MADRID (EFE).— Los españoles mantienen la tradición de acudir a los cementerios para honrar a sus muertos en el día de Todos los Santos, una costumbre que comienza a convivir con otras como los altares de muertos propios del folclore mexicano, fruto del mestizaje de la sociedad española gracias a la inmigración.La colonia mexicana de esta ciudad ha querido rendir homenaje a la pintora Frida Kahlo para conmemorar el centenario de su nacimiento, así como también al desaparecido compositor Francisco Gabilondo, autor de famosas composiciones musicales para niños.
En el altar hay agua, fuente de la vida que se ofrece a las ánimas para que mitiguen su sed después de su largo recorrido; sal, elemento de purificación y conservación del cuerpo del muerto; velas, cuya luz guía al muerto, e infinidad de alimentos, como frijoles, pan de muerto o dulces y, cómo no, el tequila, todo para alimentar a las almas.
En España, la muerte es un tema un tanto espinoso, una palabra “tabú” en muchos casos.
La tradición manda que estos días son para el recogimiento, la visita a los que ya no están y el homenaje consiste en llevar flores y acondicionar las tumbas, aunque sea una vez al año, de los seres queridos.
Así, desde primera hora de la mañana de ayer se ha podido escuchar el sonido de los estropajos limpiando lápidas y nichos en el cementerio de la Almudena, la necrópolis más grande de la capital de España, similar en extensión a una ciudad y en donde se encuentran enterradas un millón 100 mil personas.
El objeto del Día de Todos los Santos es honrar a los mártires de la Iglesia, mientras que el del Día de Difuntos es rezar por los fallecidos que se encuentran en estado de purificación en el purgatorio.
Pero estas festividades, comunes en la mayoría de los países del mundo, donde se practican distintas religiones y ritos, traspasan fronteras y así, este año, en la capital de España se ha podido ver un auténtico Altar de Muertos típico mexicano en la entrada del Museo de América de Madrid.
Mientras, en el resto de provincias de España mantienen tradiciones como la que cada año en este día llevan a cabo los vecinos de la localidad sureña de Isla Cristina (Huelva, sur), fundamentalmente los jóvenes, que pasan buena parte de la jornada comiendo castañas junto al camposanto, alrededor de las hogueras donde asan este fruto.
Aunque no se conoce con exactitud el origen de esta tradición, que se ha ido asentando con el paso de los años, parece ser que procede de la costumbre de visitar el cementerio del municipio desde la noche anterior al Día de Todos los Santos para velar a los muertos y, para soportar el frío, asaban las castañas y se las comían.