Antifeminista, creyente, lectora, escritora, humanista y fumadora: Emma Godoy

La libertad de pensamiento fue siempre el credo de la autora, de quien este 25 de marzo se cumplen 100 años de natalicio. Especialistas invitan a que su obra sea leída y estudiada
24/03/2018
00:21
Yanet Aguilar Sosa
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Emma Godoy fue una ensayista, narradora y poeta que brilló con luz propia a lo largo de su vida creativa, sin embargo, a 100 años de su nacimiento, que se cumplen mañana, la intelectual mexicana que fue la más importante defensora de la dignificación de la vejez es una figura poco conocida y estudiada.

Godoy (Guanajuato, 25 de marzo de 1918) fue una mujer de letras, una escritora que luchó por tener una formación académica sólida y voz propia. Estudio en el Instituto de Cultura Femenina y en la Escuela Normal Superior de la Ciudad de México, donde obtuvo el título de maestra en Lengua y Literaturas Españolas.

Posteriormente ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde obtuvo el doctorado en Filosofía, a la par que estudiaba las licenciaturas de Psicología y Pedagogía. No satisfecha con eso, viajó a París para realizar cursos adicionales de Filosofía en La Sorbona, y de Historia en la École du Louvre.

Sara Poot-Herrera dice que Godoy fue lectora y fue escritora. “Discípula y maestra. Fue creyente y creadora. Fue digna y dignificó las etapas de la vida; sobre todo de la edad donde se juntan las horas: la vejez. Fue humana y fue humanista. Fue pensadora y fue práctica, activista. Fue independiente, impulsada por su propia libertad en su hacer, su pensar”.

La doctora en Literatura Hispánica por El Colegio de México y profesora de la Universidad de California asegura que esta “pausa” entre los libros y lectores de Godoy podría llenarse con la “arena” propia de sus escritos que —a los 100 años de su nacimiento— sorprenden por su actualidad.

“Pienso, entre otros de sus textos, en Érase un hombre pentafácico, título más que atractivo por cómo suena, por lo que sugiere. Fue mujer de palabras y de palabra”, señala la integrante de la Academia Mexicana de la Lengua correspondiente a Yucatán.

Elvira Hernández Carballido, quien desde hace 30 años se dedica a buscar historias de mujeres, llegó a Emma Godoy a través de otra poeta Margarita Michelena. En esa búsqueda ha llegado a conclusiones como, por ejemplo, que Godoy siempre se declaró antifeminista y tenía debates interesantes en torno al tema.

“Pese a ser una mujer que estudió en la universidad, que su propia vida es un ejemplo de la autonomía femenina, de la libertad y el empoderamiento, no coincidía con el feminismo, creía que las feministas buscaban el libertinaje ‘de la cintura para abajo’. A su juicio, la verdadera liberación de la mujer se lograba cuando se tomaban decisiones de la ‘cintura para arriba’, cuando se preocupaba por su intelecto, por educarse, cuando pensaba y razonaba sus decisiones”, dice.

La profesora-investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo indica que la poesía de Godoy fue publicada en diversos libros y afirma que coincide con Margarita Michelena, quien señalaba que se trata de una escritura que para su época no era común entre las mujeres.

“Ella y Godoy coinciden cuando al escribir poesía su inspiración se caracteriza por: transitar en el camino del yo, en la búsqueda del ser y de Dios; en dialogar con Dios; se siente parte de él y experimenta una gran felicidad al poder hacerlo; expresar sentimientos de constante inconformidad por saber los pormenores de su existencia, ella quiere respuestas, pero cuando las encuentra, el dolor también se apodera de sus versos”, afirma Hernández Carballido.

Poeta en diálogo con Dios. Emma Godoy fue profesora de la Escuela Normal Superior, de la Escuela Nacional de Maestros y de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue asesora de la Sociedad Mexicana de Filosofía. Además fue presidenta honoraria del Ateneo Filosófico de la Universidad Panamericana y miembro de la Academia Internacional de Filosofía del Arte, con sede en Suiza.

La autora de Pausas y arena, El artista y su creación, Que mis palabras te acompañen y Érase un hombre pentafácico, novela por la que The William Faulkner Foundation de la Universidad de Virginia le concedió el Iberoa-American Novel Award en 1962, encontró en la poesía la posibilidad de hablar de la religiosidad, de ella y de la humanidad.

“Su religiosidad fue sustento de sus escritos de distintos géneros y propuestas. Habló de la creación, del origen y del Apocalipsis. Mujer de decisiones y convicciones, mujer agradecida por la mujer tarasca que se dio toda en el cuidado de la niña Emma”, afirma Poot-Herrera.

Agrega que Emma Godoy fue luchadora por los derechos humanos. “Denunció la violencia contra la mujer y aprovechó su voz en la radio, su escritura en sus libros, para hablar de afectos y desafectos, de los ‘bienes terrenales’ y las gracias y desgracias del ser humano”.

Hernández Carballido dice que es admirable escuchar sus comentarios en radio. “Tenía un discurso argumentativo que dominaba con bastante soltura y talento, lograba persuadir a sus escuchas. He podido leer, en los comentarios que hace la gente que vuelve a oírlos, la manera en que evocan su infancia, porque la escuchaban en casa de sus padres. Recuerdan la manera en que influía en ellos, cómo esperaban escucharla cada día”.

Y es que ambas estudiosas celebran la participación de Emma Godoy en programas radiofónicos de la XEW y que fue fundadora y presidenta de la asociación Dignificación de la Vejez, que creó en 1973, y que para 1979 se convertiría en el Instituto Nacional de la Senectud (INSEN), que cambió su nombre a Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores.

Al rescate de una mente lúcida. “Se van a cumplir 100 años del nacimiento de Emma Godoy, ¿por qué se sabe tan poco de ella, por qué no hay muchas tesis ni estudios sobre su obra, por qué casi nadie la recuerda o conoce? Sencillamente porque seguimos viviendo en un sistema patriarcal, un sistema que sigue considerando a las mujeres seres inferiores, invisibles, sencillas de olvidar”, afirma Elvira Hernández Carballido.

Lo confirma la ausencia de reediciones de su obra en librerías. Los dos libros más recientes editados por el Fondo de Cultura Económica no han sido reimpresos: Cuentos del mundo, una compilación de narraciones que la autora fue reuniendo de sus viajes por el mundo, ilustrado por Fabricio Banden; y Sombras de magia. Poesía y plástica, que condensa sus ensayos.

Sin embargo, la editorial mexicana ha comenzado a celebrarla, el pasado miércoles, el FCE inauguró en Irapuato, Guanajuato, su librería número 16 con el nombre de Emma Godoy, la cual tiene capacidad para albergar 50 mil volúmenes.

Godoy tiene todos los méritos para ser estudiada. Colaboró en publicaciones como Ábside, Cuadernos de Bellas Artes y El Libro y El Pueblo. Obtuvo varios premios, como el Internacional Sophia en 1979, otorgado por el Ateneo Mexicano de Filosofía, y el Premio Ocho Columnas de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

Elvira Hernández Carballido dice que una línea de estudio en torno a Godoy fue por qué murió y cómo se decidió que sus restos fueron llevados a la Rotonda de las Personas Ilustres. Encontró que en uno de los tantos homenajes que le hicieron se le describió como multifacética, antifeminista, solterona feliz y fumadora empedernida. Ahí descubrió que fue precisamente este vicio el que provocó que falleciera. Murió el 30 de julio de 1989 y en 2005 sus restos fueron llevados a la Rotonda.

Sus colegas y amigos la consideraban una gran mujer que hizo de la libertad del ser humano tema de su obra y su labor social.

Sara Poot-Herrera asegura que Emma Godoy “nunca fue concesiva y antepuso siempre su ética personal. Fue leída en algunos círculos, poco en otros, y nada por muchos. A sus cien años podríamos re-empezar o empezar”.

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