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Analizan cambios en las familias mexicanas

En nuestro país se está pasando progresivamente de un modelo de familia tradicional-jerárquica a uno en el que las relaciones entre los miembros son más igualitarias
Analizan cambios en las familias mexicanas

EXTENSAS. Una cuarta parte de las familias en el país son no nucleares: están conformadas por el padre y/o la madre con o sin hijos, así como por parientes. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

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Jueves 04 de agosto de 2011 El Universal
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“La forma familiar predominante en México es la nuclear, conformada por el padre y/o la madre e hijos, o por parejas sin hijos”, comenta la doctora Cecilia Rabell Romero, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México y coordinadora del libro Tramas familiares en el México contemporáneo. Una perspectiva sociodemográfica, publicado por el IIS-UNAM y El Colegio de México.

En los últimos 30 años, la cantidad de familias nucleares mexicanas ha disminuido levemente. En 1976 constituían 71% del total; en 2005, 66 %, de a cuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Dinámicas Familiares 2005 (ENDIFAM), elaborada por el IIS y el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF); y en 2008, 65%, de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Población.

Por otro lado, una cuarta parte de las familias en México no son nucleares. Se trata de las llamadas familias extensas o compuestas, conformadas por el padre y/o la madre con o sin hijos (núcleo de reproducción), así como por parientes (abuelos, tíos, sobrinos…).

“La alta prevalencia de las familias no nucleares se debe a que los vínculos familiares son muy fuertes en la sociedad mexicana”, considera la investigadora de la Universidad.

En cambio, las familias unipersonales (formadas por una sola persona) son poco frecuentes en nuestro país. En 1987 constituían 4% del total; en 2005, 6%; y en 2008, casi 9%. Aunque está aumentando, este porcentaje aún es muy pequeño si se compara con el que registran varias sociedades europeas.

 

Jefatura familiar

Por tradición, los jefes de familia en nuestro país son los hombres, si bien la proporción de familias encabezadas por mujeres está aumentando.

Un indicador de este cambio y de cómo se percibe el ejercicio de la jefatura en la familia fue la respuesta a la pregunta quién es el jefe en este hogar que hombres y mujeres dieron en la ENDIFAM 2005.

Cada una de las respuestas fue analizada por el investigador Carlos Javier Echarri:cuando la encuesta la respondían los hombres, el porcentaje de hogares encabezado por mujeres fue de 12%, pero cuando respondían las mujeres fue de 17%.

“Hay un aumento en la proporción de hogares encabezados por mujeres. Este aumento se debe a que cada vez hay más mujeres divorciadas y separadas, y, también, más viudas porque como las mujeres se casan más jóvenes que los hombres enviudan en mayor proporción que ellos”, comenta la doctora Cecilia Rabell Romero.

 

Control de la natalidad

Otro factor que ha marcado un enorme cambio en las familias mexicanas es la expansión del control de la natalidad, ya que éste ha permitido que las parejas (en especial las mujeres, que son las que habitualmente se encargan de la crianza de los hijos) puedan planificar y decidir cuántos hijos van a tener (en 1976, ellas consideraban que el número ideal de hijos era cinco; en 1995, el promedio descendió a dos y medio).

“Con el uso de anticonceptivos cambió el concepto de maternidad y el papel de las mujeres en la sociedad. En 1976, 30% de las mujeres en edad fértil (entre los 15 y los 49 años) recurrían al uso de algún medio de control natal; en 1995, 66%; y en 2006, 71%”, ratifica la investigadora de la Universidad.

Al disminuir la fecundidad en las familias (en la década de los años 70 del siglo pasado, el promedio de hijos era de 7 u 8, aunque había hogares con 12, 15…; en 2010 fue de 1.7 hijos nacidos vivos), se ha dado un proceso de envejecimiento de la población, que se refleja también en las familias.

“Antes, las familias eran muy numerosas y se extendían horizontalmente: las personas tenían muchos parientes de su misma generación (hermanos, primos, cuñados…), y los padres y abuelos no vivían tanto; ahora, las familias se están volviendo más verticales: tienen un promedio de cerca de dos hijos y, por consiguiente, hay menos parientes de la misma generación (hermanos, primos, cuñados…), y los padres y abuelos sobreviven más años. Que las mujeres tengan menos hijos afecta prácticamente todas las formas de convivencia familiar. Hoy hay abuelos relativamente jóvenes, más activos; incluso bisabuelos. Antes, eso era casi imposible”, explica Rabell Romero.

 

Niños y escuela

Por lo que se refiere a la relación de las familias mexicanas con la escuela, en 1960 sólo 12% de los niños terminaban la primaria, la mayoría cursaban uno o dos años... Ahora, según el censo de 2010, 90% de los niños van a la escuela y terminan la primaria.

“En 1960, la mayor parte de los niños vivían en zonas rurales y empezaban a trabajar a los 8 u 9 años. La infancia –el periodo durante el cual los padres cuidan y proveen de lo necesario a los hijos– era entonces muy corta. Ahora, en la medida en que la asistencia a la escuela se ha institucionalizado, los hijos son dependientes de sus padres por un periodo más largo: hasta los 25 años o, en algunos casos, más”, señala la investigadora de la UNAM.

 

Mujeres y trabajo

En 1930, sólo 6.5% de las mujeres mexicanas tenían un trabajo remunerado; en 1995, 35% habían ingresado en el mercado laboral; hoy en día, 42% de las mujeres trabajan, lo que ha propiciado que aprendan a tomar sus propias decisiones y, probablemente, a no aceptar tan fácilmente que la autoridad esté sólo en manos de hombres.

Estos y otros procesos sociales (como el de la democratización del país) se reflejan en las familias y, a la vez, los cambios en las familias hacen que ciertos procesos sociales se aceleren o tomen determinados rumbos.

“Hasta la década de los años 70, la mayoría de las familias en México se formaban, esencialmente, para llevar a cabo la reproducción biológica y la transmisión de valores y bienes. Ese modelo implicaba roles de género muy acotados y relaciones asimétricas, jerárquicas entre hombres y mujeres. El hombre era el jefe de la familia. Y no había casi ninguna flexibilidad, de modo que la mujer no tenía posibilidades de negociación. Ahora se está pasando, de manera progresiva, lenta, de un modelo de familia tradicional-jerárquica a uno en el que las relaciones entre los miembros son más igualitarias y que podemos llamar relacional”, asegura Rabell Romero. Más información relacionada con este tema, en el siguiente correo electrónico: crabell@hotmail.com (Fernando Guzmán Aguilar)

 

 



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