cultura@eluniversal.com.mxBOGOTÁ.— Madera, ladrillo y cemento, los elementos básicos utilizados por el fallecido arquitecto colombiano Rogelio Salmona, se han mezclado con el agua para crear un espacio abierto en pleno centro histórico de la capital colombiana.
En el barrio La Candelaria, caracterizado por sus casas coloniales de portones de madera, hierro forjado y tejas rojizas, un nuevo edificio color salmón llama la atención de los transeúntes que, sin darse cuenta, ya están dentro del Centro Cultural del Fondo de Cultura Económica, la editorial del Estado mexicano.
Y es que Salmona logró, según palabras de César Aguilar, gerente del FCE en Colombia, “trasladar La Candelaria dentro y fuera, no poner barreras, igual que nuestro catálogo”. Las rampas de la entrada se confunden con la acera de la calle de La Enseñaza, donde está situado el edificio, para acceder a una plaza central abierta, rodeada por una acequia donde el agua corre permanentemente y alrededor de la cual el edificio semicircular, de formas suaves y colores cálidos, alberga distintas secciones.
Muchos dicen que es la mejor obra de Salmona, un espacio público que el arquitecto, a pesar de su enfermedad, supervisó palmo a palmo y logró ver terminado apenas unos días antes de fallecer el 5 de octubre de 2007.
Un espacio amplio y luminoso, flanqueado por cristal del suelo al techo, conforma la librería del Fondo, donde se puede hojear, descansando en sofás, el catálogo de la editorial, además de los títulos publicados por la Asociación de Editores Mexicanos Independientes y otros muchos, incluido un rincón para niños, donde los almohadones en el suelo y las alfombras/puzzle de plástico, esperan a los pequeños lectores. La librería conecta a través de una escalera interior con el piso de arriba, donde una conocida cadena de tiendas de música abrió una sucursal.
Los 9 mil 500 metros cuadrados construidos albergan además un auditorio con capacidad para 324 personas, otro para niños, con baños a su medida, una sala de exposiciones de 216 metros cuadrados y varios locales comerciales y oficinas.
El Fondo ha conseguido que la marca comercial colombiana más social e importante, las cafeterías Juan Valdez, abrieran una sucursal en sus instalaciones con terraza hacia la calle, los otros locales estarán ocupados por un banco, una cadena de restaurantes y esperan la llegada de empresas mexicanas que abran oficinas dentro del edificio para lograr que el centro sea autosostenible. Aulas de enseñanza y un espacio reservado al cine arte, completan la oferta cultural, pues, según dice Aguilar, “esperamos que el público pase un día entero en los diferentes conceptos”.
Bautizado Centro Cultural Gabriel García Márquez, ya ha abierto sus puertas, aunque la inauguración oficial tendrá lugar el próximo 30 de enero con la presencia de la secretaria de Educación en México, Josefina Vázquez Mota, que podrá disfrutar la primera exposición del centro, dedicada, cómo no, al escritor colombiano. Bajo el título Gabo del alma, durante dos meses, paneles con fotos e infinidad de historias harán un recorrido por la vida y obra del escritor, después, ya están previstas numerosas exposiciones que se cambiarán cada seis semanas.
La oferta cultural del centro incluye conferencias temáticas tres días por semana, además de que importará la exitosa iniciativa de “ventas nocturnas” y ofrecerá los domingos una programación para toda la familia.
El barrio escogido para la construcción del lugar cuenta con la mayor concentración cultural y académica de Bogotá, pues en un radio de apenas cinco kilómetros se concentran 29 universidades, 24 colegios, siete bibliotecas y 58 entidades de carácter cultural, siendo visitado por alrededor de 1 millón de personas al día, que incluyen turistas nacionales y extranjeros.
La joya del edificio es el llamado “espejo de agua”, una poco profunda alberca circular que se divisa desde todos los rincones de la librería aportando más luz y reflejos a una obra que, según Salmona, debía ser “abierta al encuentro, a la alegría, al goce, a la sorpresa, a la meditación, donde la arquitectura volviera a su condición de símbolo”.