El catálogo que Patterson publicó para sacar provecho, con el tiempo se ha convertido en una pesadilla para él. Gracias a las fotografías publicadas ahí, arqueólogos y agentes de la policía peruanos identificaron piezas obtenidas por saqueos de tumbas y objetos robados con violencia a un coleccionista de ese país.En contraste, para el actual director del MNA, el ejemplar que tuvo en sus manos desde 1997 no representó ningún oro molido para la investigación científica ni judicial: “Regresé el catálogo a quien me lo envió desde Santiago de Compostela, aclarando que a mí nunca me dijeron que era para una exposición y que sería utilizado para respaldar una exhibición de esos horrores”, respondió.
El MNA guarda en las bodegas una amplia colección de falsificaciones que datan desde siglo XIX, las cuales han sido estudiadas y comentadas en libros y revistas por investigadores como el propio Solís, quien escribió sobre esa colección sui generis en el número de la revista Arqueología Mexicana dedicado al saqueo.
¿Por qué no escribió sobre el tema después de ver el catálogo, como hicieron colegas suyos en Estados Unidos y Europa, lo cual en su caso hubiera servido además para explicar públicamente su colaboración y deslindarse? ¿Por qué devolvió un documento que por lo menos pudo haber donado a la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia? ¿Por qué no denunció a Patterson ante las instancias correspondientes en el INAH?
Solís ya no respondió los mensajes para contestar estas preguntas. (Julio Aguilar)