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Rescatar a la libertad de su prisión, fue literalmente el objetivo del arquitecto Alejandro Sánchez, cuando comenzó a transformar la ex penitenciaría de San Luis Potosí en el Centro de las Artes, que hoy será inaugurado por el presidente Felipe Calderón.
La renovación de los cerca de 25 mil metros cuadrados construidos y la ambientación de los 30 mil metros cuadrados de paisaje que integran el complejo, requirió de la intervención de un gran equipo para lograr un verdadero vínculo entre exterior e interior, que a consideración de Alejandro Sánchez, fue una de las aportaciones que hizo ganador a su proyecto a finales de 2004.
La cercanía y asesoría del Centro Nacional de las Artes también fue fundamental para lograr que el edificio cumpliera con la funcionalidad necesaria para las actividades artísticas que ahí se van a desarrollar: teatro, danza, música y artes plásticas.
El arquitecto describe su trabajo como “una gran cirugía”, ya que fue necesario conciliar el valor histórico del edificio que data de finales del XIX con su nueva función como escuela de arte, cuyas necesidades implican nuevas alturas, otra iluminación, y lograr que el esquema panóptico, muy similar al Palacio de Lecumberri en la ciudad de México, fuera funcional para la enseñanza de las artes.
Además, otro reto importante era quitarle a “ese gran personaje”, como define Sánchez a la construcción, el aire de prisión. De hecho, Alejandro cuenta que la primera impresión que tuvo cuando llegó a ese lugar fue un poco de temor, pues cuando tomó el proyecto apenas tenía cuatro años que había dejado de funcionar como prisión y todo lo que eso implicaba se mantenía presente, como los escritos de los presos en las celdas.
Por ello para el director de Masarquitectos, era necesario transformar esa imagen de poderío y fuerza impresionante en algo atractivo. “En realidad fue una experiencia maravillosa porque cada edificio decía qué hacer”. Se removieron celdas para abrir espacios en los interiores, pero el material, en su mayoría piedra y cantera de la región, se utilizó para acondicionar los patios. Por ejemplo, en el de música se creó un espejo de agua y una plataforma en la que los estudiantes podrán salir a ensayar al aire libre, o bien, ofrecer pequeños recitales. El edificio de teatro también cuenta con un foro al aire libre.
En el exterior del edificio de danza se acondicionaron jardines que dan idea de la riqueza natural que hay en la huasteca potosina, y en los de artes plásticas se crearon estructuras para los estudiantes en el exterior.
La inversión total para la obra fue de 240 millones de pesos, la mitad fue aportación del gobierno local y la otra mitad del gobierno federal. Hubo una aportación extra de 15 millones de pesos para el equipamiento.
De acuerdo con Alejandro Sánchez, arquitecto egresado de la Universidad Iberoamericana, este proyecto significó un gran aprendizaje para él y sus compañeros, pues fue un verdadero trabajo en equipo.