Lo conocí a los seis años, cuando llegó a vivir al frente de nuestra casa en la colonia Roma. A los niños siempre nos regalaba dulcecitos, era muy cariñoso. Me invitó a trabajar con él en EL UNIVERSAL, que armáramos el Gato, que estuviera pendiente de sus cosas en el periódico. Él me animó a estudiar fotografía, me acompañó a ver la escuela y las primeras fotos que tomé fueron de él.
Una vez platicó que en la redacción necesitaban una caricatura, que se la pidieron a un caricaturista pero que no llegó, entonces se inventó el Gato, le puso una frase... Decía que así nació el Gato Culto.
A todo el mundo le sonreía, era muy cordial, sencillo, no era creído, coqueteaba con las secretarias. No le gustaba el olor del café, le gustaba salir a caminar sobre la calle de Culiacán y comprar panqués y sándwiches que regalaba a los niños... Al llegar a su casa no llevaba nada, y su esposa le preguntaba por el dinero, entonces él decía: “Se acabó el dinero”.
Tampoco le gustaba comer solo, invitaba a los amigos a comer, y si no había nadie, a su chofer, a su asistente, a su secretaria, o a los que estaban afuera los invitaba a comer. Decía que quería más de 10 personas en su mesa.
(Esperanza Orea)