yanet.aguilar@eluniversal.com.mxEn la mente del plagiario literario hay un sentido de impunidad, de pensar “lo más probable es que no me agarren, por eso me la juego”, pero también hay una conciencia: que robar un auto o una manzana es algo tangible y por eso es un delito, pero si se trata de una idea, del extracto de una obra o incluso del texto completo, es algo intangible y carece del valor de propiedad que sí tienen las cosas que se pueden ver y tocar.
Así lo afirma el doctor Lucio Cárdenas Rodríguez, licenciado en sicología, con maestría en ciencias penales y especialidad en criminología. “El problema cuando hay robo de ideas es que estamos hablando ciertamente de algo intangible, de elementos que no podemos tocar físicamente y no le damos valor de propiedad relativa en el sentido de que pensamos que las ideas o los pensamientos son más o menos de todos”.
El escritor Juan Villoro ha indagado en el plagio desde la narrativa. El protagonista de su novela El testigo, Julio Valdivieso, es un intelectual que plagió una tesis sobre los “Contemporáneos” para titularse, y para recrear su historia exploró algo en la mente humana. “Hay un elemento de daño, de masoquismo voluntario o involuntario en quien comete un plagio y es como jugar a la ruleta rusa y ver en qué momento la bala se va a disparar en su cabeza”.
Aunque no existe una tipología del plagiario literario ni un perfil de por qué toma ideas o textos de otros, Lucio Cárdenas asegura que entre escritores y periodistas es común el plagio porque se lo autoimponen. “Como escritor y periodista debo entregar un texto cada cierto tiempo, entonces me veo obligado a crear aún cuando no estoy inspirado; tomo una idea y la desarrollo, pero la verdad es que me apropio de algo que no es mío”.
Algunos lo hacen inconscientemente
Cárdenas Rodríguez, quien hace peritajes a reclusos para determinar su criminalidad, asegura que en ese caso no existe sentido de propiedad. “No sentimos estar incurriendo en un delito. A veces las personas tienen necesidades sociales que cubrir y eso las obliga a hurtar ideas para cubrir un requerimiento de trabajo”.
Por su parte, Villoro, narrador, cronista y ensayista, afirma que en el fondo, secretamente, el plagiario está consciente de que el daño es la tentación permanente de caer al abismo. “En el alma del plagiario siempre está la posibilidad de ser destruido, es una fuerza inconsciente”.
Aunque para muchos el hurto de ideas, textos literarios o artículos periodísticos parecen un delito menor, e incluso hay quien se excusa con el argumento de que no es plagio sino intertextualidad, Cárdenas Rodríguez asevera que mucha gente piensa “¿qué tiene de malo?, le pongo mis datos, le cambio la ciudad y pues ya es mío”, sin darse cuenta que es un problema de propiedad intelectual y creatividad. “Me estoy robando algo que realmente no podía ser tipificado como robo porque no lo identifican con propiedades físicas, ‘no me robo ni siquiera el libro, simplemente lo veo, lo leo y tomo notas’”.
En el plagio literario o periodístico juega un papel importante la escala de valores, que permite saber de los delitos y las reglas, pero se cometen o infringen cuando el escritor o periodista quiere mantener su nivel de vida y de estatus social. “Si se enteran de que no he producido nada se podría pensar que dejé de ser creativo, entonces busco la forma de seguir escribiendo aunque recurra a acciones ilegales”, señala Cárdenas Rodríguez.
El plagiario poco tiene que ver con el cleptómano que es un individuo con gran necesidad patológica de robar para llamar la atención, de decir “aquí estoy, háganme caso, necesito ayuda”, pero no es el caso del plagiario, puntualiza Cárdenas Rodríguez.
Villoro señala que no descarta el caso de un plagiario sicótico, alguien con disociación de personalidad y que realmente no sepa lo que está haciendo, situado en una zona delirante. “Cuando participaba en talleres de cuento, Miguel Donoso Pareja que era el coordinador, hablaba de la criptoamnesia, el olvido involuntario de cosas que hemos leído y de pronto asumimos como propias, en ese caso se trataría de un plagio inconsciente y en el fondo está la posibilidad de hacerse daño”.