El particular drama de "Clausura del amor" deja su huella en el Cervantino

Una pareja de actores rompe su matrimonio después de tres hijos y después del amor; dos horas antes de que se abra el telón, Audrey y Pascal se confiesan, uno al otro, por qué el amor ha terminado
(Foto: Yadín Xolalpa/ EL UNIVERSAL)
21/10/2017
11:41
Guanajuato
Alida Piñón/enviada
-A +A

Una pareja de actores rompe su matrimonio después de tres hijos y después del amor. Dos horas antes de que se abra el telón, Audrey (Audrey Bonnet) y Pascal (Pascal Rambert) se confiesan, uno al otro, por qué el amor ha terminado. 

La obra "Clausura del amor" del artista francés Pascal Rambert se presentó la noche de este viernes en el Teatro Juárez de esta ciudad, en el marco del Festival Internacional Cervantino.

En "Clausura del amor" el amor y el desamor atraviesan un camino intelectual para convertirse en palabra. La visceralidad, la sinrazón, el desasosiego de los que han dejado de amar y el colapso emocional de los que han dejado de ser amados por el otro, no forman parte de este derribo sentimental entre dos que alguna vez se amaron. 

Para dramas, los de los latinoamericanos. En un algún momento, Pascal le encaja en el pecho una verdad a Autrey: su cuerpo, su pecho, sus ojos, ya no le provocan nada. Nada. Acaso frío, indiferencia. La Nada. La audiencia mexicana ha escuchado mejores versiones de esa brutalidad en cualquier canción de la música popular. Y en expresiones que van del bolero a la banda norteña, peores cosas han podido decirse dos que se han abandonado.  

La obra escrita y dirigida por Rambert se había anunciado como uno de los platos fuertes de esta edición del Cervantino. Las referencias y la crítica daban fe de una obra de probada manufactura, estrenada en 2011 en el Festival de Aviñón, uno de los encuentros culturales más relevantes de su ámbito. 

Lámparas blancas, un escenario abierto, vacío; sin música, sin más escenografía que las parades del teatro. Ningún artificio. Sólo la palabra y dos actores sosteniendo dos monólogos de una hora cada uno, una hora en la que uno habla y el otro actúa con el cuerpo, con un silencio que lo dice todo aunque no se haya dicho nada. 

Esta obra que se ha llevado a países como Rusia, Italia, Croacia, Alemania y Estados Unidos, y que se ha traducido a once idiomas, se presentó en México en 2014 bajo la dirección de Hugo Arrevillaga en el Teatro El Granero, con las actuaciones de Arcelia Ramírez y Anton Araiza. 

Ahora, para el FIC se ha presentado en su idioma original y la reacción ha sido opuesta a lo que un texto dramático debería provocar. Y mientras en Moscú los hombres se salen del foro y en Italia las mujeres del público piden muerte al protagonista, en Guanajuato la risa invadió la sala. Quizá la traducción abonó a una respuesta contraria a la que se buscaba.

Y no sólo eso, si bien es una reflexión del amor, de la condición humana, de las motivaciones del ser para amar, de las razones para dejar de amar; el texto pierde fuerza ante una serie de lujares comunes como que el hombre es menos articulado para expresar emociones y la mujer, tras el drama sentimental y cursi, es, en la última escena de una historia, la que marca el punto final.

ae

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

Comentarios