Ganadora de premios y reconocida por el gobierno de Ottawa por promover en sus cuadros los símbolos mayas , la artista plástica mexicana Gilda Pontbriand , con más de 25 años de trayectoria, enseña a pintar a niños de escasos recursos en San Miguel de Allende, Guanajuato.

A pesar de que se considera "fotógrafa amateur" ha ganado diez premios en esta categoría y también ha sido reconocida por la alcaldía de Ottawa por su trabajo voluntario.

La artista mexicana es una de los 35 nominados al premio “Los diez hispano-canadienses más influyentes”, que otorga desde hace diez años la Alianza Hispana de Negocios y que este año será entregado en Ottawa el 17 de octubre.

Gilda Pontbriand llegó a Canadá en 1977 y radica en la capital. Tiene una maestría en Mercadeo por la Universidad de Ottawa, pero siempre le atrajo la pintura.

Las clases particulares que le dio una maestra de la escuela de arte "La Esmeralda" sentaron en ella las bases artísticas para destacar en otro país, mismo que le enseñó la importancia de ser voluntario y que la motivó a regresar algunos meses a México para enseñar a niños el arte de la pintura.

"La primera vez que sometí mi pintura a un concurso, obtuve el Premio de Excelencia en Ottawa. En otro concurso también gané el primer lugar", dijo la artista, quien lleva 25 años pintando.

En 2005 participó en el concurso "Imagina Don Quijote", organizado por la Embajada de España en Ottawa.

Gilda tuvo la suerte de que de niña su padre le repetía poemas del Quijote: “Mi padre decía que yo era como el Quijote, era idealista y pensaba que existían cosas divinas en todos lados”, recordó.

Su cuadro “Don Quijote” incluye las frases que su padre le contaba de niña sobre esa obra literaria. En el lienzo pintó un molino y le agregó partes de El Quijote y poemas suyos, como: “Emprendí mil batallas contra gigantes alados que se interponían en el camino para lograr el sueño añorado”.

A manera de collage la obra resalta partes del Quijote: “Después de las tinieblas siempre viene la luz”; “Huyo de la vida regalada, de la ambición y de la hipocresía”. La obra ganó el primer lugar y el premio era un viaje a España.

Otra pintura suya, titulada “Ellarbol”, fue elegida para la revista de la Cumbre de las Américas en Quebec en el 2001.

Durante el largo invierno canadiense Gilda suele pintar flores de México “con muchos colores”. En un festival de orquídeas en la capital canadiense participó con dos fotografías y tres pinturas, donde obtuvo cuatro premios.

“Los organizadores me dijeron que en 50 años nunca un artista había ganado cuatro premios”, agregó.

También participa cada año con fotografías en el icónico festival de tulipanes, que en mayo pasado celebró su edición número 65. En otra exposición sobre simbolismo maya vendió 13 pinturas.

“Utilizo técnica mixta, primero lo hago en papel de arroz y utilizo acrílicos transparentes, le doy seis capas, por lo que mis pinturas tienen profundidad. Utilizo productos garantizados por 99 años para que no se despegue el barniz”.

Además: “hago en metal en bajo relieve el glifo y cuando la pintura está terminada aplico el metal sobre la madera o lienzo”.

Gilda Pontbriand, ganadora del “Premio Ohtli” en 2013, ha expuesto su obra en cerca de 150 exposiciones en Canadá, Estados Unidos, México, Japón, Corea, Holanda. En 2003 fue presidente de la Academia Canadiense de Mujeres Artistas y creó en Ottawa la primera asociación de artistas latinoamericanos.

La alcaldía de Ottawa designó este año, con motivo del 150 aniversario de la Confederación de Canadá, a 150 latinos destacados y Gilda fue uno de ellos. El reconocimiento a su labor altruista se lo entregó el alcalde Jim Watson.

“Llevo 25 años en Ottawa y siempre he hecho labor voluntaria, ya sea por los huracanes en México, las inundaciones en Bolivia o desastres naturales en Centroamérica. He donado pinturas y recaudado fondos”, explicó la artista, quien por varios años iba a las primarias canadienses a enseñar a los niños arte latinoamericano.

Cada principio de año viaja a San Miguel de Allende, Guanajuato, a ser parte del proyecto Casa Esperanza, creado para ayudar a niños de la calle y les da clases de pintura.

“Les llevo pinturas y pinceles pues son hijos de padres de escasos recursos que no hablan español. En mis clases les he hablado de Van Gogh, quien tenía todos los problemas del mundo. Les dije que cada que tenga un problema se pongan a pintar. Un niño de ocho años, muy callado, pintó un girasol que tres personas lo querían”.

Además de darles clases, la pintora promueve las obras de los niños entre sus amistades canadienses. “El año pasado se vendieron tres pinturas de mariposas y este año se vendieron 15 cuadros”.

A pesar de tener problemas de salud que la obligan a estar en reposo por muchas horas, la artista no deja de pintar ni de enseñar. Promueve en cada cuadro los glifos mayas, el calendario azteca y la cultura mexicana.

“He logrado que tanto los niños en las escuelas canadienses como los adultos que se interesan en mi arte conozcan nuestra cultura y la belleza del arte a través de la pintura”, añadió la artista mexicana.

sc

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