“Me convertí en un provocador profesional, dice el escritor Francisco Martín Moreno al comentar las páginas de su nuevo libro Arrebatos Carnales. Las pasiones que consumieron a los protagonistas de la historia de México (Planeta).
“En este país somos muy conservadores y en buena parte también hipócritas, seguramente muchos se van a escandalizar cuando lean las escenas de Maximiliano y Sor Juana”, dice el escritor que en esta ocasión combina biografías con escenas eróticas de protagonistas de la historia nacional como los arriba citados y de Porfirio Díaz, José María Morelos, Francisco Villa, la emperatriz Carlota y José Vasconcelos.
—¿Hablar de la sexualidad es una forma de desacralizar a esos personajes?
—Ese es mi objetivo. Si algo pretendo con este libro es desacralizar a los protagonistas de la historia de México. Creo que es una actitud un poco falsa, hipócrita, el hecho de ponerlos en un nicho sin mostrar sus fortalezas y debilidades como cualquier otra persona. Son personas de carne y hueso y, como tal, tenemos que exponerlos en su contexto. Ver en qué lograron sobrevivir y ver, hasta qué punto, eran sensibles a la belleza femenina. Cómo impactó el sexo opuesto en su vida: si fueron tranquilos, conformes o inconformes. Busqué personajes que hubieran vivido arrebatos carnales. Pobre de aquella persona que no tuvo en su vida la oportunidad de vivir un arrebato carnal, pero lo que es un arrebato: un ataque apasionado de amor, eso que lo desborda, que no puede con él. No tuvo sentido la existencia de quien no vivió un ataque apasionado de amor.
—¿Qué tanta información existe sobre la sexualidad de esos personajes?
—No, la sexualidad no se aborda. Si acaso se habla de sus relaciones, por ejemplo la de Porfirio Díaz con Carmelita Rubio, te dicen que él tenía 52 años y que ella iba a cumplir 17. Te cuentan apenas algo de la vida amorosa de Benito Juárez o de la de Iturbide.
—¿Describir esa vida sexual fue posible vía la literatura?
—Yo parto de hechos muy duros, como es el caso de la diferencia de edades entre Porfirio Díaz y Carmelita Rubio. Cuando ellos finalmente se casan, lo que pasó en la habitación en la primera noche de bodas sólo lo saben tres personas: Carmelita, Porfirio y yo. Yo estaba abajo de la cama presenciando esa escena que cuento y revivo. Lo que pasó ahí es producto de la imaginación del novelista.
—Es diferente en el caso de Sor Juana porque no es un hecho sino el análisis de su obra poética...
—Es correcto porque yo pienso que muchos de los poemas de ella sólo los pudo escribir a partir de una relación amorosa y muy intensa, por cierto. Una poetisa, por más que tenga imaginación, no puede hablar de los sudores, humedades, tensiones, estremecimientos y respuestas del cuerpo, si no vivió una experiencia carnal. Para mí era muy claro que el romanticismo y el amor que siente Sor Juana por la Condesa de Paredes, virreyna de México, es consecuencia de un arrebato carnal.
—¿Cómo fue el proceso de elegir a cada uno de los personajes?
—Lo que estuve buscando no fue tanto la biografía política del personaje sino el arrebato, dónde había más pasión amorosa por el sexo opuesto o por el mismo sexo. Cuando encontré un arrebato digno de ser contado, lo tomé y desarrollé la biografía del personaje. Si nada más hubiera contado arrebatos sería una vulgaridad que no me interesaba escribir.
—¿Cuál fue el reto de esa escritura?
—Lo que menos tolero en la vida es la vulgaridad, así que sí fue un desafío para mí encontrar todos los contextos amorosos de los personajes porque no era fácil, pero no podía ser el mismo narrador porque era aburrido. Había que buscar otros ambientes, texturas, lenguajes.
Villa y Vasconcelos
—En cuanto a la elección de los personajes contrasta el imaginario popular que existe frente a Francisco Villa y José Vasconcelos...
—Está en la historia que Pancho Villa se casó 28 veces pero eso no se divulga; inclusive llegó a casarse con la misma mujer dos veces porque ya no se acordaba. Él llegaba a un pueblo, le gustaba una mujer y decía: “vamos a dormir en la noche juntos”. Y ella decía que no, que no estaban casados. Entonces él llamaba a un oficial de registro civil y a un cura para que los casara. Tenía arrebatos todos los días, una debilidad por las mujeres que yo comparto. Su intensidad erótica y sexual rebasaba la de cualquier personaje en la historia de México.
—¿Y qué pasa con Vasconcelos?
—En su caso, como en el de todos los demás, no sólo quiero revelar los arrebatos carnales, sino revelar información que los historiadores oficiales han ocultado respecto a su vida política. En pocas ocasiones vas a oír que Vasconcelos era un agente contratado por la Alemania nazi, que cobraba cantidades importantes en la embajada de Alemania en México y tenía una revista financiada por el gobierno de Hitler. Decía que Hitler era uno de los grandes hombres del siglo XX. Vasconcelos pasó a la historia igual por haber construido mil escuelas al año, durante el gobierno del general Obregón, que por haber sido un gran editor de libros y un gran escritor, pero digo también esto de los nazis, y que fue un hombre que estuvo financiado siempre por la iglesia Católica, que fue un individuo totalmente proclerical, tanto que está enterrado en la Catedral.
—¿Tuvo la idea alguna vez de hacer una biografía de Vasconcelos?
—Siempre quise escribirla. Cuando lo ligo con Antonieta Rivas Mercado, encuentro la combinación de su pasado proclerical, su simpatía por los nazis y sus arrebatos carnales, a pesar de ser un católico practicante incondicional. Había que contar lo que le hizo a Antonieta, una mujer rica, que se enamoró de él e invirtió toda su fortuna en la campaña por la presidencia que él disputó con Plutarco Elías Calles. Antonieta se quedó sin patrimonio, en París se encontró con Vasconcelos, le pidió ayuda y él le dijo que todo lo que le podía dar era dinero para comprar un tiquete de regreso a México. Esa fue la respuesta de su amante, que fue arrebatado, fervoroso, mientras ella tuvo dinero.
—El proyecto suyo es hacer otros libros de arrebatos.
—Sí. Aquí en este libro las sábanas de satín son rojas; en el siguiente serán verdes y en el tercero, blancas. Será la trilogía erótica de este país. Se me antoja escribir la biografía erótica de Miguel Hidalgo, que tuvo ocho hijos, y de La Corregidora, tengo muchos personajes.
—¿Y de otros más cercanos?
—No, porque a mí lo que me interesa es la historia.
—¿Incluirá algunos personajes de culturas prehispánicas?
—Sí, en el tomo blanco vienen esas culturas. Por ejemplo la hija de Moctezuma, Isabel. El emperador llegó a tener al mismo tiempo a 52 mujeres embarazadas, eso te habla del origen del machismo en este país, que se agudizó con los españoles: Pedro de Alvarado se jactaba de haber tenido 420 hijos.
—¿A la hora de escribir cuál protagonista disfrutó más?
—Hubo dos momentos que me dieron un gran placer: cuando desnudé a la emperatriz Carlota, ahí debajo de un pirul, en el Lago de Chalco, y vi su belleza en su máximo esplendor. Eso sí que lo disfruté; tuve que ponerme a estudiar el nombre de cada prenda de la indumentaria femenina de la época. Hablamos de un vestido de 240 botones que, con toda paciencia, le tuvo que quitar el coronel Van der Smissen. No le podía romper el vestido, es una vulgaridad, pero al tiempo que le quitaban tantos botones, se iba la imaginación. El otro momento es cuando me escandalizo de lo que hay en mí. La cantidad de cosas que se me ocurrieron cuando Porfirio Díaz se metió a la cama con Carmelita me escandalizaron. Digo “¡Cómo es posible, si me creía muy tranquilo! Cómo estoy contando estas cosas”. Veo que vive en mi interior una fiera y me da vergüenza, me escandalizo. Es parte de la narrativa. Y descubro que no soy como era.
—¿Cuál fue el más difícil?
—Lo difícil no fue pensar sino fue adentrarme a escribirlo.