juan.solis@eluniversal.com.mxEl paraíso, según Álvaro Mutis, tiene ríos, flores y frutas. Tiene olor a humedad y a cámbulos, tiene nombre. Se llama Coello y está ubicado cerca de un río con el mismo nombre en el que el escritor colombiano, en sus años de adolescente, solía nadar.
“Luchar contra la corriente y dejarme azotar por sus aguas es una de las sensaciones más deliciosas que recuerda mi cuerpo —le confió al periodista Fernando Quiroz en el libro El reino que estaba para mí—. Porque la memoria no llega solamente de las imágenes y de las reflexiones estéticas sobre el paisaje, sino también de ese contacto sensual de la piel con la naturaleza y con las cosas.”
Mutis el memorioso, el edificador de una de las carreras literarias más sólidas en América Latina, será homenajeado este domingo 25 en el marco de la 21 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que tiene como invitado de honor a Colombia.
La devoción de este poeta y escritor por la monarquía quizá tiene su origen en su fecha de nacimiento: 25 de agosto de 1923, día de San Luis Rey. Llegó a este mundo en Bogotá, pero su infancia la pasó en Europa: viendo los canales de Amberes, el cíclico florecer de Flandes, las hiedras sobre las fachadas de Brujas.
Regresó a la patria donde el billar y la poesía pudieron más que su intención de obtener el diploma de Bachiller en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, en Bogotá.
“Hacer una buena carambola se parece mucho a lograr un poema (...) en los dos casos lo primero es analizar la situación de las imágenes. Luego, prescindir de las soluciones inmediatas, pensar con calma y, de repente, decir ‘es por aquí’, y en ese momento dar la tacada y ver qué pasa.”
De locutor de la Radio Nacional pasó a jefe de publicidad de la Compañía Colombiana de Seguros, puesto en el que conoció a los intelectuales colombianos de la época, entre ellos Eduardo Zalamea, editor del suplemento de El Espectador. Luego de incursiones poéticas en este medio y en el suplemento de La Razón, en 1953 publicó su primer poemario: Los elementos del desastre.
Su amistad con Gabriel García Márquez, que ha confesado que los acompañará hasta la tumba, viene de una estancia en Cartagena en donde buscó al entonces reportero para charlar. Años más tarde se reencontrarían en México, a donde Mutis llegó en 1956 (en los años 60 estuvo en la cárcel en México, donde escribió sus Cuentos de Lecumberri).
Dos décadas más tarde, festejaría con García Márquez, en el Distrito Federal, el Premio Nobel de Literatura que Gabo obtuvo en 1982. Para ese entonces, Mutis ya era el reconocido autor de Los trabajos perdidos, de la colección de relatos La mansión de Araucaima y de la serie de novelas compiladas en el tomo Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero.
El autor, quien reconoce la influencia de Joseph Conrad, remata su cronología, incluida en su sitio oficial web: “Nunca he participado en política, no he votado jamás y el último hecho que en verdad me preocupa en el campo de la política y que me concierne y atañe en forma plena y sincera, es la caída de Constantinopla en manos de los turcos el 29 de mayo de 1453. Sin dejar de reconocer que no me repongo todavía del viaje a Canossa del emperador sálico Enrique IV, en enero del año 1077, para rendir pleitesía al soberbio pontífice Gregorio VII. Viaje de tan funestas consecuencias para el Occidente Cristiano. Por ende soy gibelino, monárquico y legitimista.”