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En el Zócalo, una utopía hecha de fotos y bambú

El Museo Nómada abrió ayer sus puertas al público con la muestra Ashes and Snow, de Colbert; la estructura de 16 m de altura fue hecha expresamente para el DF
En el Zócalo, una utopía hecha de fotos y bambúEn el Zócalo, una utopía hecha de fotos y bambú
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Ricardo Cerón
El Universal
Domingo 20 de enero de 2008

ricardo.ceron@eluniversal.com.mx

Como si se tratara de una inmensa choza de alguna tribu amerindia o africana, pero con toques vanguardistas del siglo XXI, el Museo Nómada de la ciudad de México abrió ayer sus puertas al público para mostrar la exposición Ashes and Snow, del fotógrafo canadiense Gregory Colbert, y al mismo tiempo, lucir su magno diseño.

Cientos de varas de bambú sujetas en forma de abanico o como pilares invertidos, suspendidos en el aire, discretamente iluminados, se convierten en la atmósfera ideal para transportar al público a un lugar de tranquilidad y olvidar por un instante la ajetreada actividad del Zócalo capitalino, sobre el cual fue construido.

La tenue luz de su interior, con algunos destellos sobre sus techos de dos aguas, hacen que los 16 metros de altura parezcan de mayores proporciones, sobre todo cuando los pilares suspendidos son reflejados por algunos de los espejos de agua colocados en el piso, que le dan una sensación de inmensidad al lugar.

Esa iluminación, que al mismo tiempo resalta cada una de las obras, provoca que al recorrer los largos pasillos de este inmueble, el espectador sienta que mira a través de varias ventanas, en lugares distintos del planeta.

De esa forma, el arquitecto colombiano Simón Vélez buscó plasmar el deseo de Gregory Colbert, quien a través de Ashes and Snow refleja la narración imaginaria de un viajero que, a través de una travesía de un año, le escribe a su esposa 365 cartas donde le describe cada lugar.

El Museo Nómada fue diseñado originalmente por Shigeru Ban, uno de los mayores representantes japoneses de las estructuras de papel, bajo un concepto que diera la sensación de movilidad. La estructura del museo, luego de cinco presentaciones (Tokio, Venecia, Nueva York y California) continúa esencialmente formada por contenedores metálicos, de los que se cargan en los barcos de mercancías, cubiertos por una membrana textil que hace las veces de techo.

El interior, que en los primeros diseños estuvo formado de pilares y vigas de papel que sostenían los techos y soportaban las fotografías, colgadas por hilos invisibles, hoy da paso a bambú traído desde Colombia. Para construir este inmueble, que abarca una superficie de 5 mil 600 metros cuadrados, fueron necesarios 80 mil metros lineales de bambú.

Durante las nueve semanas que tardó su construcción se emplearon 400 trabajadores, supervisados por 36 especialistas colombianos; en total se emplearon 400 mil horas hombre para la construcción de esta obra.

En el proceso de armado del museo se utilizó una estructura de andamios que ocupó un volumen superior a los 56 mil metros cúbicos y dos grúas de gran capacidad que sirvieron para ubicar los contenedores que dan soporte a la estructura.

Destaca también que se cubrieron 10 mil metros cuadrados con pintura y se colocaron 11 mil 700 metros cuadrados de lámina galvanizada en muros y techos.

Este magno museo albergará hasta el 27 de abril, 53 fotografías de 3.5 por 2.5 metros, que fueron captadas a partir de alrededor de 40 expediciones a lo largo y ancho de la Tierra, desde los fríos paisajes de la Antártica o Burma, hasta los desiertos de Egipto, Kenia y Namibia, sin olvidar las islas de Tonga en el Pacífico Sur o la de Borneo en el océano Índico.



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