"El joven Fernando Botero" recuerda los primeros pasos del artista

"Su viaje a México le da en un momento crucial en su producción", sostiene el curador de la exposición Cristian Padilla
"El joven Fernando Botero" recuerda los primeros pasos del artista
Foto: Notimex
10/08/2018
15:08
Notimex
Bogotá
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La exposición titulada: “El joven maestro. Botero, obra temprana (1948-1963)”, que se encuentra en el Museo Nacional de Colombia, es un paseo visual maravilloso del inicio artístico de uno de los pintores más importantes del último siglo de este país suramericano.

El curador de la exposición Cristian Padilla, en entrevista con Notimex, aseguró que esta muestra plástica, que hace parte de los primeros 32 años de su producción artística “es una sorpresa para el espectador porque va a encontrar un Botero desconocido, un Botero inédito”.

Es la primera vez que se hace una exposición de todas las piezas del periodo formativo de Botero que pretende mostrar el proceso de formación de su estilo, que es tan característico en el mundo, que es tan reconocible en cualquier país del mundo, pero se desconoce cuáles son las distintas influencias o los distintos periodos juveniles por los que él atraviesa antes de llegar a su propio estilo”, explicó.

En la exposición destaca la pintura Bodegón con mandolina, “que recuerda la anécdota de cómo, por casualidad, Botero descubrió el volumen, al pintar de manera muy reducida el orificio de la caja de resonancia de ese instrumento musical, lo que hizo que la forma pareciera crecer de manera inesperada”.

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Estos ejercicios formales “continuarían con la experimentación de detalles de la figura humana, como los ojos o las bocas de sus personajes, hasta que el artista consolidó ese lenguaje tan característico de figuras que parecen pesar, pero que realmente levitan por la gracia de la pintura”.

La obra La camera degli sposi (Homenaje a Mantegna) II, "es un préstamo del Hirshhorn Museum de Washington con el apoyo de la embajada de Estados Unidos en Colombia, y es un verdadero privilegio contemplar esta obra por primera vez en Colombia.

Según el curador esta obra no se había mostrado al público desde hace 30 años y para lograr tenerla en Bogotá “fue necesario una logística compleja por su tamaño. La pieza estaba en reserva en el instituto de Washington”.

A juicio de Padilla, el artista colombiano a los 16 años ya tenía interés por pintar obras con volumen. Sin embargo, esa forma va cambiando en distintos momentos de sus creaciones, pero el viaje de Botero a México, fue crucial para que el artista fuera definiendo su estilo.

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Las búsquedas de Botero abarcaron el nacionalismo mexicano de los muralistas como Rivera, Siqueiros y Orozco, la figuración agitada y expresionista de los pintores norteamericanos, así como las lecciones de Paul Gauguin o Pablo Picasso.

Además de otros grandes maestros de la historia del arte universal como Giotto, Masaccio, Ucello, Piero della Francesca, Veneziano, Andrea del Castagno, Diego Velázquez, Juan Sánchez Cotán o Jean Siméon Chardin, entre otros.

“Su viaje a México le da en un momento crucial en su producción. Por un lado, se aleja un poco de la estética del moralismo mexicano, pero se apropia de la pintura de Rufino Tamayo y de otras influencias. Por ejemplo, Botero en México revisa las esculturas precolombinas, las cabezas Olmecas”.

En México, “ya hay un atisbo de lo que va a ser Botero en los siguientes años. Muy especialmente –a través- de una serie de mandolinas. Él tiene una experiencia muy particular, tiene como una especie de ser endivia, al hacer el volumen de una mandolina, le hace un punto muy delgado, muy pequeño en el centro y cuando se aleja, se da cuenta que la obra se ha vuelto monumental. Utiliza un lenguaje muy cercano al trabajo con las mandolinas, pero para la anatomía humana”.

“En el 56 y 58, ya decimos ese es Botero”. Padilla sostuvo que Botero madura como artista plástico en México, un país donde los artistas jóvenes en esa época de mitad del siglo pasado se inspiraron tremendamente de la cultura mexicana.

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Botero llega a México “como de rebote porque ya hay artistas colombianos consolidados como Pedro Nel Gómez o Ignacio Gómez Jaramillo, que son artistas muy cercanos a México, y además amigos personales de Diego Rivera, de Siqueiros, de Orozco, entonces siempre hay una influencia soterrada al principio, y por eso mismo la intención de Botero de viajar a México y aprovechar para conocer directamente su cultura”.

“La experiencia de Botero en México definitivamente contribuyó a la consolidación de su estilo”, enfatizó el curador de la exposición que irá hasta octubre próximo.

Pero el joven Botero también busca su propio estilo en Europa, donde viaja en 1952, después de haber ganado el premio en el Salón Nacional en Colombia. Y es en el viejo continente, donde se fija en el “renacimiento, en la obra de Paolo Uccello, de Piero della Francesca y además en la textura de algunos teóricos como Roberto Longhi, y Bernard Berenson”.

La exposición hace parte de la conmemoración de los 70 años del comienzo de la producción artística de Fernando Botero y “busca reconocer la importante contribución del pintor antioqueño a la historia del arte colombiano y universal”.

nrv

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