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La revolución visual de Vlady

Un libro del Fondo de Cultura Económica recoge la historia del mural que el pintor de origen ruso creó en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, a lo largo de diez años

Alma Rodríguez

Kibalchich Russakov nació en Petrogrado el 15 de junio de 1920 y murió en Cuernavaca, el 21 de julio de 2005. Alma Rodríguez

No cumplía nueve años cuando empezaron las persecuciones contra sus padres por el delito de oponerse al estalinismo. El futuro pintor cayó bajo el hechizo del arte. Alma Rodríguez

En 1936, la familia logró salir de la Unión Soviética y, después de muchas peripecias, Vlady llegó a México en 1941. Alma Rodríguez

En 1952, junto a los pintores Alberto Gironella y Héctor Xavier, Vlady fundó la Galería Prisse que dio origen a la llamada Generación de la Ruptura. Alma Rodríguez

En 1967, pintó el cuadro monumental “Magiografía bolchevique” que junto a “Viena 19” (1973) y a “El instante” (1981) integra el “Tríptico trotskiano”. Alma Rodríguez

En 2004, el artista donó al Instituto Nacional de Bellas Artes alrededor de 500 obras de un acervo de 4 mil 600; las demás se encuentran en Cuernavaca, a cargo de su sobrino Carlos Díaz, que incluso fue su ayudante cuando hacía los murales. Cortesía FCE

La revolución visual de Vlady

CONTORNO. La obra enmarca la sala principal de la biblioteca, en la que el artista trabajó entre 1973 y 1982. El conjunto de pinturas, hechas al fresco, supera los dos mil metros cuadrados. (Foto: ALMA RODRÍGUEZ AYALA EL UNIVERSAL )

Domingo 23 de octubre de 2011 Sonia Sierra | El Universal
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ssierra@eluniversal.com.mx

Aunque habían pasado años, incluso décadas de que el artista ruso Vladimir Kibalchich Russakova, más conocido como Vlady, terminara de pintar los murales de la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, cada vez que los visitaba probaba con sus dedos la salinidad de los muros. Uno de sus mayores orgullos era que después de tantos años hubieran sobrevivido. El pintor no ocultaba su obsesión por la técnica.

El mural Las revoluciones y los elementos enmarca la sala principal de la biblioteca situada en República de El Salvador 49, Centro Histórico de la ciudad de México, edificio que tuvo usos tan dispares como el de Oratorio de San Felipe Neri en la centuria del XVIII y el del moderno Teatro Arbeu durante el XIX y parte del XX –célebre, entre otras cosas, porque fue el primer teatro con iluminación de gas hidrógeno-.

En la capilla adjunta de la biblioteca Vlady también plasmó otro un gran mural; se conoce a ésta como la sala freudiana y fue lo primero que pintó en el edificio. El fresco fue la técnica elegida por el artista para todas los muros; dedicó 10 años de su vida al conjunto de pinturas que supera los dos mil metros cuadrados en todo el recinto.

“Quería hacer frescos. Es muy difícil el fresco. Es la forma originaria de la pintura: todo lo que fija el color está en el muro, ya no lo borras. Al poner manos a la obra me fue saliendo una concepción muy extraña, tal vez novedosa del fresco. Yo creo que aquí hay unas cien maneras distintas de pintar con colores imposibles que resisten mejor que los de antaño. Tienen treinta años, ya se puede saber”.

Esas palabras de Vlady son parte del relato que da eje al libro Vlady. Las revoluciones y los elementos, del Fondo de Cultura Económica; con edición de textos de Claudio Albertani a partir de una entrevista al pintor y de fotografías de Michel Zabé y Raúl González.

Es una obra dedicada al mural de la sala principal de la biblioteca, donde el pintor se refiere a la forma como creó la obra, a decisiones estéticas y temáticas, a la influencia de personajes de la historia, la política, la cultura, el arte y la literatura que de manera evidente o velada forman parte de la pieza.

El libro está integrado por el relato que hace el artista a partir de una conversación con Joaquín Díez-Canedo, director del Fondo de Cultura Económica, y con Juan Manuel Herrera, director de la Biblioteca, que tuvo lugar en mayo de 2004. En 2003 el propio Vlady propuso al FCE un libro en torno del mural que pintó entre 1973 y 1982.

Acompañan al testimonio del artista fotografías de gran tamaño y detalles específicos, reproducidos con gran calidad en la imagen e impresión. Se despliega al final un biombo formado por fotografías de casi toda la obra. Figura además un texto de Leonardo da Jandra: “Aproximaciones al muralismo total de Vlady”, escrito en 1984 y que el artista quiso llevar al volumen.

En el relato que guarda el libro, Vlady (Rusia, 1920-México, 2005) convierte al lector en un confidente a quien lleva de la mano a visitar los muros, escalar las paredes y observar cada detalle.

La biblioteca blanca, que descubrió a comienzos de los años 70, se convirtió para él entonces en “el sueño de mi vida”. Hacer allí un mural le hizo preguntarse cosas como “¿tengo libertad? ¿La estoy usando? ¿No será que hago concesiones? ¿Para quién pinta uno?”

Autorretratos, referencias a la literatura –al Dr. Zhivago, de Boris Pasternak, a El rey Lear y La tempestad, de William Shakespeare-, una sentida dedicatoria a su padre el escritor disidente Víctor Serge, el número de capas que utilizó para captar cierto tono de amarillo, la visita de intelectuales que se acercaban a ver el proceso de creación de la obra, los temas, personajes, motivos, imágenes que incluyó y las historias que había atrás de cada decisión son narradas por él en estas páginas.

Hé aquí un ejemplo:

“La saga, decíamos, comienza de una manera incierta, confesándose su propio caos, su incertidumbre. O, como diría Pessoa, su desasosiego. Ahí está una góndola o, tal vez, un barco vikingo, con una vela. Todavía no tiene forma. No sé quién es. Si lo vemos en mis dibujos anteriores, es un rey Lear con ritmos fluidos. Pero la boca del perro tiene una lámpara que Isabel compró en Nueva York, de esos que dan luz a los barcos y se ven de las más lejanas neblinas. Abajo hay una boca de tres mandíbulas. Es evidentemente Calibán, el nacimiento de un signo de la infinitud con una maravillosa palmera de Cuba, que es la Utopía de Tomás Moro”.

Un sueño ambicioso

Juan Manuel Herrera, director de la Biblioteca, explica que en esta obra Vlady desarrolló el que es sin duda su proyecto más ambicioso:

“El conjunto, día con día, va ganando más valor en el sentido del conocimiento que se tiene de Vlady y en la difusión de su propia obra que es muy poco conocida. Y no es que esté olvidado sino que el propio Vlady se alejó del mercado de la obra de arte; en su estudio de Cuernavaca dejó 4 mil 600 obras. El propio Vlady narraba que este proyecto lo absorbió por completo”.

Las reflexiones del artista, a dos décadas de haber concluido la obra, son también una suerte de reflexión madura sobre los hallazgos en torno de la estética y posibilidades del arte. Decía:

“Para mí se planteaba un problema: la pintura es el fresco, inicialmente. ¿Qué pasa cuando la pintura deviene pintura sobre lienzos, con otros materiales? Hay que inventar la manera de superponer pinturas, y desde ahí nace una nueva posibilidad de desarrollo de los sentidos humanos, de la óptica, la profundidad, las cristalizaciones. Y la pintura tiene todavía muchas posibilidades. ...Estoy convencido de que el fresco da la oportunidad de hacer toda la pintura del mundo, y que hay que volcar en ello todo lo que tú no sabes, con toda irresponsabilidad”.

Herrera enfatiza que este mural resume el pensamiento y compromiso del artista: “Vlady, desde luego, era un intelectual, un artista comprometido con las ideas, un polemista, de tal manera que él mismo tiene en estos muros un alegato, una reflexión, un homenaje a su padre Victor Serge; es un conjunto muy rico de historia, pero al mismo tiempo de la historia vista por un personaje sinnigual del siglo XX mexicano”.

Conservación

El arquitecto José Ramón San Cristóbal, director general de promoción cultural, obra pública y acervo patrimonial de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, afirma que el conjunta muralístico se encuentra en buen estado.

“En la capilla vamos a hacer unas restauraciones, no se han podido llevar a cabo porque primero hay que corregir las filtraciones de humedades por las lluvias; tan pronto como estén corregidas va a proceder el INBA a restaurar los murales de la capilla. Cuando los murales necesitan limpieza o reparación damos cuenta al Instituto y ellos vienen a restaurar. Se han hecho, que yo recuerde, dos restauraciones, una de ellas a partir de los temblores (de 1985) por unas grietas que aparecieron y otras fueron de limpieza”.

En 2008, cuando se cumplió el 80 aniversario de creación de la Biblioteca, se llevó a cabo una restauración completa del vestíbulo, del sotocoro, y se hizo una limpieza general de todo el mural, para quitar telarañas y polvo.

Con relación a los muralistas mexicanos, San Cristóbal apunta que Vlady dista mucho de ellos. “Lo hizo en una forma diferente. Aquí están las revoluciones Francesa y la toma de la Bastilla, la propia revolución Rusa. Lo que más me impresiona de estos murales es la fuerza, el colorido, el conjunto en su totalidad que arma un tema que abraza, que invade la biblioteca y que hace que el espacio sea una unidad”.

Herrera reconoce que las exigencias de conservación de la obra son mayores: “Al propio Vlady le preocupaba. Cada vez que venía hacíamos un recorrido. Probaba sus murales para saber la salinidad; estaba preocupado de que se ‘comportaran’ adecuadamente, pero siempre salía contento. Fue una suerte de pintor autodidacta en el Hermitage y conocía muy bien a los pintores clásicos y a los pintores del Renacimiento; de tal manera que aquí hay un catálogo de técnicas del fresco”.



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