LONDRES (EFE).— El polémico artista británico Damien Hirst puede incrementar su fortuna sustancialmente con la subasta de hoy, de 223 de sus obras, en la sala Sotheby’s, de Londres.
La puja, revolucionaria porque es la primera vez que un artista vuelca en una subasta su última producción, sin pasar antes por un marchante, ha estado rodeada de gan publicidad.
La mayoría de los críticos de arte británicos, incluso algunos que antes no parecían demasiado convencidos por sus animales sacados de su medio y conservados en formol, parecen haberse rendido al hechizo de su nuevo bestiario: varios tiburones, una cebra, un becerro de oro, un unicornio, negros amasijos de moscas o mariposas de vivos colores que imitan vitrales medievales.
Una de las pocas voces disonantes ha sido la del prestigioso crítico de arte australiano Robert Hughes, para quien Hirst es un artista increíblemente sobrevalorado por un mercado dominado por los nuevos ricos de los países emergentes y que parece haberse vuelto loco.