Herta Müller recibirá hoy en Estocolmo el diploma, la medalla y el cheque por 10 millones de coronas suecas (1.2 mdd) por haber obtenido el Premio Nobel de Literatura 2009. Desde octubre pasado, cuando se le concedió el galardón, se multiplicaron las ventas de los libros de la poeta rumano-alemana. Y ganó prestigio, claro.
La autora de En tierras bajas y La piel del zorro, entre otros, se incorpora al Olimpo del reconocimiento universal, pero hay otros escritores que cuentan con los mismos o más méritos y que no han sido reconocidos por la Academia Sueca.
¿Qué otros autores merecieron o merecen el Nobel de Literatura? La respuesta a la pregunta sucitará siempre opiniones tan diversas como encontradas, por eso elaboramos una lista de algunos escritores que bien pudieron o pueden merecer el premio literario que muchos codician y pocos alcanzan.
Más allá de lo que vagamente dispuso Alfred Nobel, la Academia Sueca estableció los siguientes requisitos para otorgar el premio: el candidato debe tener un legado literario más o menos vasto (mucho mejor si abarca varios géneros) con influencia por lo menos en el ámbito de su lengua y haber creado una “obra magna” que resuma sus preocupaciones, principales líneas temáticas y recursos estilísticos.
También existen otros parámetros, tanto o más importantes que los literarios, que por igual han ungido a ilustres desconocidos que sepultado para siempre las aspiraciones de otros: en su obra y en su vida pública el ganador deberá poseer cierto grado de coherencia ideológica; tendrá que defender la libertad política, artística y de conciencia y reprobar decididamente el autoritarismo.
Los no-Nobeles
Cada que se habla del tema, surgen nombres de escritores cuya calidad literaria provoca un amplio consenso. Son los autores clásicos en cualquier lengua: el ruso Lev Tolstoi, los franceses Marcel Proust y Marguerite Yourcenar, el irlandés James Joyce, el alemán Robert Musil, la inglesa Virginia Woolf y el argentino Jorge Luis Borges bien pudieron ser premiados sin que muchos alzaran las cejas.
Otros escritores han sido muy influyentes en sus respectivas lenguas: el checo-austriaco-alemán Rainer Maria Rilke, los estadounidenses Mark Twain y Henry James, los ingleses D. H. Lawrence, Gilberth Keith Chesterton, Herbert George Wells y George Orwell, el nicaragüense Rubén Darío, el peruano César Vallejo, los españoles Benito Pérez Galdós, Miguel de Unamuno y Antonio Machado, los franceses Paul Valéry y Paul Claudel, el polaco-inglés Joseph Conrad y los griegos Nikos Kazantzakis y Konstantinos Kavafis.
Uno de los criterios que la Academia Sueca ha observado al conceder el premio literario es la corrección política. La ausencia de ésta explica por qué descartaron a algunos autores con sólida obra, pero que abiertamente defendieron una orientación ideológica. Están autores comunistas como los italianos Ítalo Calvino y Cesare Pavese, el argentino Julio Cortázar, el alemán Bertold Brecht, el soviético Vladimir Maiakovski y el francés André Malraux; o los simpatizantes del antisemitismo, como el francés Louis Ferdinand Céline o el estadounidense Ezra Pound.
Tampoco han ganado el reconocimiento el chileno Nicanor Parra, el ruso-estadounidense Vladimir Nabokov, el italiano Alberto Moravia, el austriaco Arthur Schnitzler y los estadounidenses John Dos Passos y Tennessee Williams. Algunos eran parte del ámbito intelectual de los académicos y los ignoraron, como el noruego Henrik Ibsen, el sueco August Strindberg y el ruso Anton Chejov.
Autores cuya obra fue variopinta y lindó con disciplinas como la historia y la filosofía también han sido excluidos del máximo reconocimiento de las letras universales. El italiano Giovanni Papini, el austriaco Stefan Zweig y el inglés Robert Graves son ejemplo de ello.
Los outsiders
No lo han ganado escritores que tuvieron lo marginal como eje de vida y/o de obra. La rebelión, la sexualidad, las drogas, la violencia o el alcoholismo alejaron del Nobel de Literatura al japonés Yukio Mishima, a los ingleses Malcolm Lowry, Dylan Thomas, Aldous Huxley y Anthony Burgess, a los estadounidenses William Burroughs, Jack Kerouac y Allen Ginsberg, a los franceses Jean Genet y Antonin Artaud y al uruguayo Juan Carlos Onetti.
La obra de algunos, ahora clásicos universales, fue conocida mucho tiempo después de su muerte, por lo que de ninguna manera pudieron haber ganado el premio, pese a sus innegables méritos: el checo Franz Kafka y el portugués Fernando Pessoa están en este caso.
También han aparecido autores que han practicado la expresión literaria sin estar propiamente en la materia. Se propuso a periodistas como los estadounidenses Norman Mailer y Truman Capote y al bielorruso-polaco Ryszard Kapuscinski. Y se ha mencionado a críticos, historiadores, teóricos de la literatura e incluso a músicos por contar con letras de alta calidad. Pero tampoco se les ha concedido este reconocimiento.
Entre los latinoamericanos contemporáneos, mucho se ha dicho que el peruano Mario Vargas Llosa y los mexicanos Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco bien podrían merecer el Nobel.
En este recuento de seguro no están todos los que pueden o pudieron haber obtenido el máximo reconocimiento literario, pero sí muchos de los que lo merecen o merecieron.