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Recuerdan anécdotas del Nobel mexicano

La sala Jorge Luis Borges de la Casa de América de Madrid, fue el lugar elegido para celebrar ayer, con un aforo más bien escaso y en un escenario austero, el primer acto en recuerdo a Octavio Paz a 10 años de su muerte
Miércoles 26 de marzo de 2008 Ana Anabitarte | El Universal

cultura@eluniversal.com.mx

MADRID.— La sala Jorge Luis Borges de la Casa de América de Madrid, fue el lugar elegido para celebrar ayer, con un aforo más bien escaso y en un escenario austero, el primer acto en recuerdo a Octavio Paz a 10 años de su muerte. Tres poetas: los españoles Luis García Montero y Juan Malpartida y el cubano Antonio José Ponte, moderados por Julio Trujillo, hablaron de la vida del Nobel, recordaron cómo le conocieron, contaron cómo su obra influyó en sus vidas y relataron algunas de sus anécdotas.

El granadino Luis García Montero conoció al Nobel mexicano en 1990 en el marco de un viaje que hizo a nuestro país acompañado por Francisco Brines y Luis Antonio de Villena. Uno de las vivencias que se le grabaron fue la invitación de Paz a su casa en la ciudad de México, donde después de varias horas de conversación, el poeta les invitó a conocer su biblioteca.

García Montero recuerda sin embargo, que en un momento de la conversación Paz se molestó “mucho”, cuando supo que después de su visita a nuestro país, el grupo iría a Cuba. Algo que el autor de El laberinto de la soledad consideraba un apoyo a la “dictadura totalitaria de Fidel Castro”. “Me declaro admirador y discípulo de un poeta como Octavio Paz, pero no soy el alumno devoto que no se atrevió a discutir sus posturas”, señaló. “Quizá si Paz viviera hoy seguramente no tardaríamos mucho tiempo en ponernos de acuerdo en relación con Cuba, pero creo que si discutiéramos sobre la situación política en España, Estados Unidos o México, no sería así. Soy discípulo de Paz pero también soy un racionalista vigilante”, aseguró.

El cubano Antonio José Ponte conoció a Paz en los años 80 a través de un periodista extranjero una noche de borrachera. En un momento determinado aquel reportero le dijo a una muchacha del grupo la siguiente frase: “Si tu eres la yegua de ámbar, yo soy el camino de sangre”. “Todos nos quedamos estupefactos con la contundencia de la frase”, reconoció Ponte. “Pensamos que era una canción, un corrido caníbal”, bromeó. “Así que cuando nos dijo que era de Octavio Paz, un poeta que estaba prohibido en Cuba por su firma en el caso Padilla, empezamos a averiguar quién era para recuperar la historia que nos estaban negando”, relató. Así y para poder leerlo, decidieron robarse los libros que había de Paz en la Casa de las Américas de La Habana. “Con un plan tan organizado como si fuésemos a robar un banco”, recordó.

Ponte reconoció que la postura crítica de Octavio Paz hacia Cuba les ayudó mucho “porque nos dio herramientas teóricas para enfrentarnos al aparato del Estado”, dijo. Aunque confesó que en ocasiones “nos cansó su insistencia en ciertos textos en los que introducía, sin venir a cuento, sus críticas a Cuba y al comunismo”.

Por último el poeta Juan Malpartida contó que pese a que leyó por primera vez a Octavio Paz hace más de 30 años, todavía recuerda la noche en que abrió las páginas de Piedra de sol. “Un poema lineal como el tiempo, pero a la vez circular, envolvente, en que la historia estalla en un instante”, lo definió.



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