo quería seguir con mi vida”. Ahora hablo porque me fui a Twitter y de pronto vi que músicos de la OSEM dieron a conocer en diciembre pasado el caso de abuso y me dije está bien, ahora sí son hechos.”

El concierto de mañana fue cancelado por recomendación de la Unidad de Género de la Coordinación de Difusión Cultural UNAM, tras esta acusación de violación hecha pública a través de medios de comunicación.

La Secretaría de Cultura del Estado de México informó a la prensa que analiza retirar el cargo de director emérito a Bátiz, tras despedirlo de la dirección artística de la OSEM.

El comisionado de los Derechos Humanos del Estado de México, Jorge Olvera, informó que no cuenta con ninguna denuncia de carácter sexual y dijo que debe ser confirmada la denuncia de Crastan además de conocer si hay documentación”.

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