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Tras el rastro de Tláloc por el país

Especialistas de la UNAM alistan una publicación con sus hallazgos

Pieza que representa al dios de la lluvia cuyos elementos distintivos son las anteojeras, bigotera o colmillos. Cortesía María Elena Ruiz

Imagen de la pieza "Olla Tlaloc con mascarón" perteneciente a la cultura Mexica, durante la exposición "Seis Ciudades Antiguas de Mesoamérica. Sociedad y Medio Ambiente" en el Museo Nacional de Antropología. Archivo/EL UNIVERSAL

Códice Borgia. Manuscrito mesoamericano escrito antes de la Conquista en Puebla. El códice tiene representaciones del dios Tláloc. Cortesía María Elena Ruiz

Altar prehispánico dedicado al Dios de la Lluvia, mostrado por arqueólogos mexicanos quienes lo encontraron durante las excavaciones de la etapa cuatro del Templo Mayor en Ciudad de México. Archivo/EL UNIVERSAL

Lápida representativa de Tláloc, hallada también en excavaciones en Templo Mayor. Archivo/EL UNIVERSAL

Detalle de pintura mural que representa al dios de la lluvia. Cortesía María Elena Ruiz

CARACTERÍSTICAS. Dos anteojeras, una especie de bigotera y unos colmillos que presentan una lengua bífida o un lirio sobre la boca (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL Y CORTESÍA MARÍA ELENA RUIZ GALLUT )

Martes 24 de enero de 2012 Abida Ventura | El Universal
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abida.ventura@eluniversal.com.mx

Desde el norte del país, pasando por el altiplano central y hasta el área maya. Las huellas del dios Tláloc están presentes en todo México.

Esa idea la tiene muy presente el grupo del seminario “Tras las Huellas de Teotihuacán: el Emblema de Tláloc en Mesoamérica”, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, que con más de tres años de trabajo ha logrado reunir una base de datos con imágenes de piezas arqueológicas dedicadas o que hacen referencia al dios de la lluvia, así como información sobre la importancia, presencia y vigencia de Tláloc en Mesoamérica.

Ollas, estatuillas, dinteles y motivos arquitectónicos provenientes de todas las culturas mesoamericanas figuran en el catálogo de piezas que el grupo de investigadores, entre arqueólogos, antropólogos, epigrafistas, lingüistas e historiadores del arte encabezados por la investigadora María Elena Ruiz Gallut, sacará a la luz en una próxima publicación que incluye entre 13 y 14 artículos sobre las investigaciones que se discuten en el seminario.

La edición, editada por la UNAM y prevista para publicarse este 2012, incluirá las imágenes de casi mil 500 piezas arqueológicas que el grupo de investigadores ha localizado en bodegas de distintas zonas arqueológicas y de museos pertenecientes al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

“La idea fue buscar en los acervos información sobre piezas arqueológicas que hicieran referencia, representaran a Tláloc o que tuvieran alguna relación con él”, explicó en entrevista María Elena Ruiz Gallut, quien en 2008 fundó este seminario que hoy está integrado por 35 investigadores de distintas disciplinas, así como alumnos de licenciatura y de posgrado.

“En tres años, los miembros del proyecto hemos buscado en distintos sitios, como Veracruz, Oaxaca, San Luis Potosí y sitios del área maya. Resultado de eso tenemos hasta la fecha un acervo con más de mil 500 piezas que hacen referencia a Tláloc, muchas de ellas no conocidas y no publicadas”, agrega.

Se trata de una base de datos -explica la especialista- que no existía a pesar de las múltiples investigaciones que existen en torno a esta deidad milenaria: “Más que un catálogo, es una base de datos que contiene información gráfica; las imágenes de las piezas incluyen las medidas y su procedencia cultural, ya sea zapotecas, totonacas o mayas. Esa base de datos no existía, por su puesto que ya hay investigaciones sobre la deidad, pero no de manera sistemática. Aquí desde muchas disciplinas se está estudiando el fenómeno cultural que fue y sigue siendo Tláloc”.

Las piezas catalogadas hasta ahora van desde las ollas Tláloc que abundan en los entierros prehispánicos, figurillas y objetos diversos, hasta la imagen del dios vinculada a la pintura mural y a la arquitectura, como relieves o dinteles en la fachada de edificios prehispánicos. Todo cabe en esta base de datos, el requisito a cumplir es que contenga los elementos distintivos de la deidad: dos anteojeras, una especie de bigotera sobre la boca, unos colmillos que presentan una lengua bífida, que es la lengua de los reptiles, o un lirio sobre la boca.

“Es un catálogo que va a tener continuidad, se seguirá alimentando con piezas que se vayan encontrando. Tenemos registradas como 90% de las bodegas del INAH, nos falta mucho que hacer”, afirma Ruiz Gallut, quien asegura que ya alistan el blog del seminario.

El omnipresente

Otro de los resultados de este proyecto fue el montaje de una exposición que da cuenta de la importancia de la deidad. Se trata de Los rostros de Tláloc en Mesoamérica, que se exhibe en el Ex Museo de Sitio de Teotihuacán, en la que la realidad virtual y los vestigios milenarios “traen a la vida a la única entidad mítica que logró ser venerada a lo largo y ancho de Mesoamérica”.

Con la muestra, asegura la investigadora, traemos de vuelta a casa a Tláloc, pues la llamada “Ciudad de los dioses” fue el sitio donde nace esta deidad: “Es en Teotihuacán donde se crea la imagen de Tláloc y de ahí se va a otras culturas”.

Teotihuacán integra a la deidad como tal y de ahí se va al resto de Mesoamérica en sus elementos formales principales: anteojeras, bigotera o colmillos. “En casi seis siglos de auge y esplendor, Teotihuacán logró atraer a personas de diversas culturas, quienes llegaron a participar de sus ceremonias y tomaron elementos culturales, fundamentalmente de la religión, se los llevaron y los adaptaron. Hay, por ejemplo, gente que vino y se llevó estos elementos hasta Copán, Honduras, donde se ha identificado la imagen de Tláloc”, dice Ruiz Gallut.

Así, la representación de este dios del agua, pero también del fuego y del inframundo, está presente en distintas regiones. En el norte representado como la serpiente de lluvia y en el suroeste como el jaguar: “Esto tiene lógica porque del centro de México al suroeste son culturas que viven en ambientes naturales de selva y de agua, mientras que hacia el norte están los grandes desiertos, en donde aparece la serpiente”.

En el área maya, por ejemplo en Uxmal, al norte de Yucatán, los investigadores aseguran que Tláloc se hace presente en un relieve arquitectónico, pero debajo de esta imagen está representado Chaac, el dios maya de la lluvia, que es la representación de Tláloc pero regionalizado y culturalizado.

Una deidad que sigue vigente

En el proyecto está el arqueólogo Sergio Gómez, cuya participación ha sido crucial por la información que ha proporcionado a partir de los trabajos de excavación que realiza en el túnel que corre debajo del Templo de la Serpiente Emplumada, en el que se han encontrado cantidad de restos de cerámica, muchos de ellos dedicados a Tláloc, lo cual, junto con la cantidad de imágenes de Tláloc por todo Teotihuacán, tanto en esculturas como en vasijas y murales, ha llevado a los expertos a pensar que la deidad principal de esa ciudad era Tláloc.

Uno de los múltiples significados de Tláloc es “camino largo bajo la tierra” y hasta el momento en Teotihuacán se han descubierto dos túneles, explica Ruiz Gallut: El que corre debajo de la Pirámide del Sol, con forma de flor de cuatro pétalos; y el de La Ciudadela, donde una gran parte de piezas que se han encontrado está dedicada a Tláloc.

“Por la cantidad de hallazgos, la propuesta de Sergio Gómez es que el túnel está dedicado a Tláloc, porque además tiene que ver con la concepción del mundo: el túnel está por debajo de la tierra, por lo que tiene que ver con el inframundo, en donde Tláloc también tiene sus dominios, y por encima del túnel, Sergio dice que la plaza de La Ciudadela se inunda y de ahí sale la montaña sagrada que es el templo de Tláloc-Quetzálcoatl”, explica.

Al proyecto de Gómez, quien participa con un artículo sobre el Proyecto Tlalocan en la publicación que alista el seminario, se suman algunos referentes a las ceremonias de petición de agua, vigentes en varias regiones, así como el análisis de la evolución de la imagen de Tláloc, desde los tiempos prehispánicos hasta nuestros días.

“Hay alguien que investiga la evolución de la forma, no del significado de Tláloc; cómo va cambiando con el tiempo, desde presentaciones como las ollitas Tláloc hasta cosas muy complicadas”, dice la investigadora, quien agrega que otra aportación será el análisis del emblemático monolito de Tláloc que custodia la entrada del Museo Nacional de Antropología en el DF.

“Esta imagen, tal vez no sea un Tláloc, porque no esta acabada, le faltan las ojeras, o por lo menos la bigotera no lo tiene, y más bien como por una tradición oral se le nombró como Tláloc. En este análisis de las formas de la deidad, vamos a llegar a tocar esta pieza, a partir de la cual diremos sí es o no Tláloc” según los elementos que presenta o no, dice Ruiz Gallut.

Los extensos dominios de Tláloc han llevado a los investigadores a ampliar sus horizontes.

“El proyecto era de tres años, pero volvimos a meter un proyecto en donde además estudiaremos deidades de la lluvia, más allá de lo que se conoce como Mesoamérica, hacia Norteamérica y hacia Sudamérica, en las culturas andinas y preandinas. Esta extensión del proyecto nos permitirá hacer una comparación de Tláloc con deidades del agua”, dice la investigadora.



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