aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Las selvas de México, en peligro de desaparecer

Queda sólo 10% de ellas. Estuvieron intactas hasta 1940, cuando empezaron a ser taladas. Se trata de los ecosistemas terrestres más biodiversos
Las selvas de México, en peligro de desaparecer

EMERGENCIA ECOLÓGICA. Foto panorámica en la que se aprecia la deforestación implacable que ha sufrido la selva de Los Tuxtlas, en Veracruz, en las últimas décadas. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

Jueves 06 de octubre de 2011 El Universal
Comenta la Nota

De acuerdo con Mariana Chávez Pesqueira, doctorante del Instituto de Ecología de la UNAM, en la actualidad sólo queda 10% de las selvas originales de México, porcentaje que representa alrededor de 2 millones de hectáreas.

“Las selvas estuvieron prácticamente intactas en nuestro país hasta 1940, pero a partir de ese año, gracias a las políticas gubernamentales de colonización y al establecimiento de ranchos ganaderos, empezaron a ser taladas de manera masiva para convertirlas en potreros donde el ganado pudiera pastar”, añade Chávez Pesqueira.

Las selvas altas representan 7% de la superficie terrestre; más de la mitad de ellas se encuentran en el continente americano, sobre todo en la zona del caudaloso río Amazonas; en México representan 10% del territorio nacional y se encuentran en los estados de Chiapas, Oaxaca, Tabasco, Veracruz y San Luis Potosí.

Estos ecosistemas se conocen también como selvas altas perennifolias, bosques tropicales perennifolios, selvas lluviosas o selvas húmedas. Su principal característica es que poseen una vegetación muy exuberante.

Siempre verdes

“Para que un ecosistema pueda llamarse selva alta perennifolia debe tener un clima cálido y húmedo, una temperatura media anual que oscile entre los 22 y los 26 grados centígrados, y abundante lluvia todo el año (una media anual de mil 500 a 3 mil milímetros)”, indica Chávez Pesqueira.

Las selvas altas se encuentran a una altitud que va desde el nivel del mar hasta los mil metros, y se localizan entre el trópico de Cáncer y el trópico de Capricornio. Lo de altas se refiere a que tienen árboles de gran altura; y lo de perennifolias, a que su vegetación no pierde el follaje en los 365 días del año y siempre es verde.

Las selvas son los ecosistemas terrestres más biodiversos del planeta, únicamente comparables con los arrecifes de coral en los océanos.

“Los organismos más abundantes en ellas son los artrópodos (insectos, arañas, crustáceos…), a diferencia, por ejemplo, de las plantas, que solamente representan alrededor de 10% del total de los que las habitan, entre los que hay, además, hongos, algas, mamíferos, reptiles, aves, anfibios, etcétera”, comenta Chávez Pesqueira.

Servicios ecosistémicos

Las selvas prestan varios servicios ecosistémicos: nos proveen de alimentos, agua y materias primas para elaborar productos farmacéuticos y llevan a cabo procesos muy importantes para la estabilidad y el funcionamiento de nuestro planeta, como el secuestro de carbono, la regulación del clima, la purificación de agua y aire, y la polinización de cultivos.

Asimismo, permiten el reciclamiento de nutrientes y la producción primaria de material orgánico, son reservorios de biodiversidad genética y nos proporcionan belleza escénica y la posibilidad de tener experiencias recreacionales y de realizar estudios científicos para conocerlas mejor.

Cuatro estratos

Las selvas altas se dividen en cuatro estratos: 1) emergente, conformado por árboles de más de 40 metros de altura; 2) dosel, donde se ubican otros árboles de gran altura y muchas plantas epífitas y lianas; 3) sotobosque, donde hay árboles y plantas más pequeños, y helechos arborescentes; y 4) piso, donde se encuentran algunas herbáceas, helechos y una riquísima variedad de microorganismos.

La regeneración natural de las selvas depende principalmente del proceso conocido como dinámica de claros, en el que debido a la caída de árboles (por muerte natural o viento) se abre un espacio en el dosel que permite la entrada de luz al piso de la selva (a donde sólo llega 1% de toda la luz que reciben los estratos superiores) y, por consiguiente, la germinación y el crecimiento de nuevas plantas.

“Primero aparecen las plantas llamadas pioneras, que tienen ciclos de vida y crecimiento rápidos; después, éstas son reemplazadas por especies tolerantes o primarias, es decir, los grandes árboles que crecen lentamente y viven a lo largo de muchos años”, dice Mariana Chávez Pesqueira.

Desde que se forma un claro en una selva por la caída de árboles hasta que ésta vuelve a alcanzar la madurez pasan de 60 a 140 años, y aproximadamente 6% de las selvas altas es ocupado por claros en diferentes estadios de regeneración.

Fragmentación

Chávez Pesqueira señala que las zonas selváticas del país se vieron afectadas en la década de los 50 del siglo pasado por la construcción del ferrocarril del sureste y de varias presas hidroeléctricas, así como por la expansión de la red carretera y de la industria petrolera.

“Además, a partir de la reforma agraria, una vez que se agotaron las tierras agrícolas disponibles, el gobierno mandó a la gente a las selvas.”

De este modo, regiones (selvas) como La Huasteca, en San Luis Potosí, Los Tuxtlas, en Veracruz, y Bonampak, en Chiapas, sufrieron un deterioro tan grande que actualmente viven lo que podría denominarse una situación de emergencia ecológica por su alto grado de fragmentación.

“Por ejemplo, 75% de la selva de Los Tuxtlas -donde la Universidad Nacional cuenta con una estación de investigación biológica- ha desaparecido; 20% está constituido por fragmentos aislados; y únicamente 5% por áreas grandes y protegidas.”

Unas de las múltiples consecuencias de esta fragmentación del hábitat selvático son la interrupción de las interacciones entre las diversas especies animales y vegetales, la pérdida de especies por la tala de árboles y la alteración del flujo de genes entre las poblaciones que lo habitan.

Hoy, en México, la principal causa de desmonte es la ganadería, seguida por los incendios provocados por humanos, la agricultura y la tala ilegal.

“La ganadería ocasiona que lo que antes era un paisaje totalmente selvático ahora sea un paisaje lleno de potreros, donde sólo sobreviven ciertos fragmentos de selva en la zonas altas o inaccesibles para el ganado”, comenta Mariana Chávez Pesqueira.

 

 

 

Más información relacionada con este tema en el siguiente correo electrónico: verdepasto@gmail.com. (Roberto Gutiérrez Alcalá)



Comenta la Nota.

 

PUBLICIDAD