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La mayoría de los integrantes de la familia Raya Tinajero carga en su cartera una documento que los acredita como “fotógrafo profesional Polaroid”. El oficio heredado desde hace cinco generaciones es lo que sustenta el hogar de estas personas que trabajan a diario en los alrededores de la Basílica de Guadalupe.
Resulta difícil imaginar a la ciudad de México sin esos hombres que, con Polaroid en mano y muchas veces sin permiso, toman la foto del recuerdo a familias enteras que pasean en el Zócalo, la Alameda o Chapultepec... pero el cierre en febrero de este año de las fábricas Polaroid pone en riesgo esta tradición.
Joaquín Raya y sus dos hijas, María Luisa y Pilar, sí sabían del cierre; pero ellos no forman parte del club de aficionados que piden en la red la no extinción de la Polaroid.
En 1945, Joaquín Raya debutó como fotógrafo en la antigua Basílica. Primero se dedicó a tomar retratos con Ferrotipo y, 15 años después, conoció las delicias de la foto instantánea. La primera Polaroid que tuvo le costó 500 pesos: “Fue una Spectra que le compré a un danzante que quería irse a Los Ángeles”.
Este experto en captar la “imagen del recuerdo” confiesa que su Spectra le ha dado “muchas satisfacciones”, porque, además de ser “el pan para la familia, me deja recuerdos que llevaré siempre”.
Joaquín Raya considera que la desaparición de la película Polaroid “es triste”, pero que tendrá que “buscar otros medios” para trabajar. Aunque todavía no sabe manejar una cámara digital: “Si no sabemos, aprendemos”.
Sobre su porvenir no especula, las ganancias son pocas y para comprar una cámara digital “tendría que ahorrar mucho dinero”.
Por su parte, Pilar Raya a sus 33 años, aún no se muestra preocupada por el futuro. Ella es una de las fotógrafas que más ganancias obtiene en la semana (tan sólo los domingos vende entre 70 u 80 fotos, a 30 pesos cada una).
El rostro de Pilar se desencaja al enterarse de que ya no se fabricará la película o las cámaras con las que ella trabaja. “A Polaroid me une un lazo sentimental muy fuerte. Es la empresa con la que yo crecí”.
Al igual que su padre, no descarta recurrir a la tecnología porque, “entre más necesidad hay, más fácil se te hace aprender”.
El tiempo en que se obtiene la fotografía es un punto en favor de las cámaras Polaroid. En un minuto está lista. En cambio con las digitales “tenemos que conectar la impresora, meter la pastilla e imprimir, la gente se desespera y se va”, señala Pilar.
En varias de las tiendas especializadas en la venta de material fotográfico, ubicadas en la calle de Donceles, no tenían conocimiento del cierre de las fábricas de Polaroid.
En otros, como es el caso de Foto Flash, llevan ocho meses, aproximadamente, sin vender película fotográfica Polaroid.
Alfonso Villaseñor, empleado de esta tienda, señala que diariamente “dos o tres fotógrafos que trabajan en la calle” solicitan este material y que, al no encontrarlo, deciden consumir productos Fuji, porque “es compatible”.
Uno de los empleados de Foto Ofertas, Francisco Alvarado, señala que la escasez del material de dicha empresa ha provocado que ellos ya no lo vendan. Además de que el costo se ha elevado, en promedio, tres pesos al mes (en la actualidad una placa para 10 fotos cuesta 118 pesos). Dice que hasta que las cámaras digitales no superen la “magia de lo instantáneo”, los clientes seguirán buscando hasta en la última tienda donde puedan comprar películas Polaroid.