aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Leonora, un retrato de cuerpo entero

Mientras la rodean sus libros y pasan por entre sus pies “Monsi” y “Vais”, los dos gatos que le recuerdan al amigo muerto, Elena Poniatowska recrea la vida de Leonora, su amiga desde los años 60
Leonora, un retrato de cuerpo entero

FIEL. La escritora se impuso hacer un retrato de Leonora Carrington que no revelara sus secretos más profundos. (Foto: JUAN BOITES EL UNIVERSAL )

Miércoles 02 de marzo de 2011 Yanet Aguilar Sosa | El Universal
Comenta la Nota

yanet.aguilar@eluniversal.com.mx

Los ojos negros de Leonora Carrington aún centellean a los 93 años, pero sus manos ya no crean. Esa mujer que desafío a su padre, un magnate inglés de la industria textil, que enloqueció de amor por el pintor alemán Max Ernst y que siempre ha evitado las entrevistas, es la protagonista de Leonora, la nueva novela de Elena Poniatowska, con la que la periodista y narradora obtuvo el Premio Biblioteca Breve 2011.

Si antes la narradora y periodista noveló la vida de Tina Modotti en Tinísima y relató la lucha del líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo en El tren pasa primero, ahora se dio a la tarea de contar la historia de su amiga, Leonora Carrington, la pintora surrealista que llegó a México en 1942, de la mano del poeta Renato Leduc.

Las 598 páginas de la novela no le bastaron para contar la vida de esa “loca inglesa” que al lado de Max Ernst conoció a todos los exponentes del surrealismo, que atestiguó la Segunda Guerra Mundial y que fue recluida “por locura” en un manicomio de Santander, España.

Mientras la rodean sus libros y pasan por entre sus pies “Monsi” y “Vais”, los dos gatos que le recuerdan al amigo muerto, Elena Poniatowska recrea la vida de Leonora, su amiga desde los años 60. Habla de las conversaciones que han tenido, nunca entrevistas ni grabadora, porque “a la Carrington no le interesa eso ni las decenas de libros que analizan sus pinturas y sus escritos”.

Poniatowska sabe que a la pintora, mitad inglesa y mitad irlandesa, tampoco le interesará leer esta novela que ha publicado Seix Barral, porque Leonora ya es una leyenda. “No es pudor, eso ya la rebasó hace mucho, a ella le interesa más hablar de otras cosas que de ella misma, ella se conoce a sí misma o no sé, a lo mejor no, pero el tema de su vida no es yo, yo y yo”.

Leonora Carrington hablaba más antes que ahora, cada vez es más silenciosa, no le gusta hablar de ella, ni las preguntas directas, pero si un tema le interesa siempre responde.

Luego de las lecturas y conversaciones, ¿quién es Leonora Carrington?

Es una mujer extraordinaria, una gran pintora, pero además de pintora es escritora; ha escrito muchos libros, algunos han sido traducidos al español por Agustí Bartra; tiene un gran sentido del humor, un sentido del humor muy inglés; ella es mitad irlandesa por su madre Maurie y mitad inglesa por su padre Harold Carrington, y luego aquí en México se casó con un judío, Chiki Weisz, que le dio dos hijos, Gabriel que es filósofo y poeta, y Pablo, que es un médico patólogo que vive en Estados Unidos; él es pintor, heredó el talento de su madre.

¿Cómo fue surgiendo “Leonora”?

Es un poco el resultado de muchas pláticas, yo la veo con cierta frecuencia y cuando no la veo la extraño mucho, a lo largo de los años me ha platicado mucho, pero también se han escrito muchísimos libros en inglés sobre ella, la que más escribió sobre los surrealistas fue la crítica de arte Lourdes Andrade, que murió machucada por un coche en Chilpancingo. Ella dejó interrumpida su tarea y yo pretendí continuar con lo que había hecho Lourdes Andrade, no porque sea crítica de arte ni mucho menos, pero quería abordar la vida de Leonora. Ellas eran muy amigas, Lourdes solía salir a caminar con Leonora por la avenida Álvaro Obregón, que es la avenida que más le gusta a Leonora porque tiene faroles traídos de Europa en tiempos de don Porfirio.

¿Cuánto hay de hechos y vivencias reales en la novela y cuánta ficción?

Hay un montón de cosas inventadas, hay otras cosas que son reales que ella me contó, hay otras cosas tomadas de libros que leí; pero yo no puedo decir que es una biografía porque no tengo la formación de la academia y no sé poner pie de página ni la explicación de dónde saqué las cosas, me cuesta mucho trabajo, quisiera hacerlo o aprender a hacerlo pero no lo he hecho nunca, quizás aprenda a hacerlo en los años o meses que me quedan de vida.

¿Cuál fue el periodo más complicado al novelar la vida de Leonora?

Lo más importante es ser leal a la intimidad, no decir algo que yo sé que a ella le molestaría o no decir algo que no esté publicado, no revelar secretos porque todos los tenemos y no queremos hablar de ellos. Lo que sí hay de nuevo es que ella se enamoró de Renato Leduc, que era un gran poeta mexicano, el poeta del soneto “El tiempo” donde hablaba de la dicha inocua de perder el tiempo, amar a tiempo y deshacerse a tiempo. Ella se enamoró de él y Renato Leduc la trajo a México en los años de guerra, ella llegó en el 42, después de estar en Nueva York. Por él, Leonora está en nuestro país y es parte de nuestra historia, y nuestro país le rinde tributo, uno de esos tributos es la novela.

¿Renato Leduc la salva?

Creo que uno se salva a sí mismo, nadie te salva, algunas personas creen que la salva la religión, la virgen de Guadalupe, ahí están todos los exvotos donde dice: “Gracias porque mataron a 35 y a mí no me pasó nada”. Lo que sí creo es que Renato Leduc le hizo un bien porque la trajo a este país, pero ella aquí ya no fue feliz porque descubrió al Renato Leduc periodista que se la pasaba en la redacción del periódico o en la cantina o en los toros los domingos porque era amigo de los grandes toreros de la época, como El Califa, de Gaona; él quiso mucho a Leonora, si ella pudo seguir montando a caballo en México, por el Paseo de la Reforma, fue gracias a los caballos que le prestaba Gaona.

Al poco tiempo chocaron entre sí y entonces ella se encontró con un grupo de artistas con el que se sentía muy a gusto y era my afín, era el grupo de Remedios Varo, Benjamin Péret, Gunther Gerzso.

¿Esa niña que trepaba en Tártaro, su caballo de madera, sabía de su fuerza y rebeldía?

Es muy difícil que uno tenga una imagen de sí mismo y que conozca su fuerza, lo cierto es que Leonora sí le dijo a su padre: ‘Yo tengo algo en mí que no voy a dejar que nadie destruya’, le dijo también que no aceptaba un matrimonio convencional ni por conveniencia y que ella se iba a París porque se había enamorado de un hombre casado, ese era Max Ernst.

Se va pero no rompe del todo con su familia, su madre siempre está allí...

Su madre nunca la soltó, fue una madre extraordinaria, ella le compró su departamento en París y luego su casa en St. Martin d’Ardeche, luego vino a México y le ayudó con su bebé. Su madre nunca la soltó, yo creo que en el fondo su madre estaba muy orgullosa de ella, porque reconocía en Leonora lo que quizá ella quiso hacer; la madre pintaba tapas de cajas para vender en fiestas de caridad.

Pero la que de veras comenzó a pintar en serio y durante horas enteras, que era muy trabajadora, muy constante y muy apasionada fue Leonora, yo creo que si uno se pregunta cuál es el gran amor de Leonora, la respuesta es su pintura y sus hijos, aunque también sus animales. Creo que a ella le duele más ya no pintar o que no le salga una pintura, que un animal. Habría que preguntárselo a ella.

¿Cómo era la relación con su padre?

El padre es bien importante, es como un ser antagónico y muy raro porque ella siempre está despotricando contra su padre, eso es verdad, no es un invento novelístico, pero a la hora en que nace su primer hijo ella le pone Harold Gabriel; su marido le dice “por qué le vas a poner así, si tu padre te desheredó”, y ella no cede, insiste en que se tiene que llamar Harold; eso es muy significativo de la importancia y el peso de su padre, ella dice tantas veces “odio a mi padre, odio a mi padre”, pero todos sabemos que el odio y el amor están así, juntos.

¿Qué tiene en común Leonora con Max Ernst?

Tienen mucho en común, él fue su maestro, él le enseñó, la enamoró y la amó, ella también se enamoró de él con locura, creo que ella siguió el camino de Max, aunque habría que preguntarle a historiadores de arte, a gente como Raquel Tibol, si la consideran o no surrelista, porque ella al final de cuentas lo que hizo fue pintar su mundo celta, su mundos de los sidhes, esos hombrecitos que viven debajo de la tierra y la acompañan siempre. Sus historias están ligadas a toda la cuentística celta.

¿Era una mujer seductora?

Era mucho más que seductora, era una especie de ser del cual uno hubiera querido apropiarse para que en la vida le fuera mejor y trajera suerte, era un ser absolutamente único. Leonora es una mujer de la que se enamoraron muchísimos hombres porque era un portento, es un portento todavía.

¿Con una vida difícil?

Ella vive cosas que nosotros no hemos vivido, estar en un manicomio, vivir la segunda Guerra Mundial, no fuimos testigos de bombardeos, no vimos a los alemanes entrar y tomar Francia. Ella tuvo todas esas vivencias que son reales.

¿Una mujer de convicciones?

Leonora es feminista, defiende siempre a las mujeres, con quien ataca a las mujeres ella se pone como una tigresa y es capaz de devorar al atacante. Adora a los animales, pero cuando fue madre no hubo nada más importante que sus hijos.



Comenta la Nota.
PUBLICIDAD