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Pañuelos y abanicos: el mensaje del amor

El historiador Iván Leroy Ayala asegura que, en los dos siglos anteriores, las mujeres se comunicaban de manera clandestina también con flores
Domingo 31 de diciembre de 2000 Elda Maceda | El Universal

Al estudiar las formas de comunicación que los dos siglos anteriores utilizaron las mujeres con pañuelos, abanicos y flores, lo interesante es darnos cuenta de qué manera clandestina nos comunicamos ahora, plantea el historiador del arte .

Autor de los ensayos ?Tantos años de marquesa... o el lenguaje del abanico, ?El tejido de la melancolía o el lenguaje del pañuelo y ?El lenguaje de las flores. Los nombres de la rosa?, el investigador propone una apreciación distinta de las obras dedicadas al retrato mexicano de los siglos XVIII y XIX, en la colección permanente del Museo Soumaya.

El curador llama la atención sobre los personajes que, apunta, parecen desnudar con su mirada a quien ingresa al museo mencionado. Leroy, una de las personas que con mayor detenimiento ha observado esta serie de cuadros, proporciona claves para entender la simbología que se denota en las obras mencionadas y complementa su indagación con citas de poetas como Octavio Paz, José Martí y Pablo Neruda, entre otros autores que aluden al pañuelo, a las flores o al abanico.

Leroy Ayala recordó que de la misma manera que en la Edad Media los juglares transmitían, incluso frente al enemigo, las noticias en lenguaje cifrado, las abuelas y bisabuelas mexicanas de la clase pudiente, desarrollaron una comunicación que por lo general aludía a la materia amorosa.

?Al consultar libros del siglo XIX nos damos cuenta lo lejanos que estamos de todo ese lenguaje de la clandestinidad, por medio del cual muchas mujeres se comunicaban o transmitían mensajes de una profundidad erótica capaz de escandalizar a cualquiera de nosotros?, comentó el investigador.

?En efecto, quizá ya no carguemos el pañuelo, pero seguimos en el café ilustrando servilletas, pintando palomitas, flores y regalándoselos a la mujer que queremos cortejar. Seguimos escribiendo poemas, incurriendo en algunos espacios de libertad que no están maniatados por los medios de comunicación, que no están pervertidos por el mal gusto, sino a lo que nuestro criterio de salvaje imaginación nos permite?. El pañuelo y el abanico, describió, son ornamentas para momentos sociales de divertimento, de lujo y de exhibición. Al indagar sobre las flores, refirió, fue necesario consultar fuentes mucho más anteriores que las del abanico y el pañuelo.

?En el siglo pasado era muy común entre los bibliófilos y la gente común la lectura de los florilegios o los libros llamados Flores de mayo .?

Los primeros días de ese mes que se consagra a la Virgen María, las niñas devotas juntaban ramilletes de flores que correspondían a cada día y las regalaba a los vecinos de puerta en puerta, y el último día de mayo se hacía una fiesta en donde se conjuntaban los símbolos de todas las flores, explicó.

Si bien el abanico y el pañuelo corresponden a una clase social alta, la de ofrendar flores constituye una práctica que abarca prácticamente a todos los estratos.

Regalar flores amarillas significa desprecio, refirió Iván Leroy para luego plantear que resulta una buena práctica revisar la manera en que los artistas cambian el significado de los colores y las flores a través del tiempo. Recordó que las flores más cotizadas en materia de pintura las podemos apreciar en ?Los girasoles?, de Vincent van Gogh, las cuales tienen el color amarillo, que entre nosotros significa desprecio.

En una breve referencia a los significados, puede decirse que regalar flores con espinas significa una ruptura; obsequiar flores sin espinas es sinónimo de esperanza; mirar las iniciales en el pañuelo era igual que decir ?He leído tu carta?; anudarlo por toda la mano cifraba el mensaje ?Te adoro con el alma?; golpear la palma de la mano con el abanico tenía una sola palabra como significado, ?Amame?.

?Lo que es una ley normal y una constante maravillosa es que cuando una mujer se llevaba a la boca una flor cualquiera o el abanico y los mordía de una manera sensual o los pasaba entre sus labios, casi en todas las culturas significa que sí?, refiere el investigador.

Las fuentes que Iván Leroy utilizó para realizar la investigación provienen ?como diría Francisco Gabilondo Soler?, del ropero de la abuela, ?donde es posible encontrar cartas, postales y textos inéditos del siglo pasado?.

?Esta es una enseñanza que si bien no nos sirve para comunicarnos hoy, sí nos son útiles para saber de dónde provenimos?, afirmó Leroy quien finalizó al decir que ?este tríptico de textos encierran una invitación para redescubrir las posibilidades de lenguajes alternativos de los tiempos que vivimos?.



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