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Angelina Beloff, más allá de la leyenda

Además de la historia de amor y abandono con Diego Rivera, está la obra de una creadora que creyó en la función social del arte, una consigna de su tiempo

"Angelina Beloff: Trazos de una vida", se inaugurará el 29 de febrero a las 19 horas en el Museo Mural Diego Rivera. Alma Rodríguez Ayala.

"Pastillita" es una marioneta creada por la rusa, personaje que en el teatro guiñol Beloff dio vida. Alma Rodríguez Ayala.

En esta muestra están 90 obras, entre óleos, acuarelas, grabados, fotografías, impresos, títeres, gouaches y dibujos. Alma Rodríguez Ayala.

Diego Rivera con Angelina Beloff en Brujas, 1909. Ella fue la primer mujer del pintor mexicano. Cortesía Museo Mural Diego Rivera.

"Calle de Guanajuato", pintada por la artista en 1950 con la técnica de Gouache sobre papel. Cortesía Museo Mural Diego Rivera.

"Jalapa. Parque", relizada en acuarela y gouache sobre papel; de la artista rusa. Cortesía Museo Mural Diego Rivera.

Angelina Beloff, más allá de la leyenda

PAREJA. La relación de Angelina Beloff y Diego Rivera duró 12 años (de 1909 a 1921), tiempo en el que ella se vinculó con México. (Foto: ALMA RODRÍGUEZ I EL UNIVERSAL Y CORTESÍA MUSEO MURAL DIEGO RIVERA )

Viernes 24 de febrero de 2012 Sonia Sierra | El Universal
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ssierra@eluniversal.com.mx

La leyenda de la mujer abandonada o la del amor eterno que nunca se olvida han simplificado la obra de la artista rusa Angelina Beloff. Resarcir aquello es uno de los propósitos de la exposición Angelina Beloff: Trazos de una vida que se inaugurará el 29 de febrero a las 19 horas en el Museo Mural Diego Rivera.

Bellof (San Petersburgo, Rusia, 1879-ciudad de México, 1969) es más conocida por haber sido la primera esposa de Diego Rivera y madre de su único hijo (muerto en 1919) o porque fue la mujer que se quedó abandonada en París cuando él volvió a México en 1921.

¿Cuánto hay de leyenda en esa historia? Las respuestas no están en la exposición. En esta muestra están 90 obras, entre óleos, acuarelas, grabados, fotografías, impresos, títeres, gouaches y dibujos que permiten conocer esas otras facetas de Beloff: retratista, paisajista, educadora, grabadora, ilustradora, escenógrafa y titiritera.

“Desde hace 20 años la historiografía del arte moderno mexicano se ha preocupado por estudiar las corrientes artísticas, los otros artistas y hechos que van de la mano de las grandes figuras del Muralismo, porque esos artistas fueron tan grandes que dejaron atrás a otros”, explica la curadora e historiadora Mireida Velázquez.

En el caso de Angelina Beloff, su obra ha sido eclipsada por el personaje de Rivera, pero también por las otras esposas del pintor: Lupe Marín y Frida Kahlo, y además porque “ser mujer en la época en que le tocó trabajar hacía difícil que su obra trascendiera por encima de cierta leyenda en torno a su vida personal”, dice la curadora.

Los años en México

Beloff llegó a México en 1932. La relación de 12 años con Rivera (de 1909 a 1921) la había vinculado a este país, y fue así como conoció y compartió también con David Alfaro Siqueiros, Adolfo Best Maugard, Ángel Zárraga, Roberto Montenegro; construyó grandes amistades con creadores como Lola y Germán Cueto, Alfonso Reyes y su esposa Manuela. Apoyada por estos amigos vino a México. Nunca se volvió a casar y acerca de sus encuentros con Rivera, se sabe que fueron mínimos aquí.

Por ejemplo, opina Velázquez, Elena Poniatowska en Querido Diego te abraza Quiela dice que ella vino a México y que alguna vez en Bellas Artes, Diego Rivera pasó de largo sin reconocerla... eso suena bonito, pero dudo que ocurriera así por mil razones. Desde el principio dijimos no queremos una historia triste, esa historia que crea un poco Poniatowska. Nos interesa la artista, los años de trabajo”.

Lo que sí es claro, coinciden la curadora y la directora del Museo Mural, Monserrat Sánchez, es que en México fue donde Angelina produce la mayoría de su obra y explora otros caminos: desde la docencia, como maestra de dibujo, hasta nuevas técnicas de grabado -fue integrante de la LEAR, Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, fundada en 1933 por Leopoldo Méndez- y la creación de títeres de guiñol.

No hay muchos detalles en las memorias de Beloff acerca del trabajo como maestra. Para dar cuenta de ello en la exposición fueron más reveladores ciertos expedientes burocráticos de la SEP en torno a cómo enseñaba. Mientras trabajó en esa Secretaría, escribió un libro en torno de la confección de títeres. Esta publicación, ejemplares de la revista Chapulín, que ella ilustraba, al igual que cuatro títeres de guiñol que creó -por ejemplo “Pastilla”, diseñado a partir del personaje de Miguel N. Lira- estarán en la exhibición.

“Sí, está aquí una pintora súper académica, con cierto conocimiento de las vanguardias, pero también una pintora preocupada por algo que incidiera en la realidad social; el ir a las escuelas nocturnas a enseñar dibujo, a enseñar a confeccionar a los niños y adultos para que también tuvieran un medio de vida, habla de otra preocupación de este grupo de los Cueto, de Leopoldo Méndez, ella misma; todos estuvieron comprometidos, ponían de su dinero incluso”, afirma Velázquez.

La muestra actual

“Esta es una exposición que hacía falta”, dice la directora del Museo Mural Diego Rivera. Sánchez describe que la muestra está dividida en tres núcleos, que inician con su llegada a París, “donde conoció a este grupo de mexicanos, la élite de la intelectualidad mexicana, que vivía en Montparnasse”.

El primer núcleo de la muestra da cuenta del contexto, así como de retratos que Rivera y Beloff hicieron uno del otro: un dibujo creado por ella, sin fecha, y la pintura que Rivera hizo y que fue prestada para la muestra por el Museo Dolores Olmedo. Lo que sigue en la exposición es “Nuevos territorios”, explora lo que Beloff hizo en México: retratos y naturalezas muertas, y finalmente están las otras formas de creación, los títeres que prestó el Instituto Estatal de Cultura de Tlaxcala.

En México, explica la curadora Mireida Velázquez, Beloff produjo la mayor parte de su obra y en este país su pintura cambió a la luz del nuevo contexto cultural.

“Siguió sobre el paisaje, pero fue en México donde retrató el paisaje urbano, se hizo mucho más observadora de la gente... A nivel formal, experimentó con otras técnicas; hizo un buen clic con la cultura mexicana. A lo mejor es de esos artistas que no entraron a los grandes muros, a la epopeya mural que hubo en México, pero sí a un nivel de conciencia social, convencida de que el arte tiene una función y que debe ayudar a la gente”.

Las obras de la exposición provienen de los museos de Arte Moderno, Nacional de Arte y Dolores Olmedo, de colecciones particulares y de Guanajuato.



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