Guanajuato, Gto. La conjunción entre danza, música y artes plásticas en Là où je vis (Allá donde vivo) es perfecta. La pieza creada por la coreógrafa quebequense Daniele Desnoyers para su compañía Le Carré des Lombes propone una mezcla entre disciplinas a partir de una pregunta central: ¿cómo la danza puede permitir proyectarse en la vida y cómo la vida puede reflejarse en un cuerpo que baila?
Detonada por esa pregunta que sirve de pauta al estudio colectivo en el que participan cinco bailarines, una diseñadora sonora y una artista multimedia, Desnoyers convocó a los magos de la creación para desarrollar una narrativa que brinda resultados concretos en una suma de instantáneas virtuales estampadas mediante una escenografía multimedia en vivo, creada sobre el escenario y en el que las emociones humanas alcanzan su más puro esplendor.
La creadora en 2008 de esta pieza, aseguró en entrevista que desde que trabaja en la obra “quería realmente que los bailarines mostraran cómo se sienten ellos mismos en la comunicación con los demás, cómo se sienten en su entorno y cómo responde su cuerpo ante su interioridad; trabajando con ellos me di cuenta que había una urgencia en cada uno que era propia de su generación”.
Entonces les dio a los bailarines la oportunidad de expresarse y surgió esta obra que alude a lo urbano y a los habitantes. “La urgencia de los bailarines es mostrar la necesidad que tienen de calor y de cariño, pero también tenían una dificultad de expresarla porque normalmente lo guardan para ellos mismos”, dijo Desnoyers que en 1989 fundó la compañía.
Pese a las dificultades que supone expresar los sentimientos y necesidades humanas, la propuesta dancística es un exceso de expresiones físicas y emocionales. Por eso hay un énfasis de hablar con el cuerpo, de que los bailarines sean rodeados por la música hecha de ruidos y susurros, de que los cobijen todas esas imágenes virtuales y visuales que la artista multimedia Manon de Pauw crea y proyecta en directo.
Sobre el escenario, al tiempo que los bailarines expresan sus urgencias, deseos e inquietudes, la artista multimedia crea mundos virtuales alucinantes desde una mesa de trabajo luminosa in situ, en la que se usó de papel, transparencias, cintas adhesivas, ligas y trazos hechos con marcadores. Los bailarines no son planos donde se proyectan imágenes, son centro de una escenografía virtual.
A la directora artística y coreógrafa le interesaba hablar de la ciudad y de sus habitantes, por eso los bailarines visten con ropa de calle o trabajo, como cualquiera de los espectadores que se dieron cita en la primera de tres funciones que la agrupación quebequense ofrece en el marco del Festival Internacional Cervantino, del que Quebec es invitado de honor.
La expresión y los artistas
Daniele Desnoyers dice que socialmente, es difícil expresar las emociones, pero decirlo artísticamente es sencillo, sobre todo en la danza. “Los bailarines están muy cerca del público, vestidos como cualquiera pero al entrar en la danza muestran su personalidad y entran realmente en la danza y en el modo de expresión corporal”.
Le preocupa de igual manera la vida cotidiana y las problemáticas sociales, pero con la danza puede mostrar el lado poético y abrir una ventana al público para que le dé rienda suelta a su imaginación y sus emociones. Lo hace desde la multidisciplina, la danza y la música. “Queríamos incluir una artista sonora con preocupaciones en los procesos sonoros de hoy”, dice la creadora que define la música de su obra como una mezcla de ruiditos, de gente que habla en voz baja y en la que también hay una canción romántica de Brahms y un texto hablado que representa el pensamiento interior.
“El texto es cómo escuchar el pensamiento de una persona que se habla a ella misma, sola, sentada en su recámara y se dice: ‘a partir de hoy voy a ser una persona responsable, voy a ser mejor, voy a actuar mejor y dejar de ser como un lobo”, concluyó.