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Numerosos pasajeros de barcos han denunciado atentados en el mar contra su patrimonio, pero no a manos de piratas sino de negocios que operan en cruceros. Y una cantidad indeterminada de esos incidentes ocurrieron frente a costas mexicanas.
Park West Gallery, una subastadora de arte con sede en Michigan, es el principal objetivo de denuncias y demandas, acusada de sobrevaluar obras y de ofrecer piezas de procedencia y autenticidad dudosas.
Ese negocio de subastas fundado en 1969 maneja Park West at Sea, la división que tiene concesiones en casi todas las líneas de cruceros que zarpan desde Estados Unidos, como Regent, Holland, Royal Caribbean, Carnival o Celebrity. Muchas navegan por las costas de México en cuatro rutas. En 2007 atracaron 36 líneas en 20 puertos del país, con 6 millones 376 mil pasajeros a bordo, según las secretarías de Turismo y de Comunicaciones y Transportes.
Antes de 1993, las subastas en el mar eran una rareza hasta que Park West las convirtió en rutina y en gran negocio. The New York Times ha sido el último medio en ventilar denuncias contra Park West, como la venta de obra gráfica presuntamente firmada por Salvador Dalí pero documentada como falsa en catálogos razonados y en sitios de internet especializados. También, la presencia de un Picasso es infaltable.
Pablo Rosete, un empresario radicado en Querétaro que abordó en Seattle un barco de la línea Norwegian para un viaje a Alaska, recuerda cierto “acoso” de los promotores para asistir a la exposición y subasta de arte. “Las primeras 48 horas son muy aburridas porque el crucero no para en ningún lugar; lo hacen a propósito para que uno gaste en compras no incluidas en el paquete”, reflexiona este empresario que vio turistas curiosos, más que conocedores.
De la novatez sacan provecho los cruceros y Park West. Además, como las comunicaciones al continente son muy caras (una sesión de internet cuesta hasta 65 dólares la hora con una conexión extremadamente lenta, explica Rosete), documentarse antes de comprar es misión casi imposible.
Además de The New York Times, medios como USA Today, Broward Palm Beach New Times, The Arizona Republic y el website FineArtRegistry.com han dado a conocer historias de vacacionistas que al llegar a sus hogares descubren que compraron una pieza apócrifa o falsa, una supuesta obra gráfica de edición limitada que en realidad es un póster o, en el mejor de los casos, una obra genuina pero sobrevaluada. Este último fue el caso del empresario Luis Maldonado, en San Diego, quien compró el grabado Le Clown, de Picasso, en 31 mil 110 dólares (una ganga, según Park West) en un crucero Regent.
De vuelta a California, al consultar en un lugar especializado, Maldonado descubrió que la obra estaba valuada en no más de 5 mil dólares, reportó hace unos días The New York Times. Antes de que se publicara la historia, Park West contactó a él y otros afectados que fueron entrevistados por el diario y acordó el reembolso bajo acuerdos de confidencialidad.
En otros casos la gente ha demandado incluso a las líneas de cruceros que han tratado de deslindarse porque, dicen, las subastas son concesionadas. Sin embargo, The New York Times consiguió que Albert Scaglione, fundador de Park West, revelara que los cruceros obtienen una comisión por las obras vendidas. Al parecer el FBI ya investiga.