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En México no pinta la nueva ortografía

Los ajustes que aprobó la Asociación de Academias de la Lengua Española no han aplicado en centros de estudios ni editoriales de este país, donde está el mayor número de hispanohablantes
En México no pinta la nueva ortografía

DISPOSICIONES. Hay modificaciones en las palabras “solo”, “este”, “ese” y “aquel”, entre otras. (Foto: ESPERANZA OREA EL UNIVERSAL )

Jueves 18 de agosto de 2011 Yanet Aguilar Sosa | El Universal
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yanet.aguilar@eluniversal.com.mx

El ajuste más drástico que ha traído consigo la nueva ortografía de la lengua española en el Centro de Enseñanza para extranjeros (CEPE) tiene que ver con los acentos diacríticos. Esa institución académica que enseña a hablar y a escribir el español, ha tenido que suprimir de sus exámenes las preguntas donde se evaluaba la acentuación con los diacríticos de los pronombres demostrativos.

Y es que una de las propuestas más polémicas está justamente en la ausencia de tilde o acento en los pronombres demostrativos como éste, ésta o aquél. O la otra decisión de las academias de que no lleva tilde el adverbio sólo, que proviene de solamente.

Pero esos no son los únicos cambios que en diciembre del año pasado estableció la Asociación de Academias de la Lengua Española en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, sino también palabras como “guión” y “truhán” pierden la tilde; y se deberá escribir “exministro” o “ exnovio”, en lugar de “ex ministro” o “ex novio”. Pero además, se agregaron ajustes para América: se deberá de dejar de llamar “be alta” y “be baja” a las letras “b” y la “v”, respectivamente.

Sin embargo, los cambios todavía están lejanos, pues ni en el CEPE, institución dependiente de la UNAM ni en otras de las escuelas o institutos de la Máxima casa de estudios ni en las editoriales mexicanas, se han modificado sus temarios ni sus manuales de estilo editorial, pues siguen editando y enseñando con la ortografía antigua.

Sin acción en México

Aunque Martha Jurado Salinas, jefa del departamento de español del CEPE, afirma que “no hemos adoptado todavía las nuevas reglas y no consideramos que lo vayamos a hacer en un futuro próximo”, acepta que esos cambios ortográficos que establecieron en diciembre las 22 academias del español y que se han publicado en el libro Ortografía de la lengua española que hoy se presenta de manera oficial en nuestro país, si les ha comenzado a causar problemas, aunque mínimos.

“Ya ha comenzado a causar problemas; por ejemplo, en los exámenes, evaluábamos la acentuación con los diacríticos de los demostrativos y ahora vamos a tener que quitarlo de las evaluaciones porque eso ya no es relevante. No es que lo hayamos incorporado, sino que ya no lo evaluamos; lo paradójico es que esos temas se siguen enseñando porque todavía están en los libros”, dice Jurado.

Y es que incorporar esos cambios ortográfico no es cosa sencilla. En el caso del CEPE, tendrán que pasar algunos años para que se incorporen a sus libros de texto. “Tenemos una serie de libros en los que hay ciertos detalles que corresponden a los antiguos usos y no los vamos a cambiar hasta que haya una nueva edición de libros, que posiblemente sea en unos dos años”, asegura Martha Jurado.

Gramáticos, lingüistas y estudiosos del español, de la UNAM, hablan de las normas y coinciden en señalar que no tienen nada de nuevas, que ya tenían cierta práctica más o menos común; pero al mismo tiempo, son reglas que los estudiantes de primaria, secundaria y bachillerato se negaban a aprender, especialmente los acentos y sobre todo los acentos irregulares.

“Lo que hace la Academia es retomar la idea de que efectivamente esos acentos no ocasionan problemas con la comunicación”, señala Arturo Hernández, quien es profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y estudioso de la gramática.

Por su parte, el doctor Fernando Rodríguez, coordinador del Centro de Lingüística hispánica del Instituto de Investigaciones Filológicas, dice que no hay nada nuevo, simplemente se están sistematizando y estableciendo muchas cuestiones que ya se venían dando desde una elección facultativa.

“Ninguna de las medidas señaladas en la ortografía es un cambio radical y todo apunta hacia normalizar el sistema; si han entrado en la práctica puede ser que en el ámbito editorial, pero no aquí”, asegura el estudioso.

Martha Jurado dice que como profesionales de la enseñanza del español si tienen que estar muy al tanto de los cambios ortográficos, pero confiesa que ella compró el libro y las leyó “pero ya se me olvidaron”.

Asegura que “van a imperar en el papel porque siempre han imperado muchas otras reglas ortográficas, pero de aquí a que las personas las conozcan, operen con ellas y las utilicen de manera adecuada, es una tarea difícil, si no operamos con las reglas que existen desde hace tantos años, ahora estas innovaciones son como una exquisitez de la lengua, decir que en la nueva ortografía de 2010 aquello ya no se usa”.

 

Reglas sin disposición oficial

Más allá de ese cambio en las evaluaciones del CEPE, hasta el momento en México no hay ningún pronunciamiento de la Secretaría de Educación Pública al respecto, que establezca la incorporación de esos cambios ortográficos. “La nueva ortografía razonada está ahí y aunque los cambios son mínimos, es el momento en que la SEP debería tomar una postura de decir si los adoptamos o no”, asegura Silvia Peña-Alfaro, consultora de lingüística en México.

Arturo Hernández asegura que la SEP tendría que sacar una disposición oficial. “Es así como las cosas de la Academia se han impuesto en los diferentes países, así se ha impuesto el uso de la gramática y la ortografía”.

Y es que en la educación básica deben establecerse los cambios en sus planes de estudio, porque en licenciatura están obviados esos temas.

Para Hernández el problema central es que los adultos se sabían esas reglas de ortografía y son los que se están resistiendo a quitar los acentos, pero también que los planes de estudio de bachillerato y de licenciatura no suelen tener un apartado para ortografía, salvo los cursos de redacción de algunas carreras y que no suelen ser obliagatorios.

A Martha Jurado no le gustan los cambios, considera que al escribir se usa un código y tiene un sentido más allá de poner un acento. Aclara que es de una categoría diferente. “Si estos afanes morfosintáxicos y gramaticales ya no son importantes para la Real Academia pues ya no lo son para nadie. Yo la seguiré usando hasta que ya sea inevitable el cambio”.

Quizás lo único positivo para la doctora Martha Jurado, y que podrían ser cambios ortográficos exitosos, es que a los estudiantes les cuesta mucho trabajo diferenciar entre un adjetivo y un pronombre y diferenciar por qué aquí lleva acento y aquí no. “Ahora, tal vez lo van a adoptar más rápidamente porque nunca han aplicado la regla”.

Y aunque todos coinciden en que las editoriales son las primeras que tomarán medidas al respecto, Martha Jurado no lo cree: “Tengo una colega que trabaja en corrección de estilo y me dijo que hizo toda una corrección con las nuevas normas y al entregarlo aclaró que estaba corregido de acuerdo a las nuevas normas y le dijeron: ‘no, todo pa’ tras, necesitamos lo antiguo porque no es algo oficial en la editorial’; con ello, esperaremos que se generalicen los nuevos usos, pero creo que van a tener que ser parte de una autoridad”.

 



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