MADRID.— Cuando Hernán Rivera Letelier tenía 21 años, un día en que estaba tendido en una playa de su Chile natal, muerto de hambre y casi sin dinero para comer, escuchó en una radio robada por un amigo la convocatoria de un concurso de poesía, cuyo premio era una cena en un hotel de lujo. A Rivera le bajaron las musas de golpe y escribió un poema de amor de cuatro páginas con el que ganó el certamen. Ayer, 40 años después, logró uno de los premios más prestigiosos de las letras hispánicas: el Alfaguara de Novela, dotado con 175 mil dólares.
“Esto ha sido como un milagro”, dijo por teléfono durante la rueda de prensa en la sede del Grupo Santillana en Madrid. “Me siento muy feliz aunque no termino de creérmelo”, añadió.
La novela premiada es El arte de la resurrección y el presidente del jurado, el escritor Manuel Vicent, destacó “el aliento y la fuerza narrativa de la novela, y la creación de una geografía personal a través del humor, surrealismo y tragedia”.
Vicent la definió como “una gran pieza literaria donde la alta precisión y el barroquismo del lenguaje te introduce en un mundo fantasmagórico polvoriento del desierto de Chile, donde unos personajes alucinantes traspasan como una niebla dentro de un surrealismo, de un humor, de un sarcasmo y de una ironía irreverente que crean un mundo propio y que ha sido lo que ha convencido al jurado decidirse por esta gran creación”.
Historia basada en la realidad
La novela ganadora está ambientada en el desierto chileno, en las primeras décadas del siglo XX, y narra la vida de un vagabundo, Domingo Zárate Vera, conocido como el “Cristo de Elqui”. Un hombre que verdaderamente existió, que se creía la reencarnación de Cristo y que pasó su vida predicando. Un día, Domingo se enteró de que en una de las oficinas salitreras vivía una prostituta que sentía veneración por la Virgen del Carmen y a la que sus clientes consideraban una gran creyente. Domingo, que ya había tenido una serie de discípulas-amantes, va en busca de ella para convencerla de que le acompañe en su misión de advertir el inminente fin del mundo.
“En el desierto empecé a leer y a escribir, él me enseñó a conocerme y tengo su cartografía grabada en el rostro, así que si hay alguien que puede contar el desierto de Chile desde dentro, soy yo”, dijo.
Sobre el autor
Poeta, cuentista y novelista Rivera Letelier, nacido hace 60 años en Talca, donde durante años se convirtió en el único minero que acudía a la biblioteca municipal, dijo no ser un intelectual. “Tengo más cara de boxeador”, bromeó.
Hasta 1994 fue minero, pues ese año escribió La Reina Isabel cantaba rancheras, galardonada por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura y se convirtió en una de las obras de más vasta difusión de la narrativa chilena reciente.
Dos años después, su novela Himno del ángel parado en una pata, ganó el mismo galardón. Le siguieron Fatamorgana de amor con banda de música, el libro de cuentos Donde mueren los valientes, Los trenes se van al purgatorio, Santa María de las flores negras, Canción para caminar sobre las aguas, Romance del duende que me escribe las novelas, El fantasista, Mi nombre es Malarrosa y La contadora de películas. En 2001 fue nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de Francia.