No sólo depredadores y alteración del ambiente acechan a los reptiles: el uso de su carne, grasa, piel, sangre o vísceras en remedios tradicionales representa un peligro para 165 de esas especies en el mundo.Ello pese a que la eficacia farmacológica de dichos productos —brebajes, aceites, píldoras, ungüentos, polvos, etcétera— no está plenamente demostrada, advierte un estudio de la Universidad Estatal de Paraíba, en Brasil. Rômulo Alvez, autor del trabajo difundido en la revista New Scientist, señala que esos métodos curativos populares pueden producir un efecto contrario al deseado: enfermar en vez de curar a sus usuarios.
“Aceite de serpientes, sangre de tortugas y grasa de caimanes no son sólo ingredientes cuestionables, sino que podrían causar enfermedades”, dice el investigador brasileño, quien alerta que 88 de esos reptiles se consideran como especies amenazadas.
“Las tortugas de agua dulce en el este asiático están en seria amenaza debido a la sobrecaptura promovida por la medicina tradicional y las industrias alimenticias”, ejemplifica.
Parte de esas especies en riesgo habitan el país, donde las prácticas curativas ancestrales subsisten en comunidades indígenas y mestizas. Quizá los reptiles en mayor riesgo en México son algunas tortugas del desierto y en especial la gófer (Gopherus berlandieri), cuya extracción del entorno natural y manutención son “relativamente fáciles”, advierte el médico veterinario Rodolfo Córdova.
Los animales que siguen en esta lista de alerta son las víboras de cascabel, apreciadas ya no como mascotas (caso anterior), sino como ingredientes de curas tradicionales, dice el catedrático de Clínica de Animales de zoológico de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, de la UNAM.
Según el especialista, la manipulación y consumo de derivados de la víbora de cascabel son un riesgo sanitario no sólo por las mordeduras del animal, sino porque ese tipo de reptiles alojan en su flora natural a microorganismos como la salmonella typhi, causante de la salmonelosis.
Este uso de la cascabel es “el más común a nivel comercial” en México, coincide el veterinario Gerardo López Islas, quien explica que la carne del reptil es secada y molida para venderse encapsulada para combatir cáncer, dolores o reumatismo.
Tratamientos cuestionables
La eficacia terapéutica de esos sistemas curativos tradicionales es dudosa en la mayoría de los casos, pues no se especifican dosis exactas, principios activos ni condiciones de elaboración de los mismos. Y aun en caso de que funcionaran como placebos, eso no les daría utilidad contra males graves como tumores malignos.
“No hay indicios de que (los remedios populares) tengan un efecto real. Ese uso tradicional no está sustentado ni siquiera en estudios preliminares de campo, por lo cual no es sino una leyenda”, reconoce López Islas.
El especialista del zoológico de Aragón en el DF dice no tener noticia de estudios recientes como el brasileño, pues lo que se ha analizado más es el empleo de reptiles como fuente de alimento (caso de la iguana o de los huevos de tortuga terrestre, como supuestas sustancias afrodisiacas).
Con todo, advierte que con base en la información disponible, la víbora de cascabel puede incluirse (de acuerdo con su especie) en la lista de especies amenazadas o bien en peligro de extinción de la Semarnat.
Otro problema que atenta contra la biodiversidad reptiliana son las demandas específicas que imponen los remedios empíricos, pues los curanderos con frecuencia requieren no cualquier víbora, sino una en particular, como la enana de bosque, explica López Islas. “Esto puede ser nocivo para esa especie; si hubiera una colecta indiscriminada quizás el impacto no sería tan grave”, argumenta el científico, quien considera difícil cuantificar la magnitud del fenómeno en el país debido a la falta de un censo de población de animales.
No obstante, señala que de manera global “el porcentaje de mortalidad que podría sufrir una población animal a causa de la captura es reducido, de 25 a 30%”. Subraya que es mucho más relevante en la pérdida de especies e individuos en cada una de ellas la destrucción de su hábitat.
Tanto Córdova como López Islas calculan que, para descartar riesgos, la Secretaría de Salud debe revisar la preparación y venta de esos productos hechos con ingredientes animales y destinados al consumo público.
Al respecto, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios de la SS se limitó a decir que, según el nuevo Reglamento de Insumos para la Salud (vigente desde febrero 5) serán evaluados “sin excepción” los casi 10 mil medicamentos en el mercado para determinar su eficacia, calidad y seguridad.