Una de las etapas más felices en la vida de sus padres fueron los seis años en que el poeta chiapaneco Jaime Sabines vivió con su mujer, Josefa , en un rancho cercano a las Lagunas de Montebello, en la bella y sureña Chiapas.
Julio Sabines, el primogénito y único hijo varón del poeta chiapaneco, recuerda que esos años volvieron a ser los novios que “salían del rancho y se iban a Comitán, comían juntos y paseaban por el parque”.
Atento a cómo transcurre el rodaje de la película Los amorosos , que está basada en varios poemas de su padre y feliz de ver cómo quedó la edición de Los amorosos. Cartas a Chepita, el libro que incluye toda la correspondencia que el poeta le envió a su madre, Julio Sabines rememora los últimos años de amor entre sus padres.
“Hubo una temporada en que mis padres fueron muy felices viviendo ellos solos en un rancho que tenía mi papá allá en las Lagunas de Montebello, nosotros estábamos aquí en México trabajando y la más pequeña de mis hermanas terminando su carrera. Nos hablaban todos los domingos cuando como novios salían del rancho y se iban a Comitán”; eso puede ilustrar mucho la relación que tenían de adultos, casi ancianos”, recuerda Julio, con mucha emoción.
El hijo del autor de Horal que lleva el nombre del padre del poeta, a quien dedicó el poema La muerte del Mayor Sabines, dice que sus padres disfrutaron el rancho. “Mi madre salía a recoger los huevos de las gallinas, mientras mi padre ordeñaba las vacas y hacía el queso. Esa etapa ellos mismos la reconocen como una época muy feliz. Fueron varios años de amor bucólico, del 1983 a 1989”.
Oralidad chiapaneca
Hay más recuerdos que llegan a la mente de Julio Sabines, toda su vida inmerso en el lenguaje, la cocina, los insultos y los piropos en chiapaneco. “Mis padres hablaban chiapaneco y la cocina de mi madre pues es muy chiapaneca, un poco más cosmopolita, pero básicamente chiapaneca; los desayunos eran rancheros: chorizo y queso chiapaneco, frijoles, tostadas, totopos, salas con chiles chiapanecos”.
Pero no sólo ese aspecto de Chiapas estaba muy presente en la casa familiar, también el lenguaje con su acento y modismos muy chiapanecos; ahí no existía el tuteo entre ellos, siempre estaba el vos y muchas palabras “muy de allá”. También los insultos y los piropos estaban a la orden del día. “Mi padre era mal hablado por supuesto y nunca faltaban las mentadas de madre, era su forma de expresarse, de regañar, de mostrar enojo”, recuerda.
Julio Sabines, quien al leer el primer tratamiento del guión de la película Los amorosos que dirige Rafael Montero, pidió que no se cayera en una historia “sensiblera”, dice que a través de los años él fue testigo de la solidez del matrimonio de sus padres, de su relación, de cuando su padre salía de viaje siempre le escribía o le llamaba a diario a su madre, doña Chepita.
“Cuando yo viajaba con él, a veces me regañaba en las noches, porque no le había recordado que la tenía que llamar a doña Chepita”, recuerda Julio, quien nunca –ni sus hermanas- leyó las cartas de amor que sus padres se enviaron durante el noviazgo y que descubrió esa pasión juvenil ya muerto su padre, cuando hace tres años comenzaron a trabajar en la edición del libro Los amorosos. Cartas a Chepita.
“Nosotros supimos de las cartas de su noviazgo años después, ya de adultos. En ocasión de alguna plática familiar, mi madre comentaba que tenía muchas cartas de su marido, incluso vivía el poeta; creo que alguna de mis hermanas pudo leer dos o tres cartas, pero en realidad ninguno de nosotros las conocía, las leímos hace tres años, nunca en vida de él”, reconoce Julio Sabines.
Publicar las cartas
El primogénito de Jaime Sabines dice que el proceso de edición del libro fue muy difícil. Primero por un pudor literario y familiar. “No queríamos estropear el prestigio literario del poeta publicando algo que tal vez a él no le hubiera gustado que fuera leído y por otro lado el pudor familiar, personal que el mismo poeta hubiera censurado. Pero se impuso el juicio de Doña Chepita, ella estaba segura de lo que hacía”.
Cuando decidieron hacer pública la correspondencia, él tuvo que ordenarlas cronológicamente, no fue sencillo, muchas cartas no estaban fechadas, entonces recurría al sello postal, pero a veces no había sobre. “Entonces hacíamos un trabajo de deducción detectivesca”.
Una vez que las ordenaron, comenzó la transcripción, ese fue otro problema porque muchas cartas fueron escritas a lápiz y 44 años después el lápiz pierde todo, algunas estaban hechas en varias tintas. En otras misivas había que adivinar. “Creemos que no le faltamos el respeto al poeta”.
Al final, quedó un libro que confirma la relación de amor entre Jaime Sabines y Chepita. Eso lo celebra Julio Sabines: “Fue muy emocionante descubrir a esos dos jóvenes enamorados que eran mis padres y que siempre los vi como adultos. Fue hermosísimo descubrir que de jóvenes fueron muy pasionales”. Y concluye al respecto: “En las cartas hay regaños, se ve muy bien la personalidad del poeta, se ven sus celos, su pasión, se ve su sabiduría en un joven de 23 o 24 años. Verlo es muy sorprendente, la manera en que ya escribía y su modo de ver la vida, su filosofía”.