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Por un Bicentenario sin espejismos ni tormentas

Para Rafael Tovar y de Teresa, organizador a nivel federal de los festejos conmemorativos de la Independencia y la Revolución, el 2010 será una oportunidad para que las administraciones de Felipe Calderón y Marcelo Ebrard trabajen conjuntamente y dejen atrás las rencillas políticas generadas por el conflicto electoral de 2006
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JUAN ARVIZU ARRIOJA
El Universal
Martes 05 de febrero de 2008

La armonía triunfará sobre la disputa política en el Bicentenario, asegura Rafael Tovar y de Teresa, estratega de las conmemoraciones de la Independencia y la Revolución.

Subraya: se levantan ánimos de acuerdo que se deben al clima positivo con el que la sociedad mexicana desea participar en la gran celebración de su identidad.

“Por principio de cuentas, lo que celebramos el gobierno federal y el de la ciudad de México es lo mismo, es la Independencia y la Revolución.”

Está seguro de que la organización será un acontecimiento de altura, sin confrontaciones políticas. Habla de comunicación:

“Hay una muy buena relación con la comisión de la ciudad de México para estos temas”, dice.

Entrevistado en su oficina de la coordinación de la comisión organizadora del Bicentenario, Tovar y de Teresa habla de sus contactos con su contraparte del Distrito Federal, Enrique Márquez, y adelanta: “Hay una serie de acciones que podemos llevar a cabo conjuntamente”.

Sobre la celebración de 1808, que por su parte prepara el Gobierno del Distrito Federal, Tovar comenta:

“Todo enriquece la visión de la historia y estoy seguro de que hay áreas de coincidencia que son en las que debemos de profundizar.”

En septiembre de 1808, Francisco Primo de Verdad se convierte en el primer mártir del que será el movimiento de Independencia, al proclamar en el cabildo de la ciudad de México que la soberanía reside en el pueblo. Los grupos de interés virreinal cobran la cabeza del criollo que inicia el camino de los insurgentes.

Este episodio ha sido reivindicado por el gobierno de Marcelo Ebrard como propio de la ciudad de México, en el contexto de las secuelas del conflicto postelectoral de 2006. Incluso inauguró una puerta conmemorativa, sin invitación al Ejecutivo Federal. En ese horizonte se organiza la celebración del Bicentenario y el trabajo de Rafael Tovar y de Teresa.

Al contrario, favorece, porque da la posibilidad de un debate amplio sobre los temas más profundos de la identidad, de nuestra historia, de la interpretación y las posibilidades de ver el claroscuro de nuestro pasado.

(Tovar y de Teresa habla con estrés de la tarea intensa.) Creo que uno de los propósitos del trabajo que me corresponde, es poner los instrumentos de información, interpretación, conocimiento, difusión de la historia para que cada quien, en la medida en que quiera involucrarse, conozca mejor la historia de México.

Hay una muy buena relación con la Comisión de la ciudad de México para esos temas. El comisionado Enrique Márquez estuvo presente en la presentación del programa, el pasado 20 de noviembre, en el Monumento a la Revolución.

Luego, Tovar desgrana detalles de sus visitas recientes a poblaciones (Bajío) con legado histórico. Reporta que hay efervescencia por el Bicentenario, en los cuatro puntos cardinales. Dice que dentro de ese mosaico de sentimiento nacional “debe verse la relación con la ciudad de México”.

Creo que hay lugares que por su tradición, la sociedad espera que de modo ininterrumpido se celebren en ella actos que son parte de su identidad.

Yo confío en que la historia que nos une nos dará inspiración y fuerza para encontrar los vasos comunicantes y los puntos de acuerdo y comunicación, para hacer de esto una celebración nacional y no convertirlo en un motivo de desacuerdo.

Yo creo más en la grandeza de espíritu que en la pequeñez de las coyunturas.

Nosotros ponemos sobre la mesa hechos, personajes, ideas, contextos. Y que cada quien saque sus conclusiones. Por parte de las instituciones, no hay ningún prejuicio.

(Tovar y de Teresa despliega la estrategia) Yo trataré que esta coordinación a mi cargo no tenga visiones definitivas sobre los hechos relevantes de nuestra historia, pues de otro modo, sería recrear una historia de blanco y negro que a nadie favorece.

Todo mundo está muy consciente de que 2010 es un año muy importante para México.

En la charla, el artífice de la fiesta del 2000, de bienvenida al nuevo milenio, que tuvo lugar en el Zócalo, refiere una de las decisiones de su “cuarto de campaña”: no saturar a la gente con el tema antes de tiempo. Al efecto se seguirá un calendario de acciones.

Toca crear en 2008 las bases de una “atmósfera de celebración”, en escuelas, entre instituciones y grupos, así como en poblaciones históricas.

El diseño de esta fase incluye cinco rubros: “Las primeras campanadas”, con actividades para niños en el entorno escolar; un programa editorial, que será básico para la reflexión; brigadas históricas, que darán textos para padres y profesores; convocatorias de diverso alcance, y la formación de seis rutas de hechos fundamentales.

El fuerte de las cosas lo vamos a hacer en el 2010.

No. Todo está con control, concebido y seriamente programado. No, no, no. No hay que precipitar, por razones fuera de la conmemoración misma, la celebración de la patria. Se me hace que a la gente la desconcertaría, cualquier anticipación.

Un Bicentenario memorable, un Bicentenario incluyente, que sea plural, que nos permita debatir sobre el futuro del país a millones, a los millones de mexicanos que somos.



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