Es un lugar para el amor, para los jóvenes que se van de pinta, redondel de tauromaquia, lugar de meditación, espacio para el deporte y hasta para las artes marciales, escenario de encuentro para las familias, el Bosque de Chapultepec “es como una especie de plastilina a la que los usuarios le dan forma”, y ahora también punto de reunión para que 16 fotógrafos lo interpreten desde su punto de vista.
Sus imágenes conforman la exposición Un día en Chapultepec, que se inaugura hoy en la galería abierta de las Rejas de Chapultepec, con 144 fotografías, seleccionadas de un universo de más de 3 mil imágenes, que dan cuenta de las más diversas escenas que ocurren en la vida cotidiana de un bosque.
Parecía fácil retratar Chapultepec, pero resultó un proyecto muy difícil en tanto que se trata de un lugar muy cercano a todos los mexicanos, lleno de imágenes conocidas, así que el reto para los fotógrafos era alejarse de los lugares comunes, “fotografiar algo que no te pareciera que ya lo habías visto mil veces, en ese sentido fue muy complicado”.
Así explica Francisco Mata Rosas, organizador, curador y uno de los fotógrafos de esta muestra, el reto que implicó meterse al Bosque de Chapultepec y retratar su vida cotidiana: “Como la misma ciudad de México, el Bosque de Chapultepec es muy difícil de aprehender, es casi inasible, lleno de situaciones paralelas. Lo interesante de esto es cómo se juntan 16 miradas distintas, de varios géneros, de distintas generaciones, para tratar de construir un mosaico que permita asomarnos a lo que pasa en Chapultepec hoy”.
Lo que destaca en las imágenes, más que lugares comunes como el lago, La Feria o el Castillo de Chapultepec, ya que sólo se fotografió la primera sección, es la gente conviviendo, apropiándose del bosque y dándole un sentido particular.
Se trata de un crisol gigantesco, donde se mezclan muchos universos, dependiendo de los días, las horas y las zonas, “puedes encontrar conviviendo en el mismo espacio visitantes de otros estados, gente de los alrededores, que vive en Polanco o Las Lomas, haciendo ejercicio, personas de la tercera edad leyendo o platicando; se practican una cantidad sorprendente de deportes, que van desde la yoga hasta la tauromaquia, pasando por el ciclismo, patinaje y atletismo, en fin, es un lugar muy flexible que se presta para muchas actividades”.
Para Francisco Mata, el reto de la curaduría fue que la muestra reflejara los distintos usos que los visitantes le dan al Bosque de Chapultepec. El origen de todo está en que las autoridades del Bosque de Chapultepec hicieron una serie de obras para reacondicionar, remodelar y en algunos casos construir nuevos espacios dentro de dicha área, como regenerar parte de las rejas y el espejo de agua que está frente al Museo de Antropología, limpiar el lago, en fin, “una serie de acciones que se desarrollaron a lo largo del año pasado; entonces me invitan para elaborar un proyecto sobre las obras de remodelación, pero se me ocurrió que era más importante destacar cómo gracias a lo que se hizo la gente ahora disfruta más del espacio”.
La idea —concluye Mata Rosas— es ofrecerle a los visitantes habituales del bosque dos posibilidades: reconocerse en los otros, encontrar una especie de espejo en estas fotografías, donde se reconozcan como usuario, y lograr sorprender aún a los visitantes habituales, con ángulos, espacios, situaciones y detalles que probablemente no habían percibido, “sabemos que, entre otras cosas, la foto sirve para eso”.