Batallas ideológicas toman el Cervantino

Guanajuato. —En Todo saldrá bien (1) Fin de Luis todo es intensidad, pasión, emociones desbordadas, lucha de ideas e ideologías; revoluciones. Es la Francia de 1789, pero también cualquier país en la época actual. Sobre el escenario hay una puntual observación al hecho político y a la política, pero, ante todo, a los conflictos humanos.
FOTO: Cortesía FIC.
28/10/2017
10:30
YANET AGUILAR SOSA Enviada
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Guanajuato. —En Todo saldrá bien (1) Fin de Luis todo es intensidad, pasión, emociones desbordadas, lucha de ideas e ideologías; revoluciones. Es la Francia de 1789, pero también cualquier país en la época actual. Sobre el escenario hay una puntual observación al hecho político y a la política, pero, ante todo, a los conflictos humanos.

 

Actores que son políticos, políticos que son actores, seres humanos que luchan por el poder, que buscan derrocar el poder establecido y conformar un nuevo orden; pasiones humanas exploradas y explotadas en una obra nacida de un hecho real ocurrido en Francia a finales del siglo XVIII, pero que retrata las batallas ideológicas de cualquier época.

 

La puesta en escena de la Compagnie Lous Brouillard de Joël Pommerat es una ficción política contemporánea inspirada la Revolución Francesa de 1789; una mirada amplia a los impulsos humanos que buscan derrocar el poder; una exploración a las relaciones entre el hombre y la sociedad, los ciudadanos y sus representantes; es una revisión a la lucha por la democracia.

 

La obra que se presentó ayer en el Teatro Principal en el marco del Festival Internacional Cervantino ocupa el escenario y la sala completa, los 14 actores en escena suben y bajan del escenario, toman el estrado, vociferan, se enfrentan con ideas y a golpes; entran y salen, gritan, aplauden, abuchean, exigen la integración del pueblo en la Asamblea Nacional, pero también enarbolan valores humanos como la libertad, la justicia y la igualdad.

 

La violencia, el coraje, la justicia, la legitimidad del poder, la soberanía popular son emociones, ideales y pasiones que se cruzan durante las cuatro horas y media que dura está pieza, que como todas las obras de Joël Pommerat, son escritos y creadas sobre el escenario.

 

Sobria en escenografía, igual que el vestuario, la obra se mueve poco, la intensidad recae en los actores, en sus múltiples papeles interpretados, en las actuaciones.

Los escenarios puede ser la residencia del rey y el gobierno en Versalles, la sala de los Estados Generales o los distritos electorales y asambleas de barrios de París.

 

Es el espectáculo de gran formato que Joël Pommerat, él quería abordar las ideas y las ideologías, que encontró en el más intenso y más rico episodio en la historia de Francia, la Revolución Francesa. Sin embargo no es una obra sobre la gesta mítica de esa batalla, sino un espectáculo sobre el hecho político, sobre la luchas de ideas, más que un episodio de la política.

 

Para adentrarse en esos hechos, tanto los actores como la producción del montaje se documentaron muchísimo. Leyeron muchos libros sobre la época, sobre la política de esos tiempos, vieron muchas películas sobre la Revolución Francesa, pero también cintas en torno a otras revoluciones. Y eso se siente en la obra.

 

El texto es muy importante, pero no más importante que el trabajo actoral, que la energía de los actores, su presencia, las pasiones, los cuerpos. Es una obra hasta visceral, que surge de las entrañas, que habla desde el ser político.

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