Los siguen existiendo debido a la impunidad del Estado, y eso lo sabemos muy bien, está demostrado, pero también ha quedado muy en claro, con hechos recientes, como el caso del asesinato de Monserrat, en Veracruz, que el presunto feminicida fue protegido por sus abuelos y sus padres. Esa es la razón, asegura , por la que es urgente una legislación que ponga responsabilidad y que establezca penas específicas para aquellos que se conviertan en cómplices de un crimen, “porque esconder a un criminal te convierte en cómplice”.

La autora obtuvo por El invencible verano de Liliana, el , galardón que recibió en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes en una ceremonia en la que el escritor Felipe Garrido dijo que el asesino había quedado muy opacado y por ello recomendó “tres acercamientos cautivantes” que “exploran los motivos, las formas de actuar, las justificaciones de los feminicidas”. Allí también, Cristina Rivera Garza dijo: “Tenemos que verlas siempre a ellas, no a sus asesinos. A sus asesinos ya los vemos en todos lados”.

En ese marco, la escritora dijo en entrevista que siempre hay que poner el dedo y señalar las responsabilidades del Estado, pero también “no podemos hacernos de la vista gorda ante aquellos que se hacen de la vista gorda. Y no sólo son mujeres, son mujeres y son hombres, son las personas que deciden no hablar cuando ven lo que está pasando enfrente, que deciden no denunciar, o que esconden y encubren de manera activa”.

Lee también

:

La escritora señaló además que antes de 2012, todas las mujeres que murieron a causa de la violencia machista, legalmente no se puede decir que son feminicidios, porque fueron determinadas antes de que existiera esta figura legal; pero le parece que tendríamos que poder hacer algo , de alguna forma, para atestiguar, para dejar registro, que ciertas muertes que fueron calificadas como homicidios simples o que fueron descritos como resultados de un crimen pasional, se les nombre como feminicidios de manera retroactiva.

“Me parece que eso es un acto de mínima justicia, el reconocer que esta violencia contra las mujeres por el hecho de ser mujeres evidentemente no es algo que empiece en 2012, aunque entonces se le empiece a reconocer como tal, pero creo que tenemos que echar una mirada atrás, tenemos que revisar los registros, tenemos que revisar los expedientes, y desde el pasado hasta el presente decirles a las cosas por su nombre, para empezar”, afirmó la también autora de Nadie me verá llorar.

Rivera Garza insistió en la realidad mexicana para las mujeres, dijo que estamos en un momento en el que los feminicidios no dejan de existir y las cifras las conocemos todos: 11 mujeres son arrebatadas de nuestro entorno en nuestro país y otras tantas a lo largo del mundo también, y aun así sigue habiendo un énfasis enorme en el asesino.

“En el glamour del asesinato, en la mente del monstruo, lo acabamos de ver con esta serie que se hizo de El Caníbal, es que hay un énfasis en el crimen, una especie de pornoviolencia que creo que lo único que ocasiona es que en lugar de producir pensamiento crítico, solidaridad y hospitalidad, es volver al discurso del monstruo y de la excepcionalidad que siempre termina de una manera u otra por culpar a la víctima y exonerar bajo el pretexto de esta enfermedad mental o de esta situación extraordinaria a los perpetradores, que son hombres comunes y corrientes, machos al estilo del patriarcado en el que vivimos, y cuya explicación no reside en una psicología oscura sino en relaciones de poder muy claras, cuyas reglas nos dominan y a las cuales hay que seguir interrogando constantemente”.

Y ante esa situación que impera ella decidió hablar de la vida de Liliana, su hermana, como sería hablar de todas las mujeres que nos han arrebatado, “es un contra discurso, es una manera de desmantelar ese discurso dominante del patriarcado, que nos sigue obligando a ponerle énfasis al asesino y a seguir con esta indiferencia, incluso indolencia por la víctima, por las mujeres, por las familias dolientes, las familias que perdemos también”, dijo.

Y es que enfatizó el hecho de que en México “vivimos en un país muy canijo”, pero también, agregó, lo es el otro país en el que también ella vive y conoce, que es Estados Unidos, donde acaban de declarar una guerra frontal desde la derecha más recalcitrante y desde una teocracia en formación, cuyo primer golpe ha sido contra las mujeres al volver a criminalizar el aborto.

“Eso va a abrir las puertas para muchísimas otras cosas en una sociedad en donde el término feminicidio no se usa tanto, no se usa lo suficiente ni para describir lo que también sucede en Estados Unidos. Quiero decir que esta guerra contra las mujeres no sólo la estamos librando en México, es un fenómeno mundial que obedece y está ligado a los procesos de extracción y a la restitución del capital”, sentenció Rivera Garza.

Y ante esa guerra contra las mujeres se propone una acción más: poner adoquines con los nombres y las fechas de nacimiento y muerte de las mujeres que han sido víctimas de los feminicidios en México, pues dice que aunque existen las cruces rosas que han marcado lugares tan disímiles como Ciudad de México o Ciudad Juárez y las vemos en todos lados, es importante también que cada uno de estos señalamientos lleven su nombre,

“El nombre de estas mujeres, y tan importante es señalar el lugar donde cayeron como señalar el lugar donde vivieron, estudiaron, trabajaron, ahí donde nos hacen más falta, ahí en la vida cotidiana”, afirmó la escritora que está ideando cómo darle cauce a este proyecto; igual que en breve le da cauce a su nuevo libro, Escrituras geológicas.

Se trata de una reunión de ensayos sobre el cuerpo y el territorio que tienen como contexto el cambio climático, las extinciones masivas y la posibilidad de la extinción de la especie humana, pues son temas que le ha impuesto retos a la escritura contemporánea, y a su propia escritura.

Lee también: