El teatro de Bellas Artes luce hoy por hoy como si le hubieran quitado la piel: no hay color ni iluminación, no hay telones y mucho menos escenografía; pero, con todo y eso, no pierde lo majestuoso que es.
Si uno se para tras bambalinas, desde donde estará la cabina de retroproyección, es como si estuviera ante un pozo, una presa vacía. No hay escenario, no hay butacas (ambos se cambiarán por completo); la madera de los palcos está abierta, pues estos espacios también serán modificados.
El magnífico telón de cristal de la casa de Louis Comfort Tiffany es de lo que poco que no se retiró, en todo caso se mantiene recogido para evitar que los trabajos de rehabilitación de la sala principal -los más importantes en la historia- le hagan daño alguno.
La altura de los andamios constata lo profundo de todo el foro. Del piso del escenario al sótano son siete metros con 30 centímetros. Del escenario a la parrilla son 25 metros. En total, más de 32 metros. La embocadura del teatro es de 12 metros.
Seguridad según con las normas de protección civil, calidad de los espectáculos y nuevas tecnologías, fueron los elementos que se consideraron para la remodelación. En las obras se invertirán 600 millones de pesos, como lo dijo en conferencia de prensa la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, Teresa Vicencio: “Es una inversión trianual: 90 millones en 2008, 400 este 2009 y el resto en 2010”.
La meta es que en septiembre del año que viene, cuando se conmemoran los 200 años de la Independencia de México, se reabra el escenario. Pero Phillipe Amand, coordinador técnico de la remodelación, espera que dos meses antes de septiembre todo esté terminado para ensayar cada detalle. Hasta ahora se ha avanzado en un 40% de las obras.
Más ligero y con menos acero
Este vacío nunca se había visto en el teatro que es emblema de las artes en México. Se explica en parte porque dos terceras partes de su peso se han retirado; el acero de menos le ayudará a detener el hundimiento, al tiempo que le dará velocidad a la mecánica teatral.
Mario Eduardo de León, asistente del asesor de ingenierías, dijo que el edificio “va a pesar tres veces menos de lo que antes pesaba”.
El teatro está en proceso de reinventarse para que, como en 1934, cuando se inauguró, se ubique Bellas Artes a la par de los grandes teatros del mundo. Por eso se tomó en cuenta la experiencia de nuevos sistemas en teatro centenarios como el Covent Garden, de Inglaterra.
“El teatro del Palacio tiene características especiales, su enorme dificultad es que es un escenario que alberga todas las disciplinas. Aquí tiene que tocar la Orquesta Sinfónica, hay ópera, hay danza, hay teatro. Diseñar un sistema que funcione de manera óptima para todas las disciplinas es muy difícil”, explicó Phillipe Amand a los medios de comunicación el pasado miércoles durante un recorrido por el recinto.
Desde 2007 el Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México hizo un diagnóstico sobre el estado en el que se encontraban las instalaciones del recinto y concluyó que algunos aparatos del edificio, como tramoyas, tarima y foso, eran inseguros y que la tecnología estaba caduca.
La rehabilitación comprende un nuevo sistema de mecánica teatral, del cual está instalada ya la parrilla y un puente de circulación; también se construyó una nueva escalera de servicio más ancha que remplaza la de caracol y va desde el zócalo hasta el telar; al frente se construirá un elevador.
Anteriormente el escenario estaba arriba de cuatro sótanos, ahora sólo serán dos, lo cual permitirá que haya más espacio para almacenar escenografía.
El escenario no tendrá ya el declive que tuvo por décadas, una situación que afectaba de manera evidente a los bailarines. En el foso de la orquesta habrá dos salidas de emergencia laterales.
Los cambios contemplan nuevos sistemas contra incendios, de aire acondicionado y una nueva instalación hidráulica, pues ya se construye una cisterna.
En el área de butacas, los cambios se harán tomando en cuenta reglamentos de seguridad, es por eso que habrá alrededor de 150 asientos menos y en total serán mil 650, con los de los palcos. “El reglamento propone espacios de 90 centímetros en cada fila”, precisó Amand. Será una butaquería nueva, las anteriores se donaron a otros teatros.
Con miras a mejor los espectáculos, se abrirá una consola para grabar todos los ensayos. Se cambiará la concha acústica -diseñada específicamente para el teatro- que le dará mayor resonancia.
“Lo que actualmente se requiere para el Palacio no es lo mismo que necesitaron los músicos, actores y bailarines de hace 100 años”, comentó el escenógrafo Alejandro Luna.
“Había que tomar la decisión de si hacíamos una remodelación modificando cómo estaban instalados esos sistemas o conservar eso, decidimos al final tener todo un sistema muy parecido al original, sólo que modernizado. Se va a poder seguir trabajando como se concibió originalmente el Palacio de Bellas Artes”, aseguró Phillipe Amand.