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Mundo de narcos sin maquillaje

La novela “A wevo, padrino” reflexiona sobre el destino y la falta de libertad
Viernes 22 de agosto de 2008 Sandra Licona | El Universal

sandra.licona@eluniversal.com.mx

Mientras el escritor Mario González Suárez vivía en el Centro Histórico de la ciudad de México, en 1999, unos delincuentes entraron a robar a su casa y se llevaron, entre otros objetos, su computadora. Así, perdió las primeras versiones de varios proyectos literarios, entre ellos las páginas de la novela A wevo, padrino, una historia sobre el destino, pero con el telón de fondo del narcotráfico.

Le llevó casi 10 años reconstruir la historia, hasta marzo de este 2008, cuando la entregó a la editorial Random House Mondadori para su publicación.

Aunque anclada en la realidad del narcotráfico, con personajes que transitan al margen de la ley y de las reglas morales, González Suárez se propuso hacer una novela de aventuras, así como una indagación acerca del destino.

Este cuentista, narrador y fotógrafo, pretende que cada uno de sus libros sea una especie de tratado sobre los asuntos que aborda y en ese sentido, A wevo, padrino, al menos en el lenguaje, se aleja de los clichés que en torno al tema abundan en los medios de comunicación.

“Busqué que en la novela no aparecieran nunca las palabras de la jerga periodística referente al tema, para empezar no aparecen las palabras narco o narcotraficante, o cuerno de chivo, que estamos tan acostumbrados a leer en los medios.

“Creo que el lenguaje de la televisión e incluso de algunos medios impresos es muy pobre porque pretende una estandarización general del lenguaje, en el que ven una herramienta para repetir sus lugares comunes, ideológicos y lingüísticos”.

Para el autor de libros como La materia del insomnio y De la infancia, los distintos ambientes, no sólo la delincuencia, tienen un lenguaje propio que necesariamente tiene algo de secreto, de cofradía, “por lo que busqué que mis personajes tuvieran un lenguaje particular, al mismo tiempo que divertido”.

El narrador de esta novela, con la que su autor ingresa a las filas de Random House Mondadori, es un hombre silvestre, pero con mucha intuición, que sabe muy bien que cada ser humano, necesariamente, tiene un destino trazado y que la única manera de escapar del destino es seguir vivo, pero sin alma.

“Lo que el narrador va a descubrir es que el destino existe y sabe que éste merma considerablemente la libertad que cree tener. Los protagonistas van a descubrir también que sí se puede escapar al destino cuando te conviertes en un desalmado”.

El libro, cuenta González Suárez en entrevista, fue escrito “con muy malas intenciones”, que estriban en no ser maniqueo como la televisión.

“No hay buenos ni malos, aunque en los medios te hacen creer que el gobierno es bueno y que los delincuentes son malos, pero en este libro podemos ver que no sabemos quienes son peores, se confunden, ambos participan de una actividad delictuosa, que a través de los medios quieren maquillar: la infinita hipocresía del poder político se puede apreciar muy bien en estas páginas”.

 

 



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